75 AÑOS DE "EXTRAÑOS EN UN TREN": EL SUBTEXTO QUE HITCHCOCK ESCONDIÓ A PLENA VISTA

 


75 AÑOS DE "EXTRAÑOS EN UN TREN": EL SUBTEXTO QUE HITCHCOCK ESCONDIÓ A PLENA VISTA

Setenta y cinco años después de su estreno, Extraños en un tren vuelve a ocupar un lugar destacado en el debate cinematográfico. La efeméride ha reavivado el interés por uno de los aspectos más analizados de la película de Alfred Hitchcock: el subtexto homosexual que atraviesa buena parte de la historia y que, durante décadas, permaneció oculto bajo las estrictas normas de censura del Hollywood clásico.

El origen de la película se encuentra en la primera novela de Patricia Highsmith, una autora prácticamente desconocida cuando Hitchcock quedó fascinado por su relato. Convencido de que aquella historia reunía todos los elementos que buscaba —obsesión, culpa, identidades enfrentadas y una inquietante conexión entre dos hombres—, el director adquirió los derechos de forma anónima por apenas 7.500 dólares. Era una inversión calculada en un momento delicado de su carrera, tras la fría acogida comercial de varios de sus trabajos anteriores.

Sin embargo, trasladar la novela al cine suponía un reto considerable. La obra de Highsmith estaba impregnada de una tensión homoerótica imposible de trasladar de forma explícita a la pantalla debido al Código Hays, que limitaba severamente cualquier representación de la homosexualidad. En aquella época, numerosos cineastas recurrieron al lenguaje de la insinuación para sortear la censura, dejando pistas que solo una parte del público era capaz de interpretar.

La propia Highsmith, cuya orientación sexual sería conocida públicamente muchos años después gracias a sus diarios y biografías, convertiría más adelante esa ambigüedad en uno de los rasgos más característicos de sus novelas, especialmente en las protagonizadas por Tom Ripley. Hitchcock entendió desde el principio que esa dualidad era una pieza esencial de la historia, aunque debía expresarse mediante gestos, símbolos y silencios.

El desarrollo del guion fue también un camino lleno de obstáculos. El primer tratamiento fue elaborado por Whitfield Cook, colaborador habitual del director, quien diseñó la estructura narrativa y visual sobre la que acabaría construyéndose la película. Aun así, Hitchcock continuó buscando un guionista que diera forma definitiva al proyecto.

Tras intentar incorporar sin éxito a Dashiell Hammett, el realizador terminó trabajando con Raymond Chandler. La colaboración resultó tormentosa desde el principio. Chandler defendía un cine centrado en los personajes, mientras Hitchcock concebía la puesta en escena como el verdadero motor del relato. Las diferencias creativas se mezclaron con el difícil carácter del escritor y con una relación personal marcada por constantes desencuentros.

Finalmente, Hitchcock dejó a un lado buena parte del trabajo de Chandler y recuperó el tratamiento original de Cook. La escritura definitiva recayó en Czenzi Ormonde, con la ayuda de Ben Hecht, Barbara Keon y Alma Hitchcock. Aunque Chandler conservó el crédito oficial, siempre sostuvo que el resultado final apenas conservaba elementos de sus aportaciones.

Con el libreto terminado, llegó el momento de encontrar a los protagonistas. Robert Walker fue elegido para interpretar a Bruno Antony, un personaje cuya elegancia, refinamiento, insistencia y fascinación por Guy Haines han sido objeto de numerosos estudios académicos. Muchos especialistas consideran que Hitchcock construyó deliberadamente a Bruno como un personaje queer codificado, utilizando el vestuario, la gestualidad y el comportamiento para sugerir aquello que la censura impedía mostrar de forma abierta.

Para el papel de Guy, Hitchcock pensó inicialmente en William Holden, pero su negativa abrió la puerta a Farley Granger, uno de los actores con los que ya había trabajado en La soga. Décadas después se haría pública la bisexualidad del intérprete, un hecho que algunos investigadores consideran especialmente interesante al analizar la química que mantiene con Walker durante toda la película.

Las conexiones con La soga no terminan ahí. Arthur Laurents, guionista de aquel filme y abiertamente homosexual, explicó años más tarde que dentro del entorno profesional de Hitchcock era habitual conocer la orientación sexual de muchos intérpretes y colaboradores, y que, en ocasiones, esa sensibilidad formaba parte del propio proceso creativo. El escritor también reveló en sus memorias que mantuvo una relación sentimental con Farley Granger durante los años cuarenta.

Buena parte de estas lecturas aparecen recogidas en The Celluloid Closet, el célebre documental inspirado en la obra de Vito Russo, donde Extraños en un tren ocupa un lugar destacado como ejemplo de la denominada "codificación queer" en el cine clásico.

Los primeros minutos de la película concentran muchas de las claves que hoy siguen fascinando a críticos e historiadores. El encuentro casual entre Bruno y Guy, el cruce de sus piernas, el contacto entre sus zapatos, la invitación a compartir un compartimento privado y el intercambio constante de miradas han sido interpretados como una sofisticada puesta en escena de seducción masculina, diseñada para comunicar mucho más de lo que los diálogos permitían expresar.

Con el paso del tiempo, la película ha dejado de ser únicamente un magistral thriller psicológico para convertirse también en un referente imprescindible en los estudios sobre representación LGBTQ+ en el Hollywood clásico. Obras como Strangers on a Train: A Queer Film Classic, de Jonathan Goldberg, han profundizado en cada uno de esos detalles, demostrando que bajo la superficie del suspense Hitchcock escondió un complejo juego de símbolos que continúa generando debate tres cuartos de siglo después de su estreno.


Comentarios

  1. La verdad es que la he visto un par o tres de veces esta pelicula, y nunca me pareció que hubiera una relación homosexual entre los dos protagonistas, cosa que si era evidente en La soga. Una muy buena pelicula.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

FALLECE LA ACTRIZ NORTEAMERICANA VICTORIA JONES A LOS 38 AÑOS.

EL "NO" DE BRAD PITT A INTERVENIR EN UNA DE LAS MEJORES PELICULAS DE LA HISTORIA.

LA DISTANTE RELACION ENTRE JULIE ANDREWS Y RICHARD HARRIS DURANTE EL RODAJE DE HAWAI.

EL TRIANGULO AMOROSO QUE REVIVE NATALIE PORTMAN 20 AÑOS DESPUÉS.

FALLECE EL ACTOR NORTEAMERICANO JAMES VAN DER BEEK A LOS 48 AÑOS.