QUENTIN TARANTINO CONTRA EL COLOSO EN LLAMAS: «ES IMPACTANTE LO MALA QUE ES»
QUENTIN TARANTINO CONTRA EL COLOSO EN LLAMAS: «ES IMPACTANTE LO MALA QUE ES»
Quentin Tarantino nunca ha sido demasiado partidario de guardar silencio cuando una película no le convence. En un mundo cinematográfico donde directores y actores suelen medir cada palabra por respeto a sus colegas, el cineasta estadounidense ha construido precisamente parte de su personalidad pública haciendo lo contrario: hablar de cine sin filtros, elogiar lo que admira y atacar sin demasiados rodeos aquello que considera fallido.
Una de sus opiniones más contundentes tuvo como objetivo una película que, sobre el papel, parecía difícil de cuestionar. El coloso en llamas, estrenada en 1974, fue un enorme éxito comercial, consiguió tres premios Oscar y llegó incluso a competir por el galardón a la mejor película. Dirigida por John Guillermin e Irwin Allen, se convirtió en uno de los grandes espectáculos cinematográficos de su época.
Tarantino, sin embargo, no comparte esa admiración.
En una conversación con Bret Easton Ellis, el director de Pulp Fiction comparó el cine de catástrofes de los años setenta con el posterior fenómeno de las películas de superhéroes. Su argumento era directo: en ambos casos, la industria podía terminar priorizando el espectáculo y la rentabilidad por encima de la historia. Pero su valoración de El coloso en llamas fue todavía más severa. Después de volver a verla, llegó a afirmar que resultaba sorprendente que una película que consideraba tan mala hubiera sido nominada al Oscar a la mejor película.
La crítica no se dirigía únicamente contra un título concreto. Tarantino cuestionaba toda una forma de entender el cine basada en el impacto visual, las grandes estrellas, la destrucción masiva y el atractivo de un acontecimiento cinematográfico convertido en producto. Desde su perspectiva, el éxito de una película no garantiza necesariamente que exista una buena historia detrás.
La ironía es que El coloso en llamas reúne precisamente muchos de los elementos que hicieron del cine de catástrofes uno de los grandes fenómenos de Hollywood. Un rascacielos de San Francisco celebra su inauguración con una fiesta a la que acuden políticos, empresarios y figuras de la alta sociedad. Todo parece diseñado para exhibir lujo y poder hasta que un cortocircuito provoca un incendio en las plantas superiores.
A partir de ese momento, el edificio se convierte en una trampa vertical. Las llamas avanzan, las salidas desaparecen y los invitados quedan atrapados en un escenario donde la grandiosidad del rascacielos se transforma en su mayor amenaza.
Paul Newman, una de las grandes estrellas de su generación, encabeza un reparto que también cuenta con nombres como Steve McQueen. El actor, capaz de moverse con naturalidad entre el drama, la aventura y el cine más comercial, era uno de los rostros perfectos para un espectáculo de semejantes dimensiones. Su trayectoria incluía títulos tan importantes como Dos hombres y un destino, El golpe o Camino a la perdición.
Pero ni siquiera el prestigio de Newman, el éxito de taquilla, los premios o la candidatura al Oscar lograron convencer a Tarantino. Para él, El coloso en llamas representa un modelo de cine en el que la espectacularidad puede acabar devorando a la propia película.
Y quizá ahí reside una de las razones por las que sus opiniones siguen generando tanta atención. Tarantino no habla como un espectador neutral ni pretende hacerlo. Sus filias y sus fobias forman parte de su identidad cinematográfica. Puede defender una película despreciada por la mayoría o cargar contra un clásico consagrado sin preocuparse demasiado por las consecuencias.
En su universo, el respeto por la historia del cine no significa aceptar todas sus decisiones. También significa discutirlas. Y para Quentin Tarantino, El coloso en llamas es uno de esos casos en los que el espectáculo, por mucho que arda, no consigue salvar la película.
Autor: Django il bastardi

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