DINK (2026). CUANDO LAS SEGUNDAS OPORTUNIDADES SE JUEGAN AL OTRO LADO DE LA RED
EL OJO CRITICO.
DINK (2026)
CUANDO LAS SEGUNDAS OPORTUNIDADES SE JUEGAN AL OTRO LADO DE LA RED
REPARTO: JAKE JOHNSON, MARY STEENBURGEN, ED HARRIS, BEN STILLER, AARON CHEN, PATTON OSWALT, CHLOE FINEMAN, CHRIS PARNELL, ANDY RODDICK, JOHN McENROE, CHRISTINE TAYLOR, WAYNE WILDERSON
DIRECTOR: JOSH GREENBAUM
MÚSICA: DARA TAYLOR
PRODUCTORA: APPLE ORIGINAL FILMS
DURACIÓN: 103 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Convertir un deporte tan joven como el pickleball en el centro de una comedia parecía, sobre el papel, una apuesta condenada a quedarse en una simple curiosidad. Sin embargo, Dink sorprende porque entiende que la pelota y la raqueta no son el verdadero argumento de la historia. Lo importante son los personajes que las empuñan y, sobre todo, la oportunidad de hablar sobre el fracaso, el orgullo y la necesidad de reconciliarse con uno mismo sin renunciar al sentido del humor.
Dirigida por Josh Greenbaum, la película toma como punto de partida a Dusty Boyd, un antiguo prodigio del tenis cuya carrera quedó muy lejos de las expectativas que despertó. Jake Johnson encuentra en este personaje uno de esos papeles que parecen escritos a su medida. Su interpretación combina ironía, cansancio y vulnerabilidad con una naturalidad que convierte a Dusty en un protagonista imperfecto, pero tremendamente cercano. Nunca busca la carcajada fácil; prefiere construir un hombre derrotado que utiliza el sarcasmo como escudo frente a una vida que no salió como imaginaba.
Ed Harris aporta el contrapunto dramático en la piel del exigente padre del protagonista. Su presencia impone respeto desde la primera escena y consigue transmitir esa mezcla de dureza y decepción que marca la relación entre ambos personajes. Buena parte del peso emocional de la película descansa precisamente en ese vínculo roto, mucho más interesante que la competición deportiva que sirve de excusa para desarrollar la trama.
Ben Stiller, por su parte, aparece en un papel secundario pero muy agradecido, desplegando un humor absurdo que rompe la solemnidad cuando la historia amenaza con volverse demasiado sentimental. Sus intervenciones son breves, aunque suficientes para recordar el extraordinario talento cómico que siempre ha caracterizado al actor.
Uno de los mayores aciertos de Dink consiste en no burlarse del pickleball, un deporte que muchos todavía consideran una moda pasajera. La película lo utiliza como metáfora de las segundas oportunidades. Del mismo modo que Dusty debe aceptar que el tiempo de las grandes promesas quedó atrás, también aprende que reinventarse no significa conformarse, sino descubrir nuevas formas de disfrutar aquello que un día dejó de hacer por pasión para convertirlo en una obligación.
El guion recurre a varios lugares comunes del cine deportivo. Resulta fácil anticipar algunos giros y el desenlace apenas guarda sorpresas para quien esté acostumbrado a este tipo de relatos. Aun así, el ritmo nunca decae gracias a un equilibrio bastante conseguido entre humor, competición y desarrollo de personajes. Incluso cuando la película abraza la previsibilidad, lo hace con honestidad y sin caer en un exceso de sentimentalismo.
Visualmente, Greenbaum apuesta por una puesta en escena luminosa y muy dinámica. Los partidos están rodados con energía suficiente para mantener el interés incluso entre quienes apenas conocen las reglas del deporte. La fotografía refuerza el ambiente veraniego y desenfadado, mientras que la banda sonora acompaña con eficacia un relato que nunca pretende ser más trascendente de lo necesario.
Quizá el mayor mérito de Dink sea precisamente su modestia. No intenta reinventar la comedia deportiva ni competir con los grandes clásicos del género. Su objetivo consiste en ofrecer una historia amable, divertida y emocionalmente sincera, y lo consigue gracias a un reparto que entiende perfectamente el tono que necesita la película.
En definitiva, Dink acaba siendo mucho más que una comedia sobre pickleball. Es una historia de redención envuelta en humor inteligente, personajes entrañables y un optimismo contagioso que invita a creer que nunca es demasiado tarde para volver a jugar el partido más importante: el de recuperar la confianza en uno mismo. Sin aspirar a revolucionar el cine deportivo, termina conquistando al espectador gracias a su enorme corazón y a la autenticidad con la que aborda las pequeñas derrotas y las grandes victorias de la vida.
Autor: Don Hollywood


Una comedia simpática y agradable de ver, donde sobresalen los veteranos Ed Harris y Mary Steenburgen. La aparición de John McEnroe es muy divertida en esta comedia que por momentos parece que vayamos a tener un romance entre un hombre bastante menor que la protagonista que encarna Mary Steenburgen.
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