KEVIN COSTNER Y EL AUTÓGRAFO DE SEAN CONNERY QUE LE BAJÓ DE GOLPE A LA TIERRA
KEVIN COSTNER Y EL AUTÓGRAFO DE SEAN CONNERY QUE LE BAJÓ DE GOLPE A LA TIERRA
Kevin Costner estaba acostumbrado a provocar miradas. Durante buena parte de los años ochenta y noventa se convirtió en uno de esos actores capaces de llenar una habitación sin necesidad de levantar la voz. Su atractivo, su elegancia y aquella mezcla de seguridad y cercanía que transmitía delante de las cámaras lo habían convertido en una de las grandes estrellas de Hollywood. Pero incluso un intérprete de su tamaño puede llevarse un pequeño golpe de realidad, y Costner recibió uno especialmente divertido durante la promoción de Los intocables de Eliot Ness.
La película de Brian De Palma había reunido un reparto extraordinario. Costner interpretaba a Eliot Ness y compartía protagonismo con Sean Connery, Robert De Niro y Andy García. El proyecto llegó en un momento especialmente dulce para el actor, que ya se había consolidado como una de las grandes figuras de su generación. Poco después daría el salto a la dirección con Bailando con lobos, una apuesta personal que terminaría convertida en uno de los grandes fenómenos cinematográficos de comienzos de los noventa y que le proporcionaría el Oscar a la mejor película y al mejor director.
Pero antes de convertirse en cineasta oscarizado, Costner tuvo que enfrentarse a una situación mucho más sencilla y bastante más embarazosa.
Durante el rodaje de Los intocables de Eliot Ness, la relación entre Costner y Sean Connery fue excelente. Ambos congeniaron rápidamente y el joven protagonista quedó impresionado por la manera en que Connery llenaba cada escena. El actor escocés tenía menos presencia en pantalla, pero su personaje, Jim Malone, poseía una autoridad arrolladora. Connery sabía perfectamente cómo apoderarse de un plano y hacer que el espectador olvidara durante unos instantes todo lo que sucedía alrededor.
Costner había escuchado precisamente de Connery una historia sobre una admiradora que, durante otro rodaje, permaneció observándolo fijamente hasta llamar su atención. Connery terminó acercándose a ella para preguntarle qué quería. La anécdota quedó en la memoria de Costner, probablemente porque encajaba perfectamente con esa clase de situaciones que acompañan a las grandes estrellas.
Lo que Costner no imaginaba era que iba a protagonizar una versión prácticamente idéntica.
Durante la promoción de Los intocables de Eliot Ness, mientras atendía a los periodistas, el actor reparó en una mujer que llevaba un buen rato mirándolo. La situación empezó a resultarle curiosa. La mujer era atractiva y su insistencia hacía pensar que quería acercarse a él o llamar su atención por alguna razón. Costner, divertido, decidió esperar hasta terminar la entrevista.
Cuando llegó el momento, se aproximó dispuesto a descubrir qué pretendía aquella misteriosa admiradora. Lo hizo, además, con la confianza de quien en aquella época estaba acostumbrado a recibir todo tipo de atenciones. La pregunta parecía sencilla: quería saber qué podía hacer por ella.
La respuesta debió de dejarlo completamente descolocado.
La mujer no estaba interesada en conocer a Kevin Costner. Ni quería conversar con él, ni pretendía pedirle un autógrafo, ni siquiera parecía especialmente impresionada por tener delante a uno de los actores más populares del momento.
Lo que quería era un autógrafo de Sean Connery.
Costner contó la historia años después entre risas, consciente de la ironía de aquella situación. El actor que había interpretado a Eliot Ness y que por entonces disfrutaba de un enorme éxito tuvo que asumir que, para aquella mujer, él era simplemente el camino más rápido para llegar hasta la firma del auténtico objeto de su admiración.
La escena resulta especialmente divertida porque ocurrió precisamente cuando Costner estaba en uno de los momentos de mayor popularidad de su carrera. Su rostro estaba en carteles de todo el mundo, era uno de los actores más solicitados de Hollywood y su carrera avanzaba hacia una etapa todavía más brillante. Sin embargo, bastaron unas pocas palabras para recordarle que las preferencias del público nunca obedecen a las reglas que imaginan las estrellas.
También dice mucho del magnetismo de Sean Connery. El escocés llevaba años interpretando personajes memorables y acababa de convertir a Malone en uno de los grandes atractivos de Los intocables de Eliot Ness. Connery no necesitaba ocupar el mayor espacio dentro de la película para hacerse notar. Su presencia era suficiente.
La anécdota tiene además un curioso valor simbólico. Costner y Connery representaban dos generaciones distintas de estrellas. El primero estaba entonces en plena ascensión; el segundo llevaba décadas convertido en un icono internacional gracias, entre otras cosas, a su etapa como James Bond. En pantalla funcionaban magníficamente juntos y fuera de ella establecieron una relación de respeto y camaradería.
Pocos años después, Costner alcanzaría una dimensión completamente distinta con Bailando con lobos. La película demostró que aquel actor de mirada limpia y apariencia de héroe clásico también tenía ambiciones detrás de la cámara. Su debut como director se convirtió en un acontecimiento, ganó siete premios Oscar y permanece como una de las películas más importantes de su carrera.
Pero entre grandes éxitos, premios y personajes inolvidables también quedan estas pequeñas historias que humanizan a las estrellas. Kevin Costner pudo haber tenido millones de admiradores, pero aquel día se encontró con una mujer que solo tenía ojos para Sean Connery.
Y quizá lo mejor de la historia sea que Costner supiera reírse de sí mismo. Porque cuando uno de los hombres más admirados de Hollywood se acerca convencido de que alguien quiere conocerlo y descubre que simplemente le estaban utilizando para conseguir la firma de Sean Connery, lo único que queda por hacer es contarlo muchos años después y disfrutar de la anécdota.
Al fin y al cabo, hasta las estrellas necesitan recordar de vez en cuando que, fuera de la pantalla, nadie tiene garantizado el papel protagonista.
Autor: Djangoilbastardi

Menudo chasco; pese a ello es posiblemente la mejor pelicula de Kevin Costner junto a Silverado. Claro esta es mi opinión.
ResponderEliminar