"EL LAGO AZUL", EL POLÉMICO ÉXITO QUE MARCÓ PARA SIEMPRE A BROOKE SHIELDS

 


"EL LAGO AZUL", EL POLÉMICO ÉXITO QUE MARCÓ PARA SIEMPRE A BROOKE SHIELDS

Pocas películas de comienzos de los años ochenta quedaron tan atrapadas entre el éxito popular, el escándalo y el paso del tiempo como El lago azul. Cuando llegó a los cines, buena parte de la crítica la recibió con auténtica hostilidad, pero el público respondió de una manera muy diferente. Las colas ante las salas fueron enormes y el reclamo estaba claro: una historia romántica ambientada en una isla paradisíaca, dos adolescentes aislados de la civilización y una protagonista de apenas quince años convertida de manera prematura en icono sexual.

El fenómeno comercial resultó incontestable. Dirigida por Randal Kleiser, que venía de arrasar con Grease, la película había costado alrededor de 4,5 millones de dólares y terminó recaudando 58,8 millones únicamente en Estados Unidos. Su fotografía, obra de Néstor Almendros, llegó incluso a recibir una nominación al Oscar.

Detrás de aquel éxito había una adaptación de la novela de Henry De Vere Stacpoole, publicada en 1908. La historia original situaba a Emmeline y Richard en una isla después de un naufragio cuando todavía eran niños. Ambos eran primos y durante sus primeros años permanecían bajo la protección del cocinero Paddy Button, otro superviviente del desastre.

La versión cinematográfica transformó aquella historia de crecimiento y supervivencia en una producción que mezclaba aventura, melodrama, romance y un componente erótico especialmente controvertido. El estreno estadounidense tuvo lugar en julio de 1980, aprovechando la temporada estival, mientras que en España llegó el 6 de marzo de 1981.

Para Brooke Shields, la película supuso la consolidación de una imagen pública que ya había comenzado a resultar problemática. Dos años antes había protagonizado La pequeña, dirigida por Louis Malle, interpretando a una prostituta de doce años. Su aparición en El lago azul intensificó todavía más aquella mirada hipersexualizada sobre una actriz que seguía siendo menor de edad.

Las circunstancias del rodaje en Fiyi han adquirido con los años una dimensión especialmente incómoda. Christopher Atkins, que tenía 18 años y debutaba en el cine, ha explicado que los responsables de la producción intentaron crear deliberadamente una relación sentimental entre los dos jóvenes protagonistas para que su vínculo resultara más convincente ante las cámaras.

Según recordó Atkins, llegaron incluso a colocar una fotografía de Shields sobre su litera para que la contemplara cada noche. El objetivo era conseguir que se enamorara de ella. El actor ha descrito aquellos sentimientos como algo dulce e inocente y ha explicado que se sentía especialmente protector con su compañera.

Shields, sin embargo, vivió aquella situación desde una perspectiva bastante diferente. Años después reconoció que no reaccionó bien ante la presión para desarrollar sentimientos románticos. Todavía no había besado a nadie cuando comenzó aquel rodaje y la insistencia de los responsables de la película convirtió aquella experiencia en algo especialmente incómodo.

La cuestión de la desnudez añadió otra capa de controversia. Para las escenas más explícitas se utilizó una doble de cuerpo, pero Shields tuvo que enfrentarse igualmente a un ambiente de rodaje en el que la exposición física formaba parte habitual de la producción. El director incluso ordenó que ambos protagonistas estuvieran completamente bronceados, para lo cual se habilitaron unas pequeñas estructuras abiertas donde tomaban el sol separados por un improvisado tabique.

Décadas después, Shields ha asegurado que una película semejante no podría realizarse bajo las mismas condiciones. Atkins también recordó otros aspectos del rodaje que hoy resultarían impensables, desde escenas con animales hasta la presencia de niños desnudos en la playa y unas medidas de seguridad bastante deficientes.

El trabajo físico tampoco fue sencillo. Las largas jornadas incluían carreras sobre coral, picaduras de insectos, cortes, trepar a cocoteros y numerosas dificultades propias de un rodaje realizado en un entorno tropical. Shields llegó a padecer neumonía y una de las escenas más exigentes de la película, el parto, adquirió una intensidad inesperada porque el sufrimiento que mostraba tenía detrás la fiebre y el agotamiento que padecía en aquel momento.

El éxito convirtió a Brooke Shields en una celebridad internacional, aunque también terminó condicionando su carrera. Poco después apareció en la célebre campaña de Calvin Klein Jeans cuyo provocador eslogan provocó que CBS y ABC rechazaran emitir uno de los anuncios por considerarlo demasiado cercano a la sexualización infantil.

Su madre, Teri Shields, que además ejercía como representante de Brooke, recibió numerosas críticas por las decisiones relacionadas con la imagen pública de su hija. La joven actriz continuó trabajando en películas como Amor sin fin o Aventuras en el Sáhara, aunque nunca consiguió repetir el impacto comercial de El lago azul.

Christopher Atkins siguió una trayectoria igualmente marcada por su físico. Después de su debut quedó asociado durante un tiempo a personajes de aventuras y producciones en las que aparecía con poca ropa. Participó en Los piratas y Una noche en el cielo, antes de encontrar una oportunidad televisiva de mayor repercusión interpretando a un joven estudiante relacionado sentimentalmente con Sue Ellen, el personaje de Linda Gray en Dallas.

El lago azul ya había contado con dos versiones anteriores, una muda de 1923 y otra británica de 1949 protagonizada por Jean Simmons, que sufrió además los efectos de la censura del Código Hays en Estados Unidos.

La película de Kleiser sobrevivió a sus detractores y acabó convirtiéndose en uno de los títulos más reconocibles de aquella época. Para Shields, sin embargo, su legado tiene un peso mucho más complejo. Con el paso de las décadas, la actriz ha hablado abiertamente de la forma en que la industria convirtió su juventud y su imagen en mercancía.

En enero de 2025 publicó sus memorias Brooke Shields Is Not Allowed to Get Old, un título que resume precisamente una de sus grandes reflexiones: la presión que soportan las mujeres del espectáculo para permanecer eternamente jóvenes y atractivas. Después de más de un centenar de trabajos entre cine y televisión, Shields contempla desde la madurez una carrera que comenzó cuando todavía era una niña y que quedó condicionada durante años por la imagen que otros decidieron construir alrededor de ella.

El tiempo ha cambiado la forma de mirar El lago azul. Aquello que en 1980 se vendía como una fantasía romántica y exótica hoy también permite observar hasta qué punto la industria cinematográfica de aquella época podía exponer a intérpretes demasiado jóvenes a situaciones que requerían una protección mucho mayor. La película permanece como fenómeno cultural, pero su historia detrás de las cámaras resulta quizá todavía más reveladora que la que se proyectaba sobre la pantalla.

Autor: Django il bastardi


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