EL CINE DE LA PRIMERA DECADA DEL 2000. COCODRILO (2000)



 EL CINE DE LA PRIMERA DECADA DEL 2000.

COCODRILO (2000)

REPARTO: MARK McLACHLAN, CAITLIN MARTIN, CHRIS SOLARI, D.W. REISER, JULIE MINTZ, SOMMER KNIGHT, RHETT WILKINS, GREG WAYNE, HARRISON YOUNG

DIRECTOR: TOBE HOOPER 

MÚSICA: SERGE COLBERT 

PRODUCTORA: NU IMAGE FILMS 

DURACIÓN: 94 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS, MEXICO

El nombre de Tobe Hooper siempre despierta expectativas entre los aficionados al terror. Después de firmar una de las películas más influyentes del género con La matanza de Texas, cualquier nuevo proyecto suyo invita a pensar en una experiencia inquietante y cargada de personalidad. Cocodrilo, estrenada en el año 2000, pertenece a una etapa diferente de su carrera, marcada por producciones de presupuesto contenido y destinadas al mercado doméstico, pero conserva algunos rasgos reconocibles de un cineasta que sabía cómo convertir los espacios abiertos en escenarios de angustia.

La historia arranca con un grupo de jóvenes que decide pasar unos días de diversión navegando por un lago situado en una apartada región desértica. La excursión, marcada inicialmente por el ambiente festivo y las tensiones sentimentales entre sus protagonistas, cambia de rumbo cuando irrumpen en el territorio de un gigantesco cocodrilo que protege ferozmente su nido. Desde ese momento, el relato abandona cualquier intención contemplativa para transformarse en una persecución constante donde la naturaleza se convierte en una fuerza implacable.

Lejos de intentar reinventar el cine de monstruos, Hooper abraza sin complejos muchos de los elementos clásicos del subgénero. El aislamiento, la incapacidad de escapar, las decisiones equivocadas de los personajes y la presencia de un depredador casi indestructible construyen una narración sencilla pero eficaz. La película nunca pretende ofrecer una reflexión profunda, sino mantener un ritmo ágil apoyado en la tensión creciente y en la amenaza permanente que representa el enorme reptil.

Uno de sus principales aciertos reside en el tratamiento del escenario. El inmenso paisaje árido transmite una sensación de vulnerabilidad constante. Aunque los protagonistas disponen de grandes espacios para huir, la inmensidad juega en su contra, convirtiendo cada intento de escapar en una carrera desesperada hacia ninguna parte. Hooper aprovecha esa contradicción para reforzar la sensación de indefensión, recordando que el peligro no siempre necesita esconderse entre las sombras para resultar aterrador.

El cocodrilo protagonista cumple con solvencia su función como criatura amenazante. Los efectos especiales combinan animatrónica y recursos digitales propios de la época con resultados desiguales, aunque suficientes para construir una presencia física convincente en muchos momentos. La bestia aparece con relativa moderación, una decisión acertada que evita desgastar demasiado su impacto y permite que cada ataque conserve un cierto efecto sorpresa.

El reparto responde a los cánones habituales del cine de supervivencia juvenil. Los personajes no destacan por una gran profundidad psicológica, pero sus conflictos personales sirven para generar pequeñas fricciones que enriquecen la dinámica del grupo antes de que el horror termine imponiéndose. La evolución dramática resulta previsible, aunque encaja dentro de una propuesta que nunca pierde de vista su vocación de entretenimiento.

No todo funciona con la misma eficacia. Algunos diálogos resultan excesivamente convencionales y determinadas situaciones parecen construidas únicamente para conducir al siguiente ataque del animal. El desarrollo sigue una estructura muy conocida, sin apenas espacio para la sorpresa narrativa, lo que resta intensidad a determinados pasajes. Además, quienes esperen la crudeza o la perturbadora atmósfera de las obras más celebradas de Hooper probablemente encontrarán una versión mucho más contenida de su talento.

Aun así, Cocodrilo mantiene un ritmo constante que evita el aburrimiento y demuestra que una premisa sencilla puede sostener una película entretenida cuando se administra correctamente la tensión. El director sabe dosificar los momentos de calma y los estallidos de violencia, ofreciendo un espectáculo de terror ligero que encuentra su mayor virtud en la eficacia con la que explota el miedo a un depredador ancestral.

Sin alcanzar las cotas más altas de la filmografía de Tobe Hooper, Cocodrilo permanece como una muestra digna del cine de criaturas que proliferó a comienzos del nuevo milenio. Su propuesta no aspira a revolucionar el género, pero sí consigue ofrecer una aventura de supervivencia dinámica, con una atmósfera opresiva y suficientes momentos de suspense para satisfacer a quienes disfrutan viendo cómo la naturaleza recupera, durante unas horas, el control absoluto sobre el ser humano.

Autor: Don Hollywood




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