SCARY MOVIE (2026). LA RISA SE VISTE DE NEGRO

 




EL OJO CRITICO.

SCARY MOVIE (2026).

LA RISA SE VISTE DE NEGRO

REPARTO: ANNA FARIS, REGINA HALL, MARLON WAYANS, SHAWN WAYANS, CHERI OTERO, LOCHLYN MUNRO, DAVE SHERIDAN, JON ABRAHAMS, CHRIS ELLIOTT, DAMON WAYANS JR., GREG WAYANS, KIM WAYANS, BENNY ZIELKE

DIRECTOR: MICHAEL TIDDES 

MÚSICA: HAIM MAZAR 

PRODUCTORA: PARAMOUNT PICTURES, MIRAMAX 

DURACIÓN: 95 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Veintiséis años después de que el cine de terror descubriera que también podía convertirse en una víctima perfecta de sus propias bromas, Scary Movie regresa con una misión tan sencilla como peligrosa: volver a reírse de todo. De los asesinos enmascarados. De las franquicias resucitadas una y otra vez. De los remakes que nadie pidió. De las secuelas que prometen ser “el capítulo definitivo” mientras ya preparan el siguiente. Del terror elevado, de las precuelas, de los spin-offs y de esa palabra, “legacy”, que parece haberse convertido en una contraseña secreta para volver a abrir cualquier saga del pasado.

El problema es que el tiempo también mata. Y esta nueva Scary Movie lo sabe.

El regreso de Marlon Wayans, Shawn Wayans, Anna Faris y Regina Hall posee algo parecido a una reunión familiar en la que todos recuerdan perfectamente las viejas bromas, pero no siempre encuentran una nueva. La película se lanza contra el cine contemporáneo con una energía desvergonzada, vulgar y deliberadamente excesiva, como si quisiera recuperar aquella sensación de estar viendo una comedia que podía cruzar cualquier línea sin pedir permiso. En sus mejores momentos, lo consigue. La película se convierte entonces en una criatura desatada, capaz de pasar del slasher al terror sobrenatural, de la sátira de Hollywood a la parodia de las modas culturales, sin preocuparse demasiado por mantener la compostura.

Y precisamente ahí reside su encanto.

Scary Movie nunca ha querido ser elegante. Su territorio natural es el del golpe bajo, la cara desencajada, el cuerpo convertido en arma cómica y la referencia lanzada a toda velocidad. Cuando encuentra el ritmo adecuado, el resultado tiene una energía casi física. Uno no contempla algunas de sus escenas: sobrevive a ellas. La película dispara chistes como si fueran cuchillos, algunos se clavan, otros rebotan contra la pared y unos cuantos deberían haber sido devueltos al almacén de ideas descartadas.

El regreso de sus protagonistas originales añade una capa de nostalgia que funciona mejor cuando no se limita a recordarnos que estamos ante una reunión. Faris y Hall conservan esa química cómica que convirtió a Cindy y Brenda en algo más que simples caricaturas dentro de una parodia. Marlon y Shawn Wayans, por su parte, recuperan una energía que parecía pertenecer a otra época, pero que aquí encuentra momentos de auténtica electricidad. No todo funciona igual de bien, pero la película posee algo que muchas comedias contemporáneas han perdido: la voluntad de ser descaradamente idiota sin disfrazar sus intenciones.

También existe una curiosa paradoja en su propia existencia. Scary Movie regresa para burlarse de un Hollywood obsesionado con recuperar el pasado y, al mismo tiempo, ella misma es una recuperación del pasado. La película se ríe de las franquicias que no saben morir mientras demuestra que algunas tampoco quieren hacerlo. En ese juego de espejos aparece su mejor idea: quizá la auténtica broma no sea el nuevo cine de terror, sino nuestra incapacidad colectiva para dejar que una película, una saga o un personaje desaparezcan definitivamente.

Por supuesto, el humor es irregular. Algunas secuencias parecen construidas alrededor de una sola ocurrencia estirada hasta que pierde el aire. Otras dependen demasiado de referencias inmediatas, de esas que envejecen con la velocidad de un meme. La película no siempre distingue entre ser irreverente y limitarse a gritar más fuerte. Pero incluso en sus tropiezos conserva una personalidad que resulta casi anacrónica en el mejor y en el peor sentido.

Scary Movie no pretende reinventar la parodia. Ni siquiera parece especialmente interesada en demostrar que todavía puede hacerlo todo mejor que antes. Su objetivo es más sencillo: volver a abrir la puerta, ponerse la máscara, encender la música y comprobar si todavía queda alguien al otro lado dispuesto a reírse de una película que no tiene miedo de hacer el ridículo.

A veces la broma funciona. A veces se estrella. Pero cuando la vieja pandilla vuelve a entrar en escena y el caos comienza a apoderarse de la pantalla, se percibe algo que ninguna franquicia puede fabricar artificialmente: el placer de regresar a un tipo de comedia que no pedía disculpas por ser vulgar, absurda y completamente descontrolada.

El asesino ha vuelto. El cine de terror también. Y, aunque esta vez no todas las puñaladas alcanzan su objetivo, Scary Movie demuestra que algunas bromas, como ciertos monstruos, se niegan obstinadamente a morir.

Autor: Jordi Quesada Galdeano




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