EL BESO DE "CASABLANCA" QUE NUNCA CONVIRTIÓ A BOGART Y BERGMAN EN AMIGOS
EL BESO DE "CASABLANCA" QUE NUNCA CONVIRTIÓ A BOGART Y BERGMAN EN AMIGOS
La imagen de Humphrey Bogart e Ingrid Bergman despidiéndose en la pista de un aeropuerto quedó grabada para siempre en la memoria del cine. Rick e Ilsa se separaban bajo la lluvia emocional de Casablanca, mientras la historia convertía aquel adiós en uno de los momentos más reconocibles de Hollywood. Fuera de la pantalla, sin embargo, la relación entre sus protagonistas estuvo muy lejos de alcanzar semejante intensidad.
El rodaje de Casablanca tuvo bastante de aventura improvisada. El guion avanzaba prácticamente al mismo ritmo que la producción y durante buena parte del proceso ni siquiera estaba completamente decidido cuál sería el destino sentimental de Rick e Ilsa. La película terminó encontrando su camino y también una de las grandes parejas románticas de la historia del séptimo arte.
Bogart llegó a aquel proyecto con una trayectoria construida principalmente alrededor de personajes duros, tipos turbios y hombres acostumbrados a moverse por territorios poco amables. El bosque petrificado había sido especialmente importante para él y también le dejó una deuda de gratitud con Leslie Howard, quien había contribuido a que consiguiera aquel papel. Bogart llegó a prometer que su primer hijo llevaría el nombre de Leslie. Cuando finalmente nació una niña, mantuvo su palabra.
Con Rick Blaine ocurrió algo inesperado. Michael Curtiz encontró en Bogart a un hombre capaz de transmitir una vulnerabilidad que hasta entonces no había sido uno de sus principales atributos como intérprete. El actor se convirtió de repente en un protagonista romántico y su química cinematográfica con Bergman hizo el resto. Años después, el propio Bogart resumiría aquel cambio asegurando que el beso con la actriz sueca había terminado de convertirlo en un galán.
La paradoja es que aquella química funcionaba mucho mejor delante de las cámaras que detrás de ellas. Bergman recordaría que había besado a Bogart, pero que nunca llegó realmente a conocerlo. Durante el rodaje, el actor apenas mantenía conversaciones con ella cuando el guion lo exigía.
Las razones han alimentado toda clase de teorías. Por entonces, Bogart todavía estaba casado con Mayo Methot, aunque su relación atravesaba una etapa complicada, mientras su romance con Lauren Bacall avanzaba con fuerza. Bacall, que había conocido al actor durante Tener y no tener, tenía 19 años; Bogart, 46. La diferencia de edad no impidió que aquella relación se convirtiera en una de las grandes historias sentimentales del Hollywood clásico.
El actor parecía tener suficiente ruido personal en la cabeza como para buscar nuevas complicaciones. Durante los descansos del rodaje podía encerrarse en su camerino, beber ginebra y jugar al ajedrez. Bergman incluso intentó acercarse fuera del trabajo y llegó a invitarle a cenar. Bogart rechazó la propuesta.
También existe una explicación bastante menos romántica: quizá sencillamente no le caía bien. Sea cual sea la verdadera razón, la distancia permaneció durante toda la producción.
La situación resulta especialmente curiosa porque ambos terminaron protagonizando una historia de amor que parece pedir una amistad eterna entre sus intérpretes. La película, en cambio, fue su primer y último encuentro profesional. Cuando Rick e Ilsa se marcharon cada uno por su lado, Bogart y Bergman también dejaron atrás aquella experiencia sin convertirla en el comienzo de una relación personal.
El cine hizo el resto. Curtiz convirtió aquella frialdad fuera del plano en una pasión inmortal dentro de él. Y quizá ahí reside uno de los secretos de Casablanca: dos actores que apenas conectaron en la vida real terminaron regalando al público una de las parejas más inolvidables que haya conocido Hollywood.
Autor: Don Hollywood

Sea como sea, en pantalla se nota que hay una gran química entre ambos, de hecho son una de las parejas míticas del cine, aunque solo colaboraran juntos una vez.
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