CYRANO DE BERGERAC (1950). EL TRIUNFO DE LAS PALABRAS SOBRE LAS APARIENCIAS

 


EL CINE DE LOS AÑOS 50.

CYRANO DE BERGERAC (1950).

EL TRIUNFO DE LAS PALABRAS SOBRE LAS APARIENCIAS

REPARTO: JOSE FERRER, MALA POWERS, WILLIAM PRINCE, MORRIS CARNOVSKY, RALPH CLANTON, VIRGINIA FARMER, LLOYD CORRIGAN, EDGAR BARRIER, ALBERT CAVENS, ELENA VERDUGO, DON BEDDOE, VIRGINIA CHRISTIE, ARTHUR BLAKE

DIRECTOR: MICHAEL GORDON 

MÚSICA: DIMITRI TIOMKIN 

PRODUCTORA: UNITED ARTISTS 

DURACIÓN: 113 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Pocas adaptaciones teatrales han logrado conservar con tanta fuerza la esencia de la obra original como Cyrano de Bergerac (1950). Lejos de convertirse en una simple representación filmada del clásico de Edmond Rostand, la película dirigida por Michael Gordon encuentra el equilibrio perfecto entre el espectáculo teatral y el lenguaje cinematográfico. El resultado es una obra apasionante que convierte la poesía en emoción pura y hace del sacrificio sentimental una experiencia profundamente conmovedora.

El gran responsable de semejante logro es José Ferrer. Su interpretación de Cyrano pertenece a esa exclusiva categoría de actuaciones capaces de trascender el paso del tiempo. El actor no se limita a declamar unos versos memorables; los vive con una intensidad extraordinaria, transformando cada palabra en un reflejo de las heridas que arrastra su personaje. Bajo la célebre nariz que tanto condiciona su existencia se esconde un hombre brillante, ingenioso, valiente y condenado por una inseguridad que resulta devastadora. Ferrer consigue que el espectador admire su inteligencia al mismo tiempo que comparte el dolor silencioso de un hombre convencido de que jamás podrá ser amado.

La película encuentra buena parte de su fuerza en la riqueza de sus diálogos. Cada conversación posee la musicalidad propia de la obra de Rostand, pero nunca suena artificial. Los largos parlamentos fluyen con sorprendente naturalidad gracias al extraordinario trabajo interpretativo y a una dirección que entiende cuándo debe dejar respirar las palabras y cuándo permitir que las imágenes hablen por sí solas

Michael Gordon evita cualquier exceso visual que pudiera distraer la atención del verdadero centro de la historia: los personajes. Su puesta en escena resulta elegante, sobria y tremendamente eficaz. La fotografía en blanco y negro aporta una nobleza especial al conjunto, envolviendo castillos, tabernas y campos de batalla en una atmósfera romántica donde el honor y la melancolía conviven constantemente. Sin necesidad de grandes despliegues técnicos, la película construye un universo completamente creíble que transporta al espectador hasta la Francia del siglo XVII.

Las escenas de acción poseen una energía sorprendente para la época. Los duelos de espada están filmados con dinamismo y precisión, pero nunca buscan impresionar únicamente por su espectacularidad. Cada enfrentamiento refleja el carácter orgulloso de Cyrano, un hombre que utiliza la espada con la misma brillantez con la que domina el lenguaje. Resulta difícil olvidar la famosa secuencia en la que improvisa un poema mientras combate a su adversario, una demostración de talento que resume perfectamente la esencia del personaje.

El corazón de la película, sin embargo, late en el terreno de los sentimientos. El amor imposible entre Cyrano y Roxane adquiere una dimensión profundamente humana porque nace del miedo al rechazo. La belleza física, la apariencia y la inseguridad personal se convierten en los grandes enemigos de un hombre que posee todas las virtudes imaginables excepto la confianza en sí mismo. Esa contradicción dota a la historia de una emoción que sigue conmoviendo más de siete décadas después de su estreno.

Mala Powers ofrece una Roxane llena de sensibilidad e inteligencia, muy alejada del simple objeto romántico, mientras William Prince interpreta con solvencia al apuesto Christian, pieza indispensable de un triángulo amoroso construido sobre la generosidad, la mentira y el sacrificio.

Cyrano de Bergerac permanece como una de las adaptaciones más inspiradas del inmortal texto de Edmond Rostand. Su belleza reside tanto en la fuerza de sus versos como en la humanidad de sus personajes, capaces de hablar sobre el orgullo, el amor y las inseguridades con una vigencia sorprendente. José Ferrer entrega una interpretación monumental que sostiene toda la película y la convierte en una de las grandes cumbres del cine clásico. Una obra donde las palabras poseen el filo de una espada y donde el verdadero heroísmo consiste en amar sin esperar recompensa.

Autor: Don Hollywood



Comentarios

  1. Pelicula de capa y espada, pero que la hace diferente por esa aureola romántica que invade todo su metraje, además contiene buenas dosis de humor, como la escena de "las narices" o la del hombre que viene del espacio exterior. José Ferrer esta inmenso.

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