EL PASAJERO (2026). UN VIAJE AL CORAZÓN DE LA PARANOIA



EL PASAJERO (2026).

UN VIAJE AL CORAZÓN DE LA PARANOIA

REPARTO: KODI SMIT-McPHEE, DJIMON HOUNSOU, LEIGH-ANN ROSE, CAROLINA CAMPOS, TEGAN COUCHMAN, ADRIAN McLEAN, SARAH CONSTIBLE, TEDDY PARKER, CHRIS SIGURDSON, ALEXANDRA CHUBATY BOYCHUCK

DIRECTOR: VADIM PERELMAN 

MÚSICA: ALEKSEY KANTSIRU 

PRODUCTORA: VERTICAL ENTERTAINMENT 

DURACIÓN: 92 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Una carretera de noche, un vehículo avanzando hacia Chicago y dos hombres que apenas se conocen. Con esos elementos, Vadim Perelman construye en El pasajero un thriller psicológico que convierte un trayecto aparentemente rutinario en una experiencia cada vez más incómoda, opresiva y peligrosa. La película gira alrededor de Hassan, un conductor somalí-estadounidense que acepta llevar a un joven desde Minneapolis hasta Chicago porque necesita desesperadamente el dinero. Lo que parecía un trabajo más termina transformándose en una pesadilla en la que cada kilómetro aumenta la sensación de amenaza.

La carretera se convierte aquí en un espacio mental. El paisaje exterior pierde importancia mientras el interior del vehículo adquiere una presencia casi claustrofóbica. Perelman sabe aprovechar esa limitación espacial para jugar con las miradas, los silencios y las conversaciones aparentemente inofensivas. El espectador comienza a sospechar antes que Hassan que algo funciona mal, pero la película administra la información con suficiente cautela para mantenernos atrapados dentro de ese coche.

Djimon Hounsou sostiene buena parte de la película con una interpretación contenida, física, cargada de cansancio y preocupación. Hassan es un hombre que lleva demasiado tiempo intentando mantener su vida a flote y que comete una decisión equivocada porque necesita dinero. Hounsou consigue transmitir esa vulnerabilidad sin convertir al personaje en una figura pasiva. Su rostro se convierte progresivamente en el mapa de una angustia que va creciendo a medida que comprende que aquella carrera tiene unas reglas que él desconoce.

Frente a él, Kodi Smit-McPhee encuentra en Lloyd un personaje mucho más desconcertante. Su comportamiento provoca una incomodidad difícil de explicar y precisamente ahí reside buena parte de su fuerza. Nunca sabemos del todo qué está pensando, cuánto de lo que cuenta es verdad o hasta dónde puede llegar. Smit-McPhee juega con esa ambigüedad y crea una presencia capaz de alterar el ambiente incluso cuando permanece sentado y aparentemente tranquilo. El duelo entre ambos intérpretes es el auténtico motor de la película.

El guion de Bennett Fisher, basado en su propia obra teatral Damascus, apuesta por un conflicto reducido que permite introducir cuestiones sociales dentro de la tensión del thriller. Inmigración, precariedad económica, privilegio, miedo y desconfianza aparecen integrados en la relación entre los dos protagonistas.

Quizá uno de los mayores aciertos de El pasajero sea precisamente su capacidad para convertir una situación cotidiana en una amenaza progresiva. Un pasajero desconocido. Una tarifa que parece demasiado tentadora. Una conversación que empieza a resultar extraña. Una carretera que parece no terminar nunca. El miedo surge de la acumulación de pequeños detalles y no necesita recurrir constantemente al sobresalto fácil.

Perelman, responsable de Casa de arena y niebla, mantiene una puesta en escena sobria, consciente de que el espacio reducido puede convertirse en una auténtica trampa cinematográfica. La película dura alrededor de hora y media y utiliza esa duración para concentrarse en su núcleo dramático, evitando dispersarse demasiado.

El pasajero funciona especialmente bien cuando obliga al espectador a preguntarse quién tiene realmente el control. Hassan conduce, pero las decisiones parecen pertenecer cada vez más a la persona que ocupa el asiento trasero. Esa inversión de poder genera una tensión incómoda que se mantiene durante buena parte del recorrido.

Quizá no todas sus decisiones narrativas tengan la misma contundencia y algunos giros pueden resultar discutibles, pero la película posee algo que muchos thrillers contemporáneos pierden por el camino: personalidad. Su verdadero combustible está en los personajes, en la incomodidad y en la sensación de estar atrapado junto a alguien cuya verdadera naturaleza desconocemos.

Cuando llegan los títulos de crédito, queda la impresión de haber realizado un viaje mucho más largo que el que marca el mapa. El pasajero convierte unos cuantos cientos de kilómetros en un descenso psicológico cargado de tensión y demuestra que, en ocasiones, el lugar más peligroso puede ser simplemente el asiento de al lado.

Autor: Don Hollywood



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