INGMAR BERGMAN, UN CRIMEN BRUTAL Y LA PELICULA QUE MUCHOS ESPAÑOLES CRUZARON LOS PIRINEOS PARA VERLA.
INGMAR BERGMAN, UN CRIMEN BRUTAL Y LA PELICULA QUE MUCHOS ESPAÑOLES CRUZARON LOS PIRINEOS PARA VERLA.
A
comienzos de los años sesenta, el cine de Ingmar Bergman ya
arrastraba fama de incómodo, complejo y profundamente provocador
para las mentalidades más conservadoras. Pero El manantial de la
doncella superó cualquier límite imaginable para la censura
española. La película, ganadora del Oscar a mejor cinta extranjera,
fue directamente prohibida en España pese al prestigio internacional
que acumulaba. Aquello, naturalmente, no hizo más que aumentar su
leyenda.
La historia estaba ambientada en la Suecia
medieval y seguía el terrible destino de una joven que era violada y
asesinada mientras se dirigía a llevar unas velas a la iglesia.
Después llegaba la venganza del padre, interpretada con la dureza
seca y casi bíblica característica del cine de Bergman. La
violencia no aparecía tratada como un espectáculo, sino como una
herida espiritual, una reflexión dolorosa sobre la culpa, la fe y la
naturaleza humana. Precisamente por eso resultaba todavía más
perturbadora.
Los censores consideraron que el público
español no estaba preparado para enfrentarse a unas imágenes tan
oscuras y a un relato tan moralmente ambiguo. No ayudaba tampoco el
tono profundamente religioso del filme, atravesado por dudas
existenciales y símbolos que podían interpretarse como una visión
torturada de la fe cristiana. Bergman no ofrecía consuelo fácil. Su
cine obligaba a mirar directamente al dolor.
La
prohibición provocó un fenómeno muy particular: numerosos
aficionados al cine comenzaron a desplazarse hasta Hendaya, en la
frontera francesa, para poder verla. Aquellos viajes improvisados
terminaron formando parte del mito cinéfilo de la época. Cruzar la
frontera para asistir a una proyección prohibida tenía algo de acto
clandestino, casi de resistencia cultural.
Cuando
finalmente se estrenó en España en 1969, el impacto seguía
intacto. El público se encontró con una obra durísima, sí, pero
también profundamente poética. Bergman convertía la violencia en
una reflexión sobre Dios, el castigo y el vacío moral del ser
humano.
Con el tiempo, El manantial de la doncella terminó
siendo reconocida como una de las grandes películas europeas del
siglo XX. Pero durante años fue mucho más que eso en España: una
obra maldita cuya fama crecía precisamente porque estaba prohibida.

No la he visto, así que mutis. Bergman no es un director que me agrade, pero de esa época tiene una pelicula que me fascino de niño en su pase televisivo y me sigue fascinando de adulto, El séptimo sello.
ResponderEliminar