CUANDO HOLLYWOOD HEREDA EL APELLIDO: EL NEPOTISMO QUE SIEMPRE ESTUVO ALLÍ.
CUANDO HOLLYWOOD HEREDA EL APELLIDO: EL NEPOTISMO QUE SIEMPRE ESTUVO ALLÍ.
Cada cierto tiempo Hollywood descubre un nuevo término para describir una realidad que, en verdad, lleva acompañando a la industria desde sus orígenes. En los últimos años, la expresión nepo baby se ha instalado con fuerza en titulares, entrevistas y debates en redes sociales para señalar a aquellos actores y actrices que han llegado al cine y la televisión con una ventaja evidente: pertenecer a una familia ya consolidada dentro del espectáculo.
La discusión suele centrarse en los nombres más jóvenes del panorama actual. Intérpretes como Emma Roberts, Dakota Johnson, Maya Hawke, Lily-Rose Depp, Margaret Qualley o Jack Quaid son señalados con frecuencia como ejemplos de una generación que habría encontrado abiertas puertas que para otros permanecen cerradas. Para muchos críticos de este fenómeno, estas carreras serían el reflejo de una industria que premia los apellidos conocidos por encima del talento emergente.
Sin embargo, presentar el nepotismo como una enfermedad moderna resulta una visión bastante limitada de la historia del cine. Mucho antes de que existieran las redes sociales, las plataformas de streaming o el concepto mismo de nepo baby, Hollywood ya funcionaba como una gran red de familias cuyos miembros pasaban de una generación a otra frente y detrás de las cámaras.
Basta con mirar algunas de las figuras más importantes del cine estadounidense. Michael Douglas heredó el legado de su padre, Kirk Douglas. Angelina Jolie creció siendo hija del actor Jon Voight. Jennifer Aniston nació en una familia vinculada a la interpretación gracias a John Aniston. Lo mismo ocurrió con Jamie Lee Curtis, descendiente de dos leyendas como Tony Curtis y Janet Leigh, o con Liza Minnelli, hija de la inolvidable Judy Garland y del prestigioso director Vincente Minnelli.
Las conexiones familiares tampoco fueron una excepción entre los grandes actores masculinos de las décadas posteriores. Jeff Bridges creció observando el trabajo de sus padres, Lloyd y Dorothy Bridges, mientras que Josh Brolin llegó a la profesión siguiendo la estela de James Brolin. Lo que hoy se debate como un fenómeno reciente formaba parte del paisaje habitual de Hollywood mucho antes de que se acuñara una etiqueta para describirlo.
Más llamativo aún es el caso de las auténticas dinastías cinematográficas. Los Fonda construyeron una de las sagas familiares más reconocibles del cine norteamericano cuando Henry Fonda abrió el camino que después seguirían sus hijos Jane y Peter. Los Carradine hicieron algo parecido: John Carradine dejó una huella tan profunda que sus hijos David, Keith y Robert continuaron una tradición artística que se extendió durante décadas.
La familia Huston representa otro ejemplo fascinante de cómo el talento y los contactos pueden convivir en una misma genealogía. Walter Huston, su hijo John Huston y los descendientes de este formaron una cadena creativa única. De hecho, John Huston dirigió tanto a su padre como a su hija Anjelica en las interpretaciones que terminarían otorgándoles el Oscar, un hecho difícil de igualar en la historia de la Academia.
Y si existe una familia capaz de simbolizar la influencia heredada dentro del cine estadounidense, esa es sin duda la de los Coppola. Francis Ford Coppola se convirtió en el centro de un árbol genealógico artístico extraordinario. Su padre, Carmine Coppola, colaboró en varias de sus películas como compositor. Sus hijos, Sofia y Roman Coppola, desarrollaron exitosas carreras como cineastas y guionistas. A su alrededor aparecieron además figuras tan populares como Nicolas Cage, sobrino del director, o Jason Schwartzman, perteneciente igualmente a la extensa red familiar.
Tampoco puede olvidarse a los Barrymore, una estirpe que ha atravesado generaciones enteras del espectáculo estadounidense y cuyo legado sigue vivo gracias a figuras como Drew Barrymore. Su historia demuestra que la transmisión de oportunidades dentro de una misma familia no es una anomalía reciente, sino una constante que se repite una y otra vez desde los primeros años del cine.
La cuestión, por tanto, quizá no sea si el nepotismo existe en Hollywood, porque siempre ha existido. La verdadera pregunta es hasta qué punto el talento consigue justificar esas oportunidades heredadas. Porque la historia demuestra que muchos de esos hijos, sobrinos y nietos llegaron gracias a sus apellidos, pero también que varios de ellos terminaron construyendo carreras lo suficientemente sólidas como para escapar de la sombra de sus familias. El debate sigue abierto, pero una cosa parece clara: los llamados nepo babies no son una creación del siglo XXI. Son, simplemente, la versión moderna de una tradición tan antigua como la propia fábrica de sueños.

Hay algunos hijos de famosos que lo están haciendo bien, como es el caso de Scott Eastwood, que parece un calco de su padre cuando hizo la trilogía del dólar. Ojala le llegue pronto su gran pelicula y lo convierta en una gran estrella. Sino tenemos en pantalla al padre, al menos tendremos al hijo.
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