DAVID KRUMHOLTZ DICE ADIÓS A LA INTERPRETACIÓN: «EL ARTE BASADO EN LA EXPLOTACIÓN NO ES ARTE»
DAVID KRUMHOLTZ DICE ADIÓS A LA INTERPRETACIÓN: «EL ARTE BASADO EN LA EXPLOTACIÓN NO ES ARTE»
David Krumholtz ha decidido poner punto y aparte a su carrera como actor después de varias décadas delante de las cámaras y más de un centenar de créditos entre cine y televisión. El intérprete, que recientemente ha aparecido como Zor-El en Supergirl y forma parte del reparto del biopic de Bruce Springsteen, Deliver Me From Nowhere, ha explicado que la decisión llevaba años rondándole la cabeza y que finalmente ha sentido un enorme alivio al tomarla.
Krumholtz comunicó su decisión en una publicación en Threads que posteriormente eliminó. En ella reconocía que llevaba mucho tiempo temiendo el momento de abandonar la profesión, principalmente por una preocupación muy concreta: el dinero. No sabía qué haría después ni cómo conseguiría ganarse la vida lejos de la interpretación, pero aseguraba que, después de enviar el mensaje definitivo que ponía fin a su actividad profesional, se había quitado de encima una carga cuyo peso no había llegado a comprender hasta entonces.
El desencanto tiene que ver directamente con la evolución de la industria. Según explicaba el actor, durante los últimos años había empezado a sentir que continuar buscando papeles significaba poner su talento y el prestigio acumulado durante décadas al servicio de producciones que ofrecían remuneraciones cada vez menores. Para Krumholtz, existe una contradicción difícil de asumir cuando los artistas contribuyen a generar beneficios considerables para estudios y compañías mientras su participación económica se reduce.
Su conclusión fue contundente: «El arte basado en la explotación no es arte». Krumholtz defendió además que los intérpretes deberían recibir una parte justa de los beneficios derivados del trabajo que realizan y recordó una época en la que, desde su perspectiva, los estudios cinematográficos y las cadenas de televisión funcionaban de una manera diferente. Cuando comenzó su carrera, afirmaba, incluso las grandes compañías conservaban un carácter más cercano al de negocios familiares.
La decisión no implica que haya dejado de amar la interpretación. Esa distinción resulta fundamental en su explicación. Krumholtz aseguraba que ha disfrutado profundamente de ejercer su talento, de la expectación que rodeaba a cada proyecto y de la competencia inherente a una profesión en la que durante años encontró estímulos personales. Lo que ha cambiado es su relación con la industria que rodea ese trabajo.
«Actuar de forma profesional es un concepto muy diferente al ejercicio de la interpretación en sí mismo», explicaba. Para él, el placer de interpretar continúa intacto, pero las condiciones profesionales han terminado por desgastar una relación que durante mucho tiempo fue una parte esencial de su vida.
Krumholtz comenzó a trabajar siendo muy joven y consiguió convertirse progresivamente en uno de esos actores cuya presencia resulta reconocible en producciones de muy distinto tipo. Participó en la saga ¡Vaya Santa Claus! y apareció en películas como 10 razones para odiarte y Supersalidos, además de desarrollar una extensa carrera televisiva con títulos como Ley y Orden.
Durante los últimos años vivió además una etapa especialmente destacada. Su participación en Oppenheimer, la película de Christopher Nolan ganadora del Oscar a la mejor película, volvió a situarlo ante un público masivo. Posteriormente llegó The Studio y, más recientemente, el universo de Supergirl, donde interpretó a Zor-El, padre biológico de Kara Zor-El.
Su próximo trabajo relacionado con el cine será Deliver Me From Nowhere, centrado en Bruce Springsteen, aunque sus declaraciones dejan abierta la incógnita sobre si se trata de uno de sus últimos trabajos antes de apartarse definitivamente de la profesión.
A sus 47 años, Krumholtz abandona una carrera que comenzó cuando todavía era un niño y que le permitió participar en más de cien producciones. El actor no reniega de esos años ni del oficio que le ha acompañado durante prácticamente toda su vida. Su conflicto está en otro lugar: en una industria cuya transformación ha hecho que aquello que durante décadas consideró una profesión estimulante haya dejado de resultarle sostenible.
Quizá por eso la palabra que más se repite en su despedida no sea tristeza, sino alivio. Krumholtz ha decidido apartarse después de años de miedo a hacerlo y, al menos por ahora, parece haber encontrado en esa ruptura una tranquilidad que llevaba mucho tiempo sin sentir. El actor que durante décadas buscó el siguiente papel ha decidido dejar de hacerlo. Y, aunque todavía no sepa qué vendrá después, tiene claro que ya no quiere seguir jugando con las reglas actuales.
Autor: Djangoilbastardi
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