FANTASÍA (1940). EL SUEÑO ANIMADO QUE CONVIRTIÓ LA MÚSICA EN IMÁGENES
EL CINE DE LOS AÑOS 40.
FANTASÍA (1940).
EL SUEÑO ANIMADO QUE CONVIRTIÓ LA MÚSICA EN IMÁGENES
DIRECTOR: JAMES ALGAR, SAMUEL ARMSTRONG, FORD BEEVE JR., NORMAN FERGUSON, JIM HANDLEY, T. HEE, WILFRED JACKSON, HAMILTON LUSKE, BILL ROBERTS, PAUL SATTERFIELD, BEN SHARPSTEEN
DURACIÓN: 124 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
El resultado continúa siendo fascinante. Más que una película al uso, Fantasía funciona como una colección de poemas visuales unidos por el lenguaje universal de la música. Cada segmento posee identidad propia, personalidad estética y una sensibilidad distinta, permitiendo que el espectador viaje constantemente entre la fantasía, el humor, la mitología, el terror o la pura abstracción.
La elección de las obras musicales constituye uno de sus mayores aciertos. Las composiciones de Bach, Tchaikovsky, Beethoven, Stravinski, Dukas o Mussorgski no actúan simplemente como acompañamiento sonoro. La animación nace directamente del ritmo, de la intensidad y de las emociones que transmite cada partitura. Imagen y música terminan fundiéndose hasta el punto de resultar imposible imaginar una sin la otra.
Entre todos los episodios destaca inevitablemente El aprendiz de brujo. Mickey Mouse encuentra aquí uno de los momentos más memorables de toda su carrera cinematográfica. La secuencia posee una fuerza narrativa extraordinaria y demuestra cómo un personaje prácticamente mudo puede transmitir curiosidad, ambición, miedo y arrepentimiento únicamente mediante el movimiento y la expresión corporal. La imagen de las escobas transportando interminables cubos de agua forma ya parte de la historia del cine.
Pero Fantasía ofrece mucho más que ese célebre fragmento. La recreación del nacimiento de la Tierra acompañada por La consagración de la primavera sorprende incluso hoy por su enorme atrevimiento. Dinosaurios, volcanes y paisajes prehistóricos aparecen representados con una solemnidad casi documental, alejándose por completo del tono humorístico que muchos asociaban a la animación de la época.
En el extremo opuesto se sitúan pasajes llenos de delicadeza, como las danzas de flores, hojas y hadas, donde cada movimiento parece guiado por la propia música. La fluidez de la animación alcanza niveles extraordinarios, ofreciendo una sensación de ligereza que continúa resultando admirable incluso contemplada desde el siglo XXI.
El clímax llega con la impresionante interpretación visual de Una noche en el Monte Pelado y su posterior transición hacia el recogimiento espiritual de Ave María. La aparición del gigantesco demonio Chernabog constituye uno de los momentos más impactantes jamás creados por los estudios Disney. Las sombras, las criaturas infernales y el tratamiento de la luz generan una atmósfera sorprendentemente oscura que desemboca después en un final de enorme serenidad. El contraste entre ambas piezas resume perfectamente el espíritu de toda la película: el enfrentamiento constante entre la oscuridad y la esperanza, entre el caos y la belleza.
Desde el punto de vista técnico, Fantasía representó un salto gigantesco para la animación. La riqueza del color, la profundidad de los escenarios, la complejidad de los movimientos y el extraordinario cuidado puesto en cada dibujo revelan un nivel artesanal que sigue despertando admiración. Todo transmite la sensación de estar contemplando una obra creada sin limitaciones creativas, donde cada plano fue concebido con la intención de explorar nuevas posibilidades expresivas.
Vista en la actualidad, mantiene intacta su capacidad para asombrar. Algunos segmentos conectan más fácilmente con el público contemporáneo que otros, pero esa irregularidad forma parte de la propia naturaleza experimental del proyecto. Precisamente esa libertad artística convierte a Fantasía en una obra irrepetible, capaz de ofrecer una experiencia distinta en cada nuevo visionado.
Más que un clásico de Disney, Fantasía permanece como uno de los mayores actos de valentía creativa de la historia del cine. Una celebración de la imaginación en estado puro, donde la música pinta emociones y la animación rompe todas las fronteras posibles para demostrar que el arte no entiende de géneros, edades ni épocas.
Autor: Don Hollywood


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