JUGADA MAESTRA (2026). CUANDO LA HERENCIA SE CONVIERTE EN UNA CUESTIÓN DE VIDA O MUERTE
EL OJO CRITICO.
JUGADA MAESTRA (2026)
CUANDO LA HERENCIA SE CONVIERTE EN UNA CUESTIÓN DE VIDA O MUERTE
REPARTO: GLEN POWELL, MARGARET QUALLEY, ED HARRIS, JESSICA HENWICK, ZACH WOODS, TOPHER GRACE, RAFF LAW, BILL CAMP, JAMES FRECHEVILLE, NELL WILLIAMS, SEAN MICHAEL, MARTIN MUNRO, ETHAN SAUNDERS
DIRECTOR: JOHN PATTON FORD
MÚSICA: EMILE MOSSERI
PRODUCTORA: A24
DURACIÓN: 105 min.
PAÍS: REINO UNIDO, FRANCIA
La familia puede ser un refugio, una condena o, en el caso de ‘Jugada maestra’, una lista de objetivos. John Patton Ford construye una comedia negra de aroma clásico que coloca a Glen Powell en el centro de una historia tan elegante como retorcida: un hombre apartado de una familia multimillonaria que descubre que, para alcanzar la fortuna que considera legítimamente suya, quizá solo tenga que esperar a que mueran todos los que se encuentran por delante de él. O, sencillamente, acelerar el proceso.
La idea posee una perversidad irresistible. Becket Redfellow no es un asesino que nazca del vacío, sino el resultado de una frustración acumulada durante años. Ha crecido contemplando desde fuera un mundo que, en teoría, también le pertenece. La riqueza familiar se convierte para él en una obsesión, pero también en una especie de deuda moral. Su madre le ha enseñado que merece algo más. La vida, en cambio, se empeña en recordarle que el apellido adecuado puede abrir todas las puertas... salvo aquellas que se cierran por culpa del dinero.
Glen Powell entiende perfectamente la naturaleza contradictoria del personaje. Su atractivo, su sonrisa y esa facilidad para proyectar una seguridad casi insolente funcionan aquí como una trampa. Becket puede parecer encantador durante un instante y profundamente inquietante al siguiente. El actor juega con esa ambigüedad y convierte al personaje en alguien que queremos seguir incluso cuando sus decisiones empiezan a resultar moralmente indefendibles. La película sabe que su protagonista es un monstruo en construcción, pero también que los monstruos más interesantes suelen tener una explicación que ellos mismos consideran perfectamente razonable.
‘Jugada maestra’ encuentra sus mejores momentos cuando transforma la lucha de clases en una batalla familiar. La fortuna deja de ser simplemente dinero y se convierte en una obsesión capaz de deformar los recuerdos, los afectos y la propia identidad. Becket no quiere únicamente enriquecerse: quiere demostrar que aquellos que lo rechazaron se equivocaron. Y en esa necesidad de reconocimiento reside la verdadera tragedia del personaje.
Margaret Qualley aporta al relato una energía distinta, más emocional y desconcertante, mientras que el reparto secundario contribuye a dibujar ese peculiar ecosistema de privilegios, secretos y resentimientos en el que Becket se mueve como un depredador que todavía no ha terminado de descubrirse a sí mismo. La película juega con la incomodidad de contemplar cómo alguien convierte una herencia en un plan de exterminio, pero también con la ironía de una sociedad en la que la riqueza parece conceder una especie de inmunidad moral.
El gran problema de ‘Jugada maestra’ es que su propuesta resulta más brillante sobre el papel que en todos sus momentos. La película posee una premisa potentísima y un protagonista con suficiente carisma para sostenerla, pero en ocasiones parece contenerse justo cuando debería lanzarse al vacío. Su humor negro no siempre alcanza la mordacidad que promete y algunos de sus golpes satíricos se quedan a medio camino entre la crítica social y el simple entretenimiento criminal.
Aun así, resulta difícil apartar la mirada de Becket. Su descenso no se produce mediante grandes explosiones, sino a través de pequeñas decisiones que, una tras otra, van cerrando todas las salidas. Lo fascinante es observar cómo cada crimen puede ser presentado por su autor como una solución lógica. Y cuando el dinero convierte el asesinato en una cuestión administrativa, la película encuentra su tono más perverso.
‘Jugada maestra’ no siempre consigue ser tan afilada como pretende, pero sí ofrece una comedia negra con personalidad, un protagonista magnético y una historia que convierte la ambición en una enfermedad hereditaria. Porque, en el fondo, Becket no está intentando entrar en una familia. Está intentando destruirla desde dentro para ocupar el lugar que siempre creyó que le correspondía.
Y quizá esa sea la verdadera jugada maestra: descubrir que, cuando toda una vida se construye alrededor de la idea de merecerlo todo, incluso el asesinato puede llegar a parecer una simple cuestión de justicia.
Autor: Don Hollywood


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