CUANDO MUHAMMAD ALI DEDICÓ UNA VICTORIA A CHRISTOPHER LEE, SU DRÁCULA FAVORITO
CUANDO MUHAMMAD ALI DEDICÓ UNA VICTORIA A CHRISTOPHER LEE, SU DRÁCULA FAVORITO
Christopher Lee y Muhammad Ali pertenecían a dos mundos que difícilmente parecían destinados a cruzarse. Uno había construido una carrera cinematográfica marcada por personajes siniestros, aristócratas del mal y criaturas góticas; el otro había convertido el boxeo en un espectáculo mundial gracias a una combinación irrepetible de talento, velocidad, personalidad y una capacidad extraordinaria para dominar cualquier escenario. Sin embargo, ambos compartieron una admiración mutua que dejó una de esas historias insólitas que parecen escritas para el cine.
Para mediados de los años setenta, Lee ya era una figura internacional. Su interpretación de Drácula para Hammer Films le había convertido en uno de los rostros fundamentales del terror británico y su presencia física, su voz profunda y aquella elegancia intimidatoria le habían permitido trascender el personaje. Poco después había ampliado su registro popular al interpretar a Francisco Scaramanga en 'El hombre de la pistola de oro', donde se enfrentó a James Bond encarnado por Roger Moore.
Ali, mientras tanto, se encontraba en la cima de su fama. Su trayectoria deportiva ya le había convertido en una leyenda, pero su personalidad había hecho que su celebridad alcanzara dimensiones extraordinarias. Sus combates eran acontecimientos mundiales y sus declaraciones públicas podían generar tanta expectación como sus actuaciones sobre el cuadrilátero.
El vínculo entre ambos nació, curiosamente, de la fascinación de Ali por las películas de Lee. El boxeador viajaba con frecuencia al Reino Unido y durante sus estancias allí aprovechaba para disfrutar del cine. Las películas protagonizadas por el actor británico le habían causado una profunda impresión y, con el tiempo, Lee se convirtió en uno de sus intérpretes favoritos.
El encuentro entre las dos estrellas se produjo en 1975, cuando Lee se encontraba en Cleveland promocionando una película. Un relaciones públicas le comunicó que Muhammad Ali estaba en la ciudad preparando una pelea por el título y que quería conocerle. El actor aceptó y ambos terminaron manteniendo una larga conversación en un hotel.
La cordialidad del encuentro llevó a Lee a prometer que vería el combate cuando regresara a Los Ángeles. Y cumplió su palabra. La pelea tuvo lugar el 1 de octubre de 1975 en Manila, en un enfrentamiento contra Joe Frazier que terminaría pasando a la historia como uno de los combates más brutales y célebres de la carrera de ambos. Lee siguió la retransmisión desde la Mansión Playboy, rodeado de celebridades y personalidades relacionadas con el mundo del boxeo.
Lo que ocurrió después sorprendió al propio actor.
Cuando terminó el combate y llegó el momento de que Ali hablara ante las cámaras, un periodista le preguntó si quería dirigir unas palabras a sus seguidores. El campeón aprovechó la ocasión para acordarse de Christopher Lee.
Ali declaró que había ganado la pelea por el actor británico, consciente de que Lee estaba siguiendo el combate desde Los Ángeles. Para Lee, que escuchó aquellas palabras durante la retransmisión, el gesto resultó completamente inesperado. Aquel campeón mundial, capaz de convertir cada aparición pública en un acontecimiento, acababa de dedicarle una de las victorias más importantes de su carrera.
La anécdota adquirió todavía más gracia cuando Lee recordó la reacción de quienes se encontraban con él viendo la pelea. Las miradas de sorpresa de las personas presentes reflejaban perfectamente la extraña combinación que representaban aquellos dos nombres: el campeón de los pesos pesados y el hombre que había convertido a Drácula en una de las figuras más reconocibles del cine de terror.
La admiración de Ali por Lee tenía además un componente especialmente simpático. El actor británico estaba acostumbrado a que el público le asociara con sus monstruos, villanos y personajes amenazadores, pero descubrir que una de las mayores estrellas deportivas del planeta seguía con entusiasmo sus películas debió de resultar particularmente curioso.
Lee contó también una anécdota relacionada con la reacción de algunos boxeadores después de conocer la historia. Uno de ellos, sorprendido por la forma en que Ali había mencionado al actor, le preguntó cómo había conseguido semejante reconocimiento. Lee respondió con su característico sentido del humor: «Magia. Magia negra». El boxeador entendió la broma y ambos terminaron riéndose.
La historia resume bastante bien la personalidad de los dos protagonistas. Christopher Lee poseía una elegancia distante, una disciplina profesional extraordinaria y un físico que parecía diseñado para interpretar villanos legendarios. Muhammad Ali necesitaba muy poco para transformar una conversación en espectáculo. Sin embargo, detrás de esas diferencias existía una característica compartida: ambos comprendían perfectamente el poder de la imagen y habían conseguido convertirse en iconos mucho más allá de sus respectivas profesiones.
Ali veía en Lee a una estrella del cine que admiraba desde hacía años. Lee, por su parte, terminó descubriendo que uno de los hombres más famosos del mundo conocía y disfrutaba profundamente su trabajo.
Décadas después, aquella peculiar amistad continúa teniendo un encanto especial. En una época en la que las grandes celebridades todavía podían coincidir sin que cada encuentro quedara inmediatamente documentado por las redes sociales, Muhammad Ali decidió utilizar una entrevista posterior a una de las peleas más importantes de su vida para enviar un saludo a Christopher Lee.
El campeón ganó aquella noche frente a Joe Frazier y el actor recibió, desde la distancia, una dedicatoria que probablemente jamás habría imaginado. Dos gigantes de disciplinas completamente distintas quedaron unidos por una pasión compartida por el espectáculo y por una admiración que convirtió una simple retransmisión deportiva en una pequeña historia de Hollywood.
Autor: Djangoilbastardi

El suyo y el de muchos, entre los que me incluyo yo.
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