WATERWORLD: EL GRAN NAUFRAGIO DE KEVIN COSTNER QUE EL TIEMPO HA TERMINADO REIVINDICANDO
WATERWORLD: EL GRAN NAUFRAGIO DE KEVIN COSTNER QUE EL TIEMPO HA TERMINADO REIVINDICANDO
Durante un tiempo, Kevin Costner parecía intocable. El actor había alcanzado la cima de Hollywood gracias al éxito de Bailando con lobos, ganadora de siete premios Oscar, y había encadenado después grandes éxitos como Robin Hood, príncipe de los ladrones, El guardaespaldas y Un mundo perfecto. Su nombre era sinónimo de prestigio, popularidad y grandes taquillazos. Entonces llegó Waterworld.
La película nació como una especie de Mad Max 2: El guerrero de la carretera trasladada a un planeta completamente cubierto por el océano. La idea era sencilla y visualmente poderosa: el deshielo de los casquetes polares había provocado una inundación global que había sepultado las ciudades y obligado a los supervivientes a vivir sobre el agua. Costner decidió confiar la dirección a Kevin Reynolds, su amigo y colaborador, con quien ya había trabajado en Bailando con lobos.
También repitió el director de fotografía, Dean Semler, pero esta vez los paisajes abiertos del western fueron sustituidos por un océano aparentemente infinito. El problema fue que la ambición del proyecto comenzó a crecer a una velocidad incontrolable.
Lo que inicialmente debía ser una producción de menos de 30 millones de dólares terminó alcanzando los 175 millones, una cifra que ascendía hasta los 235 millones al sumar los gastos de promoción. Waterworld se convirtió así en la película más cara de la historia hasta ese momento. Sus 264 millones recaudados en todo el mundo no representaban un desastre absoluto, pero sí resultaban insuficientes para recuperar semejante inversión una vez descontada la parte correspondiente a los exhibidores.
La prensa, sin embargo, convirtió el proyecto en un auténtico espectáculo. El rodaje en Hawái fue largo, peligroso y extraordinariamente complicado. Un huracán destruyó parte de los decorados y obligó a reconstruirlos. Tina Majorino y Jeanne Tripplehorn estuvieron a punto de morir ahogadas, mientras que Marjorie, una de las personas implicadas en la producción, estuvo cerca de ser alcanzada por una hélice. El propio Costner vivió momentos de auténtico peligro mientras rodaba una escena en la que, inspirado en el cine de Douglas Fairbanks, permanecía atado al mástil de su trimarán.
El rodaje, previsto inicialmente para 55 días, terminó alargándose hasta 155. Tripplehorn llegó a reconocer que, de haber sabido de antemano lo que le esperaba, probablemente ni siquiera habría acudido a la reunión con los responsables del proyecto.
A todo aquello se sumaron los rumores sobre los enfrentamientos entre Costner y Reynolds, las historias acerca de la supuesta relación del actor con una bailarina hawaiana y los comentarios sobre su creciente ego y el presupuesto descontrolado. La prensa llegó incluso a rebautizar la película con nombres como “Fishtar” o “Kevin's Gate”, en referencia a dos de los grandes fracasos de los años ochenta: Ishtar y La puerta del cielo.
Pero hubo una historia que sí consiguió enfurecer realmente a Costner. Newsweek publicó que el actor había exigido añadirle cabello generado por ordenador para disimular su alopecia. «Me sorprendió muchísimo que viniera de Newsweek», declaró a CNN en 1995. «Da igual que citen una fuente, es una tontería, y son unos sinvergüenzas por publicarlo».
Curiosamente, Dennis Hopper fue uno de los que más salió en defensa del protagonista. El intérprete del villano de la película, el delirante Diácono, aseguró que Costner había trabajado muy duro durante la producción. Y no resulta difícil creerlo: el actor no solo protagonizó la película, sino que cargó sobre sus hombros buena parte de la responsabilidad de una producción que parecía empeñada en complicarse a cada paso.
La película tampoco era una propuesta sencilla de clasificar. Waterworld mezclaba western postapocalíptico, aventura marina, estética steampunk, supervivencia y una evidente parábola ecológica sobre el calentamiento global. Todo ello envuelto en batallas espectaculares, humor negro, situaciones grotescas y un villano tan exagerado como el propio mundo que habitaba.
El resultado es irregular, sí. Hay decisiones narrativas discutibles, momentos que rompen el ritmo y un clímax final que lleva la exageración hasta límites difíciles de defender. Pero también existen secuencias de enorme fuerza visual, escenas de acción muy bien construidas y momentos en los que la película se acerca a esa clase de aventura desmesurada que, precisamente por su falta de moderación, puede terminar resultando fascinante.
Con los años, Waterworld ha conseguido algo que parecía imposible en 1995: dejar de ser únicamente el símbolo de un fracaso. La película se estrenó en un año dominado por Toy Story y en un momento especialmente poco afortunado para las grandes aventuras marítimas. Ese mismo año, La isla de las cabezas cortadas también sufrió un descalabro comercial. Quizá el público simplemente no estaba dispuesto a embarcarse.
Pero el tiempo ha permitido mirar Waterworld con algo más de distancia. Y desde esa perspectiva resulta más fácil apreciar que detrás del desastre industrial había una película con una identidad visual muy marcada, una premisa singular y una ambición que, aunque terminó desbordando a sus responsables, también explica parte de su atractivo actual.
Además, quienes quieran explorar la película en profundidad cuentan con diferentes montajes. La versión cinematográfica dura aproximadamente dos horas y cuarto, mientras que el llamado TV Cut amplía el metraje hasta casi tres horas, aunque elimina algunas imágenes de desnudez y determinados diálogos. Existe también The Ulysses Cut, una versión realizada por aficionados que recupera una duración cercana a las tres horas y mantiene el material eliminado por motivos de censura.
El desastre de Waterworld no fue suficiente para hundir definitivamente a Kevin Costner, aunque después todavía llegarían otros golpes importantes. Mensajero del futuro, estrenada en 1997, costó alrededor de 80 millones de dólares y no llegó a recaudar 30 millones en los cines. Años después, tras recuperar parte de su prestigio gracias a Yellowstone, Costner volvió a apostar su propio dinero por Horizon: An American Saga, el gran proyecto de su vida sobre la conquista del Oeste, concebido inicialmente como una tetralogía que finalmente se quedó en dos películas.
Quizá esa sea la verdadera conexión entre Waterworld y Horizon. En ambos casos, Kevin Costner decidió apostar por películas que amaba, aunque el público no siempre compartiera su entusiasmo. Y tal vez ahí resida también la razón por la que Waterworld, después de haber sido presentada como uno de los mayores desastres de Hollywood, haya terminado encontrando algo parecido a una segunda vida.
No es una obra maestra. Tampoco pretende serlo. Es una película excesiva, irregular, disparatada y, en ocasiones, completamente descontrolada. Pero también es una aventura con personalidad, una superproducción que se atrevió a construir un mundo entero sobre el océano y que, contra todo pronóstico, todavía conserva la capacidad de entretener.
A veces, incluso los naufragios terminan encontrando tierra firme.
Autor: Jordi Quesada Galdeano.

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