EL CINE DE LA PRIMERA DECADA DEL 2000. DESTINO FINAL (2000)
EL CINE DE LA PRIMERA DECADA DEL 2000.
DESTINO FINAL (2000)
REPARTO: DEVON SAWA, ALI LARTER, KERR SMITH, SEAN WILLIAM SCOTT, KRISTEN CLOKE, TONY TODD, DANIEL ROEBUCK, ROGER GUENVEUR SMITH, CHAD DONELLA, AMANDA DETMER, BRENDAN FEHR, FORBES ANGUS
DIRECTOR: JAMES WONG
MÚSICA: SHIRLEY WALKER
PRODUCTORA: NEW LINE CINEMA
DURACIÓN: 98 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Pocas películas de terror lograron revolucionar una fórmula aparentemente agotada con una idea tan sencilla como brillante. Destino final no necesitó asesinos enmascarados, monstruos sobrenaturales ni casas encantadas para construir una de las propuestas más originales del género a comienzos del nuevo milenio. Su gran acierto consistió en convertir a la propia muerte en una presencia invisible, inevitable y extraordinariamente paciente, capaz de sembrar el miedo sin necesidad de mostrarse jamás ante la cámara.
Todo comienza cuando Alex Browning, un estudiante que está a punto de viajar con su clase a París, experimenta una aterradora premonición: el avión en el que va a embarcar explotará pocos segundos después del despegue. Presa del pánico, obliga a varios compañeros y a una profesora a abandonar la aeronave. Instantes más tarde, la tragedia se hace realidad. Lo que parece un milagro pronto se transforma en una pesadilla cuando los supervivientes empiezan a morir uno tras otro en circunstancias tan extrañas como escalofriantes. La pregunta deja de ser quién será la próxima víctima para convertirse en algo mucho más inquietante: ¿es posible escapar del destino?
James Wong dirige la historia con una inteligencia poco habitual dentro del cine comercial de terror de la época. En lugar de confiar exclusivamente en los sobresaltos, construye una atmósfera basada en la anticipación. Cada objeto cotidiano, cada cable mal colocado, cada cuchillo olvidado sobre una mesa o cada gota de agua adquieren un significado amenazador. El espectador observa cada escena buscando desesperadamente la pista que desencadenará la siguiente tragedia, convirtiéndose casi sin darse cuenta en parte activa del juego macabro que propone la película.
Ese mecanismo narrativo constituye una de sus mayores virtudes. La tensión no surge únicamente del desenlace de cada secuencia, sino del recorrido que conduce hasta él. Wong prolonga los momentos previos a cada muerte con una precisión admirable, manipulando la atención del público mediante falsos indicios, pequeños accidentes y una puesta en escena que convierte lo cotidiano en una amenaza constante. El suspense alcanza así un nivel de eficacia pocas veces visto en el cine de terror adolescente de aquellos años.
Devon Sawa sostiene con solvencia el peso de la narración gracias a un protagonista que evoluciona desde el desconcierto hasta la obsesión absoluta por comprender unas reglas que parecen desafiar toda lógica. A su alrededor, Ali Larter aporta humanidad y determinación, mientras Kerr Smith, Seann William Scott y el resto del reparto cumplen con eficacia dentro de un conjunto donde la verdadera estrella nunca es un personaje concreto, sino esa fuerza invisible que persigue incansablemente a todos ellos.
Los efectos especiales, sin resultar excesivos, continúan funcionando con notable eficacia. Las escenas de las muertes están diseñadas como auténticos mecanismos de relojería, donde cada pequeño detalle contribuye a desencadenar una reacción en cadena tan espectacular como cruel. Algunas de ellas permanecen grabadas en la memoria precisamente porque explotan miedos cotidianos que cualquier persona puede reconocer: un baño, una cocina, una carretera o una simple taza de café dejan de ser espacios seguros para convertirse en posibles escenarios del horror.
El guion también acierta al no ofrecer respuestas definitivas. La muerte carece de rostro, de voz y de explicaciones. No existe una criatura contra la que luchar ni un ritual capaz de detenerla. Esa ausencia de certezas multiplica la angustia, ya que convierte el conflicto en algo prácticamente imposible de vencer. El enemigo es una idea, una fuerza inevitable que parece corregir cualquier alteración del orden natural.
No todo resulta perfecto. Algunos personajes secundarios responden a estereotipos propios del cine juvenil de finales de los noventa y determinados diálogos evidencian cierta simplicidad. Además, la película prioriza el ingenio de sus situaciones sobre la profundidad emocional de sus protagonistas. Sin embargo, esos pequeños desequilibrios apenas afectan al enorme poder de una propuesta que encuentra en su concepto una fuente inagotable de tensión.
Destino final marcó el nacimiento de una de las franquicias de terror más populares del siglo XXI porque supo ofrecer algo realmente distinto. En lugar de preguntarnos quién mata, nos obliga a preguntarnos cuándo y de qué forma llegará lo inevitable. Esa brillante inversión de las reglas convirtió una idea aparentemente sencilla en un fenómeno cinematográfico que todavía hoy mantiene intacta buena parte de su capacidad para inquietar. Pocas veces el destino resultó tan aterrador y, al mismo tiempo, tan fascinante de contemplar.
Autor: Don Hollywood


Una de las mejores peliculas y sagas de la historia del cine reciente. Lo mejor las muertes, y la capacidad de sorprender que tienen.
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