EL OJO CRITICO. EL DIABLO VISTE DE PRADA 2 (2026)

 


EL OJO CRITICO.

EL DIABLO VISTE DE PRADA 2 (2026)

REPARTO: MERYL STREEP, ANNE HATHAWAY, EMILY BLUNT, STANLEY TUCCI, JUSTIN THEROUX, KENNETH BRANAGH, LADY GAGA, LUCY LIU, SIMONE ASHLEY, B. J. NOVAK, TRACIE THOMS, PAULINE CHALAMET, CALEB HEARON

DIRECTOR: DAVID FRANKEL 

MÚSICA: THEODORE SHAPIRO 

PRODUCTORA: 20TH CENTURY STUDIOS 

DURACIÓN: 120 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

Veinte años después, el universo de El diablo viste de Prada regresa con una secuela que sabe perfectamente cuál fue la razón de convertirse en un fenómeno cultural. No intenta copiar el encanto de la película original, aunque tampoco renuncia a jugar con la nostalgia. Su mayor virtud consiste en asumir que el mundo ha cambiado y que sus protagonistas también debían hacerlo.

La moda continúa ocupando un lugar privilegiado, pero ya no es el verdadero tema de la película. Los desfiles, las firmas de lujo y los estilismos espectaculares funcionan como un elegante decorado para hablar de algo mucho más interesante: la desaparición del periodismo tradicional, la tiranía de los algoritmos y la lucha por conservar la relevancia en una industria que parece reinventarse cada seis meses.

David Frankel vuelve a dirigir con la misma elegancia visual que hizo inolvidable la primera entrega. La cámara sigue disfrutando de cada pasarela, de cada despacho y de cada entrada triunfal de Miranda Priestly, pero ahora la puesta en escena posee un tono más melancólico. La sensación permanente es la de asistir al final de una época, como si la revista Runway representara el último gran bastión de un modelo que se resiste a desaparecer.

Meryl Streep demuestra, una vez más, que Miranda Priestly pertenece ya a ese reducido grupo de personajes inmortales del cine contemporáneo. Bastan una mirada o una pausa antes de pronunciar una frase para dominar cualquier escena. Sin embargo, la película tiene el acierto de no convertirla en una caricatura de sí misma. Bajo la armadura de perfección aparece una mujer consciente de que incluso las figuras más poderosas acaban enfrentándose al paso del tiempo y a un mundo que ya no responde a las mismas reglas.

Anne Hathaway recupera a Andy Sachs desde una posición completamente distinta. Ya no es aquella joven insegura que llegaba deslumbrada a Runway, sino una profesional con criterio propio y cicatrices suficientes para no dejarse intimidar con facilidad. El reencuentro entre ambas evita caer en el enfrentamiento fácil y construye una relación mucho más rica, llena de respeto, resentimiento y admiración mutua.

Emily Blunt también encuentra espacio para brillar. Su personaje ha evolucionado hasta convertirse en una ejecutiva capaz de plantar cara a quien antes era su referente, aportando algunos de los momentos más afilados de una historia que sabe utilizar el humor sin perder nunca la elegancia.

Si existe un punto débil, aparece precisamente donde muchos esperaban encontrar su mayor fortaleza. El guion juega sobre seguro en demasiadas ocasiones. Algunas situaciones buscan deliberadamente despertar la emoción mediante referencias a la película de 2006, y aunque funcionan por el cariño que el público siente hacia estos personajes, transmiten la sensación de que la secuela teme romper definitivamente con su propio pasado.

Aun así, el equilibrio entre comedia, drama y reflexión resulta notable. La película entiende que el verdadero lujo no está en un bolso exclusivo ni en un vestido de alta costura, sino en conservar la identidad cuando todo alrededor obliga a cambiar para sobrevivir. Esa idea atraviesa toda la narración y le concede una profundidad inesperada.

Visualmente sigue siendo un espectáculo impecable. El vestuario vuelve a convertirse en un lenguaje narrativo, la fotografía mantiene un refinamiento exquisito y la banda sonora acompaña con discreción una historia que prefiere emocionar desde los personajes antes que desde el artificio.

El diablo viste de Prada 2 no alcanza el impacto revolucionario de su predecesora, algo que probablemente era imposible, pero sí consigue justificar su existencia. Es una secuela madura, consciente del peso del legado que carga sobre los hombros y lo bastante inteligente como para no vivir únicamente de él. Más que una celebración del mundo de la moda, termina siendo una reflexión sobre el tiempo, el éxito y la dificultad de seguir siendo imprescindible cuando todo parece diseñado para sustituirte. Y eso, en una industria tan cambiante como el cine o la moda, convierte su regreso en una propuesta mucho más interesante de lo que muchos podían esperar.




Comentarios

  1. Uff!!! mas de lo mismo, pero para un resultado en mi opinión, que es peor que la primera entrega y ya es decir. Por salvar algo de la peli, lo haría con la figura de Stanley Tucci que sigue siendo lo mejor; y lo peor es una Meryl Streep que parece que este esperando el cheque de cobro sin despeinarse o desvestirse, nunca mejor dicho.

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