EL FORASTERO (1940). LA LEY DEL REVÓLVER FRENTE A LA VOZ DE LA CONCIENCIA

 


EL CINE DE LOS AÑOS 40.

EL FORASTERO (1940).

LA LEY DEL REVÓLVER FRENTE A LA VOZ DE LA CONCIENCIA

REPARTO: GARY COOPER, WALTER BRENNAN, DORIS DAVENPORT, FRED STONE, FORREST TUCKER, PAUL HURST, CHILL WILLS, LILIAN BOND, DANA ANDREWS, CHARLES HALTON, TREVOR BARDETTE, TOM TYLER, LUCIEN LITTLEFIELD

DIRECTOR: WILLIAM WYLER 

MÚSICA: DIMITRI TIOMKIN 

PRODUCTORA: SAMUEL GOLDWYN COMPANY 

DURACIÓN: 100 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

El forastero ocupa un lugar privilegiado entre los grandes wésterns de los años cuarenta gracias a una historia que va mucho más allá de los habituales enfrentamientos entre pistoleros. Su verdadero interés reside en el choque entre la justicia y el abuso de poder, en una frontera donde la ley cambia según quién sostenga el arma y donde un hombre corriente acaba enfrentándose a una autoridad convertida en tiranía. Todo ello queda envuelto en una narración ágil, repleta de tensión y sostenida por un reparto excepcional.

Desde los primeros minutos, la película transmite la sensación de encontrarnos en un territorio donde sobrevivir depende tanto de la inteligencia como del valor. El Oeste aparece retratado como un lugar duro, todavía sin domesticar, en el que los conflictos por la tierra y el agua pueden desencadenar tragedias irreparables. Ese contexto dota de profundidad al relato y convierte la aventura en una reflexión sobre los límites del poder y la responsabilidad individual.

Gary Cooper interpreta al misterioso Cole Harden con la naturalidad que caracterizaba a sus mejores trabajos. Su personaje desprende serenidad, ingenio y una seguridad que nunca necesita demostraciones exageradas. Cooper construye un héroe diferente al pistolero impulsivo tan frecuente en el género. Prefiere resolver los problemas mediante la astucia, la palabra o una sonrisa cargada de ironía antes que recurriendo inmediatamente a la violencia. Esa calma permanente hace que, cuando finalmente decide actuar, cada gesto adquiera una enorme fuerza dramática.

Frente a él se alza una figura absolutamente inolvidable: el juez Roy Bean, interpretado por Walter Brennan en una actuación memorable que terminaría siendo reconocida con el Óscar al mejor actor secundario. Brennan convierte al personaje en un hombre tan extravagante como peligroso, convencido de representar la ley mientras gobierna su territorio según sus propios caprichos. Su mezcla de humor, fanatismo y crueldad consigue que el espectador nunca sepa con certeza cuál será su siguiente decisión, aportando una tensión constante al desarrollo de la historia.

Uno de los mayores aciertos del filme reside precisamente en la relación entre ambos personajes. Sus encuentros funcionan como auténticos duelos psicológicos donde las palabras poseen casi tanta importancia como las armas. Cada conversación está cargada de dobles intenciones, amenazas veladas y un peculiar respeto mutuo que enriquece enormemente el conflicto principal.

La dirección imprime al conjunto un ritmo excelente. Las secuencias de acción aparecen dosificadas con inteligencia, dejando espacio para desarrollar los personajes y para mostrar las dificultades de los pequeños granjeros frente a los grandes intereses económicos. Ese equilibrio permite que la película nunca se limite al espectáculo, encontrando un trasfondo humano que fortalece cada enfrentamiento.

La fotografía en blanco y negro realza la inmensidad de los paisajes y acentúa el carácter casi legendario del Oeste americano. Los horizontes abiertos contrastan con la sensación de opresión que impone el dominio del juez Bean, creando un lenguaje visual que acompaña perfectamente el conflicto narrativo. La puesta en escena resulta sobria, elegante y plenamente eficaz, sin recurrir a artificios innecesarios.

Vista hoy, El forastero mantiene intacta buena parte de su poder de atracción. Algunos aspectos reflejan inevitablemente las convenciones del cine de su tiempo, pero el núcleo de la historia continúa siendo sorprendentemente actual. La lucha contra el abuso de autoridad, la defensa de quienes carecen de poder y el valor de mantenerse fiel a los propios principios siguen resonando con enorme fuerza.

Más que un simple wéstern, la película termina convirtiéndose en un apasionante enfrentamiento entre dos maneras de entender la justicia. Gary Cooper aporta el carisma silencioso del héroe clásico, Walter Brennan firma una interpretación absolutamente magistral y el resultado permanece como una de las obras más sólidas y estimulantes de la edad dorada del cine del Oeste. Un clásico que demuestra que las mejores batallas no siempre se libran con un revólver en la mano, sino con la firmeza de las convicciones.

Autor: Don Hollywood.



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