EL OJO CRITICO. TORRENTE PRESIDENTE (2026)

 


EL OJO CRITICO.

TORRENTE PRESIDENTE (2026)

REPARTO: SANTIAGO SEGURA, KEVIN SPACEY, ALEC BALDWIN, GABINO DIEGO, RAMON LANGA, CARLOS ARECES, FRANCISCO NICOLAS, WILLY BARCENAS, CAÑITA BRAVA, BARRAGAN, JOSE LUIS MORENO, OMAR MONTES, DAVID GUAPO

DIRECTOR: SANTIAGO SEGURA 

MÚSICA: ROQUE BAÑOS 

PRODUCTORA: SONY PICTURES ESPAÑA 

DURACIÓN: 102 min.

PAÍS: ESPAÑA

Pocas criaturas del cine español poseen la capacidad de sobrevivir al paso del tiempo como José Luis Torrente. Lo que nació hace casi tres décadas como una sátira grotesca de la España más rancia regresa ahora convertido en un aspirante a la presidencia del Gobierno, una premisa tan delirante que, por momentos, parece peligrosamente cercana a la realidad. Santiago Segura entiende perfectamente que el mejor combustible para su personaje sigue siendo el exceso, y Torrente presidente convierte la política en el escenario perfecto para desatar una tormenta de incorrección, chistes salvajes y situaciones tan absurdas como reconocibles.

Desde sus primeros minutos, la película recupera el espíritu más gamberro de la saga. Torrente continúa siendo ese individuo miserable, egoísta, machista, racista y orgullosamente ignorante que jamás aprende nada. Precisamente ahí reside la esencia del personaje: no pretende evolucionar, sino servir como un espejo deformado donde la sociedad contempla sus peores defectos magnificados hasta el esperpento.

Santiago Segura dirige la función con el pulso de quien conoce al dedillo las reglas de este universo. La narración avanza con un ritmo vertiginoso, enlazando gags visuales, cameos, referencias a la actualidad y un desfile constante de situaciones disparatadas. El humor funciona mejor cuando se atreve a ridiculizar a todos sin excepción, disparando hacia cualquier ideología, personaje público o moda pasajera con la misma falta de escrúpulos que siempre ha definido la franquicia.

No todos los chistes alcanzan el mismo nivel. Algunos recurren a fórmulas demasiado familiares para quienes llevan acompañando a Torrente desde finales de los noventa, y existe cierta sensación de repetición en determinados recursos cómicos. Sin embargo, incluso cuando el ingenio baja ligeramente la intensidad, la película mantiene intacta una energía contagiosa que impide que el espectáculo se estanque.

Segura también demuestra una habilidad especial para entender qué espera su público. No intenta transformar a Torrente en un personaje moderno ni suavizar sus aristas para adaptarlo a los nuevos tiempos. Al contrario, utiliza precisamente ese anacronismo como herramienta satírica. El protagonista representa una reliquia humana incapaz de comprender el mundo que lo rodea, aunque paradójicamente consigue prosperar en medio del caos político que plantea la historia.

Visualmente, la producción luce más ambiciosa que muchas comedias españolas recientes. Las secuencias multitudinarias, la puesta en escena de los actos electorales y varios momentos de acción aportan una dimensión espectacular que ayuda a que la película nunca parezca pequeña. La banda sonora acompaña el tono festivo mientras la realización mantiene un dinamismo constante que favorece la comicidad.

Uno de los mayores aciertos consiste en utilizar la campaña electoral como un inmenso parque de atracciones para el disparate. Promesas imposibles, asesores incompetentes, debates convertidos en circos mediáticos y una maquinaria política completamente desquiciada construyen un escenario donde Torrente, sorprendentemente, parece sentirse como pez en el agua. La sátira resulta eficaz precisamente porque no necesita señalar a un único objetivo: convierte el ecosistema político entero en una caricatura feroz.

Torrente presidente tampoco pretende reinventar la saga. Su objetivo es recordar por qué este personaje continúa siendo uno de los iconos más populares del cine español. Quienes nunca hayan conectado con su humor difícilmente cambiarán de opinión, pero los seguidores encontrarán exactamente aquello que esperan: incorrección, irreverencia y un festival de excesos narrado con una convicción absoluta.

Al terminar la proyección queda la sensación de haber asistido a una enorme fiesta del mal gusto cuidadosamente orquestada, donde cada chiste, cada cameo y cada barbaridad forman parte de un mecanismo diseñado para provocar la carcajada sin pedir permiso. Santiago Segura vuelve a demostrar que Torrente sigue siendo un personaje incómodo, exagerado y profundamente incorrecto, pero también uno de los pocos capaces de convertir la sátira política en un espectáculo popular que, entre risas, deja más de una verdad flotando en el ambiente.





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