ANTHONY HOPKINS Y EL DÍA QUE SE PLANTÓ ANTE UN DIRECTOR POR DEFENDER A UNA JOVEN ACTRIZ

 


ANTHONY HOPKINS Y EL DÍA QUE SE PLANTÓ ANTE UN DIRECTOR POR DEFENDER A UNA JOVEN ACTRIZ

Anthony Hopkins está a punto de alcanzar los 89 años y su agenda profesional sigue sorprendiendo incluso después de más de seis décadas delante de las cámaras. El actor galés, nacido el 31 de diciembre de 1937, continúa acumulando proyectos y tiene varios títulos pendientes de estreno, una demostración de que la edad nunca ha sido para él una razón suficiente para apartarse de los rodajes.

Su trayectoria se consolidó especialmente durante los años noventa, una década en la que su interpretación de Hannibal Lecter en El silencio de los corderos le proporcionó el Oscar al mejor actor y lo convirtió definitivamente en una de las grandes figuras de la interpretación cinematográfica. Aquel premio llegó después de una carrera ya importante, marcada también por sus trabajos con directores como James Ivory y Richard Attenborough.

Hopkins ha construido una filmografía que supera ampliamente el centenar de películas y que incluye personajes tan diferentes como el profesor Van Helsing, el mayordomo Stevens de Lo que queda del día, el padre de The Father o el propio Odin dentro del universo cinematográfico de Marvel. Su capacidad para cambiar de registro le ha permitido permanecer activo durante generaciones enteras.

Pero uno de los episodios más reveladores de su personalidad acaba de aparecer al recordar una experiencia de sus primeros años profesionales. Durante una entrevista en el podcast The Interview, del New York Times, el intérprete habló de aquellos directores a los que consideraba auténticos tiranos y explicó que jamás tuvo demasiados problemas en enfrentarse a ellos cuando consideraba que habían cruzado una línea.

Hopkins recordó especialmente una situación ocurrida durante un rodaje cuyo título decidió mantener en secreto. El actor presenció cómo el director comenzó a gritarle a una joven actriz. La reacción de Hopkins fue inmediata. Interrumpió la situación y advirtió al realizador de que si volvía a levantarle la voz a la intérprete, abandonaría la película.

La actriz también recibió una recomendación muy clara: marcharse del rodaje si aquella conducta continuaba.

Después del incidente, la intérprete agradeció a Hopkins que hubiera intervenido. El actor quiso saber entonces cuánto tiempo llevaba soportando ese comportamiento. La respuesta lo dejó todavía más sorprendido: llevaba soportándolo durante toda la película.

Aquello hizo que Hopkins lamentara que ella no hubiera acudido antes a él. Su reacción resulta especialmente significativa porque no presentó aquella intervención como un acto heroico ni como una hazaña profesional. Para él, simplemente era cuestión de poner límites.

“Yo defiendo a la gente”, explicó durante la conversación.

Hopkins tampoco considera que la presión de un rodaje pueda servir como justificación para humillar a alguien. En su opinión, una película sigue siendo una película, por importante que sea para quienes trabajan en ella. La necesidad de repetir una escena una y otra vez, alcanzar determinado resultado o cumplir con las exigencias del director jamás debería convertir el plató en un lugar donde los actores tengan que soportar gritos o intimidaciones.

El relato ha despertado inevitablemente la curiosidad de los aficionados, sobre todo porque Hopkins no quiso identificar al director. Tampoco recuerda su nombre o, sencillamente, ha decidido no pronunciarlo. Únicamente señaló que cree que aquel cineasta ya no trabaja en la industria.

Esa ausencia de información ha generado todo tipo de teorías en internet. Algunos aficionados han intentado relacionar sus palabras con diferentes películas en las que Hopkins trabajó durante aquella etapa. Entre los nombres que han aparecido se encuentran Francis Ford Coppola, con quien coincidió en Drácula de Bram Stoker, y Martin Brest, director de ¿Conoces a Joe Black?. También se ha especulado con las actrices que compartieron reparto con Hopkins en esos trabajos, entre ellas Winona Ryder y Claire Forlani.

Sin embargo, ninguna de esas teorías cuenta con confirmación. Asociar el episodio a una película concreta únicamente a partir de las coincidencias de fechas, reparto o trayectoria profesional sería aventurarse demasiado. Hopkins ha decidido guardar silencio sobre la identidad del realizador y ese silencio debe mantenerse como tal.

Lo verdaderamente interesante de la historia está en la posición que adoptó el actor. En una profesión acostumbrada durante décadas a aceptar determinadas conductas como parte de la presión inherente a un rodaje, Hopkins dejó claro que nunca consideró aceptable que esa presión terminara convirtiéndose en maltrato verbal.

Su reflexión adquiere todavía más fuerza viniendo de alguien que conoció de primera mano los rodajes de otra época, cuando las relaciones de poder entre directores y actores podían ser mucho más rígidas y cuando determinadas conductas se toleraban con mayor facilidad.

Anthony Hopkins ha interpretado a monstruos, reyes, científicos, padres, criminales y hombres atormentados. Fuera de la pantalla, aquel episodio demuestra otra faceta de su carácter: la de un actor que, cuando vio a una compañera siendo tratada de una manera que consideraba inaceptable, decidió detener la escena.

Y quizá su frase final sea la que mejor resume aquella actitud. Después de tantas tomas, tantas repeticiones y tanta tensión acumulada, ¿a quién le importa? Al final, solamente era una película.

Autor: Django il bastardi


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