EL CINE DE LOS AÑOS 70. LAS AMANTES DE LA ISLA DEL DIABLO (1974)
EL CINE DE LOS AÑOS 70.
LAS AMANTES DE LA ISLA DEL DIABLO (1974)
REPARTO: DENNIS PRICE, ANDRES RESINO, GENEVIEVE ROBERT, ROSA PALOMAR, JOSYANE GIBERT, DANIELLE GODET, GOGO ROJO, HOWARD VERNON, LUIS BARBOO, LINA ROMAY, ANNE LIBERT, EDUARDA PIMENTA, JEAN GUEDES
DIRECTOR: JESUS FRANCO
MÚSICA: BRUNO NICOLAI
PRODUCTORA: FENIX COOPERATIVA CINEMATOGRAFICA
DURACIÓN: 77 min.
PAÍS: FRANCIA, ESPAÑA
La historia sitúa al espectador en una remota prisión insular donde un régimen de castigos, abusos y humillaciones convierte la existencia de las reclusas en un auténtico infierno. Desde sus primeros minutos, Franco deja claro que no busca una narración convencional ni una exploración psicológica profunda de sus personajes. Su objetivo es construir una atmósfera enfermiza donde el sufrimiento, el deseo y la violencia se mezclan en una espiral cada vez más oscura.
Lo más llamativo del filme es precisamente esa capacidad para generar incomodidad. La isla se convierte en un espacio aislado del mundo, una especie de limbo donde las reglas morales parecen haber desaparecido por completo. Los personajes viven atrapados en una realidad dominada por la corrupción y el abuso de poder, mientras la cámara de Franco observa ese universo con una mezcla de fascinación y perversidad que define buena parte de su cine.
Visualmente, la película posee algunos de los rasgos más reconocibles de su director. Los movimientos de cámara son inquietos, a menudo hipnóticos, y la fotografía aprovecha los escenarios naturales para crear una sensación constante de aislamiento. El mar, las rocas y los espacios abiertos contrastan con la opresión psicológica que sufren las protagonistas. Esa contradicción entre la belleza del entorno y la brutalidad de lo que ocurre en él aporta una dimensión casi onírica a la propuesta.
Las interpretaciones funcionan más como piezas de una atmósfera general que como personajes desarrollados en profundidad. Franco nunca estuvo especialmente interesado en el realismo interpretativo, y aquí vuelve a privilegiar las sensaciones por encima de la construcción dramática tradicional. Los protagonistas parecen figuras atrapadas en una pesadilla sin salida, seres condenados a repetir una cadena interminable de violencia y deseo.
Naturalmente, vista desde una sensibilidad contemporánea, la película resulta problemática en numerosos aspectos. Su representación de la violencia, su explotación del cuerpo femenino y su tendencia al sensacionalismo son elementos difíciles de ignorar. Sin embargo, también forman parte inseparable de un tipo de cine muy concreto, nacido en una época en la que los límites de lo permitido se exploraban constantemente desde la provocación más extrema.
Más allá de sus evidentes excesos, Las amantes de la isla del diablo posee una personalidad visual que impide olvidarla fácilmente. No es una película elegante ni especialmente refinada, pero sí una obra que respira libertad creativa en cada plano. Franco construye un mundo enfermizo, decadente y profundamente perturbador que puede provocar rechazo en muchos espectadores, pero que también conserva una extraña capacidad de fascinación.
Al terminar la proyección queda la sensación de haber visitado un rincón especialmente oscuro del cine europeo de los setenta. Un lugar donde la lógica narrativa importa menos que la creación de una atmósfera malsana y obsesiva. Como muchas de las mejores —y peores— películas de Jesús Franco, Las amantes de la isla del diablo es una experiencia que se contempla entre la atracción y el desconcierto, incapaz de dejar indiferente a quien se atreva a adentrarse en sus aguas turbulentas.


No es de lo peor de Jesús Franco, no obstante tampoco es una buena pelicula. Digamos que es de las que se deja ver, siendo un producto que intenta ser una versión femenina y de camino hacer creer que es un estilo parecido de la pelicula de unos años antes, Papillon. Lógicamente, no falta decir que el cine del tio Jess, no es lo mismo que el de Franklin J. Schaffner.
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