RITA HAYWORTH Y EL GUANTE QUE ESCANDALIZO UN PAÍS.
Resulta
casi imposible entender hoy que un simple guante pudiera convertirse
en una amenaza moral. Pero eso fue exactamente lo que ocurrió con
Gilda en la España de la posguerra. La película de Charles Vidor
llegó precedida de una fama incendiaria y terminó convirtiéndose
en uno de los grandes símbolos de la batalla entre el deseo y la
censura franquista. Lo curioso es que el supuesto escándalo ni
siquiera existía realmente. Rita Hayworth jamás se desnudaba en
aquella escena legendaria. Apenas retiraba lentamente un guante
mientras interpretaba Put the Blame on Mame. Bastó eso para desatar
el pánico.
La secuencia sigue siendo magnética incluso
hoy. Hayworth aparece enfundada en un vestido negro ceñido,
moviéndose con una mezcla de ironía, desafío y sensualidad
imposible de domesticar. No hace falta más. No hay desnudos, ni
provocaciones explícitas, ni insinuaciones especialmente agresivas.
Lo que había era actitud. Y eso era precisamente lo que resultaba
más peligroso para los censores: una mujer plenamente consciente del
efecto que provocaba.
La reacción fue inmediata. Diversas
publicaciones católicas alertaron del carácter “pecaminoso” de
la película y algunas hojas parroquiales llegaron a advertir a los
fieles de que acudir al cine a verla suponía poco menos que una
caída moral. En muchos cines españoles se tomó incluso una
decisión delirante: sobreexponer el negativo durante la proyección
para reducir el brillo de la piel de Rita Hayworth y suavizar el
impacto visual de la escena. Era una forma rudimentaria de censura
óptica, casi desesperada.
Lo fascinante es que aquella
persecución terminó agrandando todavía más el mito. Gilda dejó
de ser solo una película para convertirse en una fantasía
prohibida, en un símbolo de modernidad y erotismo en una España
gris y reprimida. Rita Hayworth, hija de un bailarín español,
terminó encarnando algo mucho más grande que un personaje de cine
negro: la promesa de una libertad imposible.
Décadas
después, la escena sigue conservando intacto su poder. Quizá porque
demuestra algo fundamental: la verdadera sensualidad nunca necesitó
enseñarlo todo. A veces bastaba con quitarse un guante lentamente
para hacer temblar a todo un régimen.

Si solo fuera un guante. Las calenturientas mentes de aquellos años especulaban de que Rita Hayworth, no se quitaba solo el guante, sino que se desnudaba completamente. En fin, vete a saber si todo esto salió de la mente del cura censor de la época. Vista hoy es una escena con mucha sensualidad, y poca cosa mas; ahora la pelicula es un clásico del cine.
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