EL LIBRO QUE CONSAGRÓ A ALFRED HITCHCOCK COMO EL GRAN AUTOR DEL CINE
EL LIBRO QUE CONSAGRÓ A ALFRED HITCHCOCK COMO EL GRAN AUTOR DEL CINE
En la historia del cine existen encuentros que cambian para siempre la manera de entender un arte. La larga conversación que mantuvieron Alfred Hitchcock y François Truffaut en el verano de 1962 pertenece a esa exclusiva categoría. De aquellas horas de diálogo nació El cine según Hitchcock, una obra que no solo desmontó muchos prejuicios sobre el director británico, sino que acabó convirtiéndose en el libro de cine más influyente y vendido de todos los tiempos.
Cuando Truffaut decidió escribir a Hitchcock, el realizador inglés atravesaba uno de los momentos más brillantes de su carrera. Había encadenado éxitos como Con la muerte en los talones y Psicosis, mientras que sus programas televisivos, Alfred Hitchcock presenta y La hora de Alfred Hitchcock, lo habían transformado en una figura enormemente popular. Su fama, sin embargo, tenía un precio. Gran parte de la crítica anglosajona lo consideraba un director excesivamente comercial, convencida de que su enorme éxito impedía situarlo entre los grandes autores del cine.
Frente a esa visión se encontraba la crítica francesa. En las páginas de Cahiers du Cinéma, un grupo de jóvenes cinéfilos defendía que detrás de cada plano de Hitchcock existía una visión artística absolutamente personal. Entre ellos destacaba François Truffaut, que ya comenzaba a abrirse camino como uno de los nombres más prometedores del cine francés. Convencido de que el tiempo acabaría dando la razón a quienes admiraban al director británico, decidió impulsar un proyecto tan ambicioso como inédito.
El 2 de junio de 1962 envió a Hitchcock una extensa carta de cinco páginas proponiéndole mantener una conversación de unas treinta horas para recorrer, película a película, toda su trayectoria. Su propósito era analizar cada decisión de puesta en escena, cada movimiento de cámara y cada recurso narrativo para demostrar que nada respondía al azar.
La respuesta fue inmediata y sorprendentemente sencilla. Hitchcock aceptó sin poner condiciones. El 13 de agosto, precisamente el día en que cumplía 68 años, recibió a Truffaut en su despacho de Los Ángeles mientras hacía un alto en la posproducción de Los pájaros. Durante la semana siguiente ambos compartieron largas jornadas de alrededor de ocho horas diarias, repasando desde las primeras películas mudas del cineasta hasta obras fundamentales como Vértigo, que por entonces todavía estaba lejos de recibir el reconocimiento que alcanzaría décadas después.
Transformar aquellas cerca de cincuenta horas de grabaciones en un libro exigió un trabajo minucioso. Truffaut dedicó dos años a transcribir, traducir y ordenar todo el material en forma de un diálogo fluido, enviando periódicamente los capítulos a Hitchcock para que los revisara antes de su publicación. Finalmente, la obra llegó a las librerías en noviembre de 1966. El recorrido cinematográfico concluía esencialmente con Los pájaros y dedicaba un espacio más breve a Cortina rasgada, ya que una aún no se había estrenado durante las entrevistas y la otra apenas había llegado a los cines cuando el libro estaba prácticamente terminado.
Tras el fallecimiento de Hitchcock en 1980, Truffaut amplió la obra incorporando un capítulo final dedicado a Topaz, Frenesí y La trama, completando así el análisis integral de toda la filmografía del maestro británico.
Desde entonces, El cine según Hitchcock no ha dejado de reeditarse. Traducido a decenas de idiomas y distribuido en más de un centenar de países, supera los nueve millones de ejemplares vendidos. Su influencia va mucho más allá de los admiradores de Hitchcock o de Truffaut. Generaciones de directores, guionistas, estudiantes y aficionados al séptimo arte lo han convertido en una referencia imprescindible para comprender cómo se construye una película desde la puesta en escena.
Entre las numerosas reflexiones que recoge el libro sobresale una idea que resume la filosofía cinematográfica de Hitchcock y que sigue inspirando a cineastas de todo el mundo: en el cine, la forma y el contenido son inseparables. Para él, una historia no emociona únicamente por lo que cuenta, sino por la manera en que la cámara observa, el montaje administra el tiempo y cada plano guía la mirada del espectador. Esa concepción del lenguaje cinematográfico, compartida durante aquellas memorables conversaciones con Truffaut, terminó por consolidar definitivamente a Alfred Hitchcock como uno de los grandes autores de la historia del cine.
Autor: Django il bastardi

Hitchcock era un director muy admirado por Cahiers de cinema.
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