ABBOTT AND COSTELLO GO TO MARS. El delirante viaje espacial de Abbott y Costello.
ABBOTT AND COSTELLO GO TO MARS. El delirante viaje espacial de Abbott y Costello.
En 1953, la carrera espacial no solo se libraba en los laboratorios de la NASA, sino también en los estudios de Universal Pictures. Mientras el mundo miraba a las estrellas con asombro y temor, el dúo cómico más grande de la historia, Bud Abbott y Lou Costello, decidió subirse al cohete para protagonizar una de las entregas más curiosas y recordadas de su filmografía: Abbott and Costello Go to Mars.
Un título con trampa
Lo primero que sorprende al espectador es la gran ironía de su título. A pesar de lo que reza el cartel, Lester y Orville —interpretados por Abbott y Costello— jamás llegan a Marte. El guion, que se nutre de la sátira pura, nos regala un viaje accidentado que comienza con un despegue involuntario y una escala equívoca en el Mardi Gras de Nueva Orleans, donde nuestros protagonistas confunden a los juerguistas disfrazados con auténticos marcianos. Finalmente, el destino les depara algo mucho más exótico: Venus.
Belleza universal y debutantes de lujo
El paso por el planeta Venus no fue solo un festín visual por sus decorados, sino por su reparto. La producción decidió que el planeta vecino fuera un matriarcado absoluto, habitado exclusivamente por mujeres que habían desterrado a los hombres siglos atrás.
Para dar vida a estas venusinas, Universal no escatimó en glamour y contrató a varias concursantes del certamen Miss Universo 1952. Entre las guardianas del planeta destaca una joven sueca que, años más tarde, se convertiría en un icono eterno del cine bajo la lente de Fellini: Anita Ekberg. Verla aquí, en su debut estadounidense antes de La Dolce Vita, es un tesoro para cualquier historiador del cine.
Semillero de talentos y curiosidades técnicas
La película es, además, un curioso nexo de unión entre épocas y estilos. Entre los niños que aparecen al principio de la cinta, un ojo clínico podrá reconocer a un pequeño de nueve años llamado Harry Shearer. Décadas después, Shearer se convertiría en una pieza clave de la cultura popular al dar voz a personajes legendarios de Los Simpson, como el Sr. Burns o Ned Flanders.
En el apartado técnico, la cinta fue un ejemplo de optimización de recursos. Sus coches futuristas y elementos escenográficos fueron tan avanzados para su presupuesto (unos 754.000 dólares) que Universal los reutilizó años después en la joya de la ciencia ficción This Island Earth (1955). Incluso en el foso de la orquesta encontramos genio: un joven Henry Mancini daba sus primeros pasos musicales antes de regalarnos el inolvidable tema de La Pantera Rosa.
Un final de época
Aunque se rodó en el ocaso del contrato de Abbott y Costello con Universal, y en medio de tensiones personales entre ambos, la película destaca por un cambio de registro. Aquí, el dúo se aleja de sus complejos juegos de palabras (como el mítico "Who’s on First?") para abrazar un humor más físico y visual (slapstick), adaptándose a la estética de las "space operas" que dominaban la década.
Abbott and Costello Go to Mars no es solo una comedia de enredos espaciales; es una cápsula del tiempo que nos recuerda una era donde el cine se permitía soñar con otros mundos, aunque terminara aterrizando, por pura torpeza cómica, en el lugar equivocado.
El paso por el planeta Venus no fue solo un festín visual por sus decorados, sino por su reparto. La producción decidió que el planeta vecino fuera un matriarcado absoluto, habitado exclusivamente por mujeres que habían desterrado a los hombres siglos atrás.
Para dar vida a estas venusinas, Universal no escatimó en glamour y contrató a varias concursantes del certamen Miss Universo 1952. Entre las guardianas del planeta destaca una joven sueca que, años más tarde, se convertiría en un icono eterno del cine bajo la lente de Fellini: Anita Ekberg. Verla aquí, en su debut estadounidense antes de La Dolce Vita, es un tesoro para cualquier historiador del cine.
Semillero de talentos y curiosidades técnicas
La película es, además, un curioso nexo de unión entre épocas y estilos. Entre los niños que aparecen al principio de la cinta, un ojo clínico podrá reconocer a un pequeño de nueve años llamado Harry Shearer. Décadas después, Shearer se convertiría en una pieza clave de la cultura popular al dar voz a personajes legendarios de Los Simpson, como el Sr. Burns o Ned Flanders.
En el apartado técnico, la cinta fue un ejemplo de optimización de recursos. Sus coches futuristas y elementos escenográficos fueron tan avanzados para su presupuesto (unos 754.000 dólares) que Universal los reutilizó años después en la joya de la ciencia ficción This Island Earth (1955). Incluso en el foso de la orquesta encontramos genio: un joven Henry Mancini daba sus primeros pasos musicales antes de regalarnos el inolvidable tema de La Pantera Rosa.
Un final de época
Aunque se rodó en el ocaso del contrato de Abbott y Costello con Universal, y en medio de tensiones personales entre ambos, la película destaca por un cambio de registro. Aquí, el dúo se aleja de sus complejos juegos de palabras (como el mítico "Who’s on First?") para abrazar un humor más físico y visual (slapstick), adaptándose a la estética de las "space operas" que dominaban la década.
Abbott and Costello Go to Mars no es solo una comedia de enredos espaciales; es una cápsula del tiempo que nos recuerda una era donde el cine se permitía soñar con otros mundos, aunque terminara aterrizando, por pura torpeza cómica, en el lugar equivocado.
Autor: Don Hollywood

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