CUANDO SEAN CONNERY TODAVÍA NO ERA BOND Y YA TENÍA LICENCIA PARA EL PELIGRO
CUANDO SEAN CONNERY TODAVÍA NO ERA BOND Y YA TENÍA LICENCIA PARA EL PELIGRO
Mucho antes de que Sean Connery pronunciara por primera vez aquello de “Bond, James Bond”, ya existía alrededor del actor una leyenda que parecía escrita para el personaje. El futuro agente 007 todavía no había entrado en la historia del cine, pero en las calles de Edimburgo comenzaba a circular el nombre de un joven capaz de meterse en problemas y salir de ellos a golpes.
Connery había crecido lejos del lujo y del glamour que acabarían acompañando su imagen. En su juventud incluso llegó a ser tanteado por el Manchester United, aunque terminó rechazando la posibilidad porque consideraba que la interpretación podía ofrecerle un futuro más interesante. La decisión acabaría cambiándole la vida.
Antes de conquistar Hollywood tuvo que abrirse camino en trabajos modestos y pequeños papeles. Y mientras trataba de convertirse en actor, su físico ya llamaba la atención. En una ocasión, en unos billares de Edimburgo, un grupo de delincuentes quiso apoderarse de su chaqueta. Connery se negó. Lo que siguió terminó convirtiéndose en una de esas historias que parecen exageradas hasta que se descubre que ocurrieron de verdad.
Arrinconado contra un balcón situado a varios metros del suelo, el joven escocés decidió plantar cara. Derribó a uno de sus atacantes de un puñetazo, golpeó a otro en la garganta y consiguió que otros dos acabaran por los suelos después de hacer chocar sus cabezas. El resultado fue inmediato: dejaron de molestarlo y la historia se extendió por la ciudad. Aquel muchacho tenía fama de ser alguien con quien convenía no buscar problemas.
Todavía faltaban años para que esa imagen encontrara su personaje perfecto.
En 1958, Connery participó en Brumas de inquietud (Another Time, Another Place), un drama romántico protagonizado por Lana Turner. El actor tenía entonces una carrera todavía incipiente y buscaba hacerse un hueco en Hollywood. La película no pasaría a la historia por su argumento, pero durante su rodaje ocurrió un episodio extraordinario que, visto con perspectiva, parece casi una escena descartada de una película de James Bond.
Lana Turner mantenía por entonces una relación con Johnny Stompanato, un hombre vinculado al crimen organizado estadounidense. Su relación era tormentosa y las sospechas de Stompanato llegaron hasta Londres, donde se estaba rodando la película. El mafioso había empezado a pensar que la química entre Turner y aquel joven actor escocés podía esconder algo más que una relación profesional.
Y decidió comprobarlo personalmente.
Stompanato apareció en el rodaje armado con una pistola. El momento elegido no podía resultar más comprometedor: Turner y Connery estaban filmando una escena juntos, muy próximos, en un sofá. El hombre entró dispuesto a enfrentarse al actor y mostró el arma.
Connery respondió de una manera que, años después, resultaría difícil separar de la personalidad que acabaría construyendo como Bond. En lugar de retroceder, se lanzó sobre Stompanato y consiguió desarmarlo.
La situación terminó con el mafioso abandonando Reino Unido. Para Connery, aquello fue otro episodio de una vida que todavía estaba lejos de convertirlo en una estrella mundial.
La historia adquiere una dimensión todavía más inquietante cuando se conoce lo que sucedería pocos meses después. Stompanato regresaría a Estados Unidos y su relación con Lana Turner terminaría de la manera más trágica. Durante una discusión en la casa de la actriz, la hija adolescente de Turner, Cheryl Crane, intervino al considerar que su madre estaba siendo atacada y apuñaló mortalmente al mafioso.
Connery, por tanto, había tenido un enfrentamiento directo con un hombre que terminaría muriendo poco después en circunstancias dramáticas. Y todo ello cuando el actor aún era prácticamente un desconocido para el gran público.
Tres años más tarde, su vida cambiaría para siempre.
Cuando comenzó el proceso de selección para encontrar al protagonista de Agente 007 contra el Dr. No, Ian Fleming no parecía demasiado convencido con la elección de Connery. El escritor había imaginado a Bond de otra manera y el marcado acento escocés del actor no encajaba con la imagen mental que tenía del sofisticado espía británico.
Pero Fleming tuvo la oportunidad de comprobar personalmente qué podía hacer aquel desconocido delante de una cámara. Le mostraron una escena de la película y la resistencia desapareció.
Aquel hombre era James Bond.
Connery convirtió al personaje en una figura cinematográfica. Su manera de caminar, la voz grave, el humor seco, la elegancia y esa combinación de peligro y seguridad terminaron estableciendo un molde que marcaría a todos los intérpretes que vendrían después. Fleming acabó aceptándolo hasta el punto de reconocer que había encontrado al Bond que necesitaba.
Lo fascinante es que parte de aquella presencia ya existía antes del personaje. El actor había crecido en un entorno que le había obligado a endurecerse, había tenido que abrirse paso en una profesión incierta y había demostrado en más de una ocasión que no se intimidaba fácilmente.
La anécdota con Stompanato adquiere así un valor casi cinematográfico. Un joven Sean Connery, todavía sin fama y rodando una película romántica junto a una de las grandes estrellas de Hollywood, se encuentra frente a un hombre armado y decide actuar. Años después, millones de espectadores contemplarían en la pantalla a James Bond enfrentándose a criminales, asesinos y villanos con una tranquilidad parecida.
La diferencia era que, aquella vez, no había guion.
Connery todavía no tenía licencia para matar. Tampoco había Aston Martin, casinos, martinis ni enemigos dispuestos a conquistar el mundo. Solo era un actor escocés intentando encontrar su lugar en Hollywood.
Pero ya había algo que ninguna película podía enseñarle: la capacidad de plantarse ante el peligro sin apartar la mirada.
Cuando finalmente se convirtió en 007, el público creyó estar descubriendo a un personaje nuevo. En realidad, parte de aquel Bond llevaba años escondido dentro de Sean Connery.
Autor: Djangoilbastardi

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