TOM HANKS Y EL MÉTODO INTIMIDANTE DE CLINT EASTWOOD
TOM HANKS Y EL MÉTODO INTIMIDANTE DE CLINT EASTWOOD
Tom Hanks ha construido una de esas carreras que parecen pertenecer a la memoria colectiva. Basta mencionar su nombre para que aparezcan rostros, personajes y frases que forman parte de la historia popular del cine. Buena parte de esa conexión con el público nació con Forrest Gump, una película que convirtió al actor en uno de los intérpretes más queridos de varias generaciones y que dejó para siempre en la cultura popular expresiones como «¡Corre, Forrest! ¡Corre!» o aquella comparación de la vida con una caja de bombones.
Pero incluso una figura tan cercana y aparentemente accesible como Hanks ha vivido rodajes capaces de ponerle los nervios a prueba. Uno de ellos tuvo lugar durante la producción de Sully, el drama dirigido por Clint Eastwood en 2016. La película reconstruía el extraordinario caso de Chesley “Sully” Sullenberger, el piloto que en 2009 logró amerizar un avión en el río Hudson después de que una bandada de aves inutilizara sus motores. El aterrizaje, convertido en una auténtica proeza, permitió salvar a las 155 personas que viajaban a bordo.
Hanks se puso en la piel de aquel piloto convertido en héroe nacional, mientras Eastwood se situaba detrás de la cámara con su habitual estilo de trabajo: directo, preciso y aparentemente poco amigo de perder el tiempo. Una manera de entender el cine que puede resultar desconcertante incluso para un actor con la experiencia de Hanks.
El intérprete ha explicado en alguna ocasión que el método de Eastwood puede ser tremendamente intimidante. El director es conocido por su tendencia a rodar con extrema economía y por confiar, siempre que es posible, en una única toma. Para un actor acostumbrado a explorar distintas posibilidades dentro de una escena, enfrentarse a una cámara que parece decir “esta es la definitiva” puede convertirse en una presión considerable.
Hanks llegó incluso a comparar, con su característico sentido del humor, la forma de trabajar del cineasta con la manera en la que se trata a los caballos. La comparación no surgió de la nada. Eastwood comenzó a hacerse un nombre en la televisión gracias a Rawhide, el western protagonizado por Eric Fleming y en el que él interpretaba a Rowdy Yates. Según la divertida anécdota relatada por Hanks, durante aquella etapa Eastwood habría desarrollado una relación muy particular con los animales del rodaje: bastaba con que gritara «acción» para que los caballos echaran a correr.
La historia resume bastante bien la imagen que muchos tienen de Clint Eastwood: un cineasta de pocas palabras, enemigo de las complicaciones y convencido de que una escena no necesita diez intentos cuando puede funcionar a la primera. Para Hanks, sin embargo, ponerse delante de una cámara con esa filosofía al otro lado del objetivo puede ser, sencillamente, «intimidante como el infierno».
Y quizá ahí reside una de las curiosidades más interesantes del encuentro entre ambos. Hanks representa una forma de interpretar basada en la calidez, la comunicación y la capacidad de convertir a sus personajes en seres cercanos. Eastwood, en cambio, pertenece a una escuela más seca y contenida, donde cada gesto parece tener un peso específico y cada segundo de rodaje debe justificar su existencia. En Sully, esas dos sensibilidades terminaron encontrándose. El resultado fue una película sobria, contenida y profundamente humana, aunque detrás de las cámaras el aterrizaje para Tom Hanks no resultara tan sencillo como el que tuvo que recrear su personaje sobre las aguas del Hudson.
Autor: Jordi Quesada Galdeano

A día de hoy, si hay un actor sobrevalorado es Tom Hanks, a mi me parece bastante mediocre, por lo que dar lecciones de dirección a una leyenda del cine, como que no.
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