FEDORA, EL ÚLTIMO ESPEJO DE HOLLYWOOD SEGÚN BILLY WILDER
Cuando Billy Wilder regresó a los territorios de la decadencia y los fantasmas de Hollywood a finales de los años setenta, lo hizo desde una posición privilegiada. Pocos cineastas conocían tan bien como él los mecanismos de una industria capaz de fabricar mitos y destruirlos con la misma facilidad. Después de décadas firmando algunas de las películas más brillantes de la historia del cine, el realizador austriaco decidió volver la mirada hacia un universo que había cambiado profundamente desde los días de esplendor del sistema de estudios.
El resultado fue Fedora, una obra fascinante y melancólica que, con el paso de los años, ha adquirido la condición de joya oculta dentro de su filmografía. Aunque nunca alcanzó la popularidad de títulos como El apartamento, Con faldas a lo loco o Sabrina, la película representa una de las reflexiones más personales y amargas de Wilder sobre el paso del tiempo, la fama y la obsesión por preservar una imagen imposible.
La historia arranca con una muerte. Fedora, una legendaria estrella cinematográfica retirada desde hace años de la vida pública, pone fin a su existencia dejando tras de sí una estela de misterio. A partir de ese momento, un productor de Hollywood revive los acontecimientos que rodearon su último encuentro con la actriz en una isla griega, donde había intentado convencerla para regresar a la gran pantalla encarnando a Anna Karenina.
Lo que inicialmente parece un drama sobre una estrella olvidada pronto se transforma en un inquietante thriller psicológico. Wilder construye el relato mediante recuerdos, secretos y revelaciones progresivas, envolviendo al espectador en una atmósfera de extrañeza que nunca desaparece. Cada conversación parece ocultar algo. Cada personaje guarda una verdad que se resiste a salir a la luz.
La presencia de William Holden establece además un puente emocional con El crepúsculo de los dioses, la obra maestra con la que Wilder había retratado décadas antes los rincones más oscuros de Hollywood. Si aquella película exploraba el destino de las viejas glorias incapaces de aceptar su olvido, Fedora lleva esa reflexión todavía más lejos, examinando una obsesión que el cine ha alimentado desde sus orígenes: la eterna juventud.
El director analiza cómo la industria convierte la apariencia física en una prisión. Las estrellas son admiradas por permanecer aparentemente inmunes al paso de los años, pero esa admiración tiene un precio devastador. Bajo el brillo de los focos se esconde el miedo al envejecimiento, a la pérdida de relevancia y a la desaparición progresiva del deseo del público.
La película también funciona como una crítica al nuevo panorama cinematográfico que comenzaba a imponerse durante los años setenta. Wilder, representante de una generación clásica de narradores, observa con escepticismo los cambios que estaban transformando Hollywood. No se trata de una protesta nostálgica, sino de la mirada de alguien que percibe cómo una época está llegando a su final.
Resulta significativo que gran parte de la producción se desarrollara lejos de California. Los paisajes europeos aportan una sensación de aislamiento y decadencia elegante que encaja perfectamente con el tono de la historia. Grecia se convierte así en un refugio para personajes que viven atrapados entre los recuerdos y las apariencias.
Apoyada por una magnífica banda sonora y por interpretaciones llenas de matices, Fedora emerge como una obra profundamente crepuscular. Es una película sobre los rostros que el cine inmortaliza y sobre las heridas que deja esa inmortalidad. Una mirada triste, lúcida y extraordinariamente elegante a un mundo que Billy Wilder conocía mejor que casi nadie.
Quizá por eso sigue resultando tan fascinante. Porque detrás de su intriga y de sus secretos, Fedora es el testamento cinematográfico de un autor que entendió que la mayor ficción de Hollywood nunca estuvo en sus películas, sino en la imagen de perfección que proyectaban sus estrellas.

No se puede ni comparar ni de lejos con el Crepúsculo de los dioses, no obstante es un interesante film de cine dentro del cine.
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