THE MANDALORIAN Y GROGU (2026). UNA AVENTURA QUE VUELVE A MIRAR A LAS ESTRELLAS

 


EL OJO CRITICO.

THE MANDALORIAN Y GROGU (2026). 

UNA AVENTURA QUE VUELVE A MIRAR A LAS ESTRELLAS

REPARTO: PEDRO PASCAL, SIGOURNEY WEAVER, JONNY COYNE, HEMKY MADERA, LONDON STUBBEFIELD, PORTIA D. HARRIS, MATTHEW WILLIG, BRENDAN WAYNE, CHRISTOPHER ALAN ROBINSON, EVAN SHAFRAN

DIRECTOR: JON FAVREAU 

MÚSICA: LUDWIG GORANSSON 

PRODUCTORA: WALT DISNEY PICTURES 

DURACIÓN: 132 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Durante demasiado tiempo, la galaxia muy, muy lejana parecía haber olvidado el camino de regreso a las salas de cine. La televisión había tomado el relevo, las series habían ensanchado el universo y el espectador se había acostumbrado a recibir sus dosis de Star Wars en capítulos. Por eso, el salto de The Mandalorian y Grogu a la gran pantalla tenía algo de acontecimiento y algo de prueba de fuego. ¿Podían Din Djarin y ese pequeño ser verde que conquistó al mundo sostener una aventura cinematográfica? La respuesta de Jon Favreau es una película que no pretende reinventar la saga, pero sí recordar por qué este universo continúa siendo capaz de despertar una emoción casi infantil cuando una nave despega, una criatura aparece entre el humo o una figura blindada camina hacia el peligro.

La película entiende que su mayor fuerza no reside en la mitología, ni en la necesidad de conectar cada acontecimiento con una futura producción, sino en la relación entre sus dos protagonistas. El Mandaloriano y Grogu siguen funcionando porque su vínculo ha dejado de ser simplemente el de un guerrero y su protegido. Entre ambos existe una especie de paternidad silenciosa, construida a base de miradas, gestos mínimos y una confianza que no necesita demasiadas palabras. Din Djarin continúa siendo un hombre de pocas frases, pero Pedro Pascal consigue que detrás del casco se perciba el cansancio, la ternura y también la incertidumbre de alguien que ha descubierto que proteger a otro puede ser una misión mucho más complicada que enfrentarse a cualquier enemigo.

Grogu, por su parte, no es únicamente el adorable reclamo que la saga descubrió casi por accidente. La película comprende que el personaje necesita crecer, adquirir una identidad propia y dejar de ser solamente el pequeño pasajero que provoca sonrisas. Sus momentos de protagonismo aportan una energía distinta al relato, una mezcla de humor, peligro y emoción que funciona especialmente bien cuando el filme deja que el personaje actúe por sí mismo.

Favreau construye una aventura de espíritu clásico, con persecuciones, criaturas, mercenarios, antiguos enemigos y la permanente sensación de que cada rincón del universo puede esconder una nueva amenaza. El problema aparece cuando la película intenta que esa estructura episódica se transforme en una epopeya de gran formato. En algunos momentos se percibe demasiado la herencia de la serie, como si varias aventuras televisivas hubieran sido reunidas dentro de una película que necesita justificar su escala cinematográfica. La historia avanza con energía, pero no siempre con la profundidad que cabría esperar de un regreso tan importante a las salas.

Aun así, The Mandalorian y Grogu tiene algo que muchas superproducciones contemporáneas han perdido: personalidad. No necesita bombardear al espectador con referencias constantes para demostrar que pertenece a Star Wars. Le basta con una melodía reconocible, una silueta recortada contra un paisaje alienígena y la certeza de que, en esta galaxia, todavía existen héroes dispuestos a enfrentarse al caos por alguien que lo necesita.

El resultado es una película irregular, pero tremendamente disfrutable. Puede que no esté destinada a cambiar para siempre el rumbo de la saga, pero sí consigue algo más sencillo y, en cierto modo, más valioso: devolver a Din Djarin y Grogu a un lugar donde siempre han funcionado mejor, el de dos personajes que avanzan juntos hacia lo desconocido. Y cuando la nave vuelve a perderse entre las estrellas, queda la sensación de que quizá no hacía falta una nueva revolución galáctica. A veces basta con volver a sentir la emoción de una aventura.

Autor: Don Hollywood



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