EL CINE DE LOS AÑOS 40.
RUTA DE SINGAPUR (1940)
REPARTO: BING CROSBY, BOB HOPE, DOROTHY LAMOUR, CHARLES COBURN, ANTHONY QUINN, JUDITH BARRETT, JERRY COLONNA, MONTE BLUE, DON BRODIE, BESS FLOWERS
DIRECTOR: VICTOR SCHERTZINGER
MÚSICA: VICTOR YOUNG
PRODUCTORA: PARAMOUNT PICTURES
DURACIÓN: 82 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Antes de convertirse en una de las parejas cómicas más famosas de la historia del cine, Bob Hope y Bing Crosby necesitaban una película que demostrara la química extraordinaria que compartían delante de la cámara. Camino de Singapur (Road to Singapore), estrenada en 1940, fue precisamente el punto de partida de una saga que acabaría prolongándose durante años y que definiría una forma muy particular de entender la comedia de aventuras. Vista hoy, la película conserva buena parte de la frescura que la convirtió en un éxito y permite comprobar cómo nació una fórmula que todavía sigue resultando sorprendentemente divertida.La historia arranca con una premisa sencilla. Dos amigos, cansados de las responsabilidades y de los compromisos sentimentales que amenazan con encauzar sus vidas, deciden embarcarse en una huida hacia lugares exóticos. A partir de ahí, la trama se convierte en una sucesión de equívocos, romances, canciones y situaciones absurdas que importan menos que el verdadero motor de la película: la interacción constante entre sus protagonistas.
Desde su primera escena conjunta queda claro que Bob Hope y Bing Crosby juegan en una liga propia. Mientras Crosby aporta una elegancia relajada y un encanto casi despreocupado, Hope se encarga de dinamitar cualquier atisbo de solemnidad con su inagotable repertorio de comentarios sarcásticos, réplicas rápidas y gestos cómicos. Lo fascinante es que ninguno intenta eclipsar al otro. Su humor funciona precisamente porque ambos parecen disfrutar enormemente compartiendo pantalla.
La película pertenece a una época en la que las comedias todavía podían permitirse romper las reglas narrativas sin complejos. Los personajes lanzan guiños al espectador, las situaciones rozan deliberadamente el disparate y el tono cambia constantemente entre la aventura romántica, la farsa y el musical. Lejos de generar confusión, esa libertad aporta una sensación de espontaneidad que continúa siendo uno de los mayores encantos del filme.
También resulta imposible hablar de Camino de Singapur sin mencionar la presencia de Dorothy Lamour. Su aparición añade el componente romántico necesario para alimentar la rivalidad amistosa entre los protagonistas y contribuye a consolidar la dinámica que caracterizaría posteriores entregas de la serie. Lamour aporta carisma, simpatía y una presencia escénica que encaja perfectamente con el espíritu ligero de la producción.
La dirección mantiene un ritmo ágil durante todo el metraje. No existe apenas tiempo para el aburrimiento. Cuando una situación amenaza con agotarse, aparece una nueva canción, un nuevo malentendido o una nueva discusión entre los protagonistas para mantener viva la energía de la historia. Todo parece diseñado para favorecer el entretenimiento puro, sin mayores pretensiones.
Observada desde una perspectiva actual, algunas referencias culturales y ciertos estereotipos propios de la época pueden resultar desfasados. Sin embargo, la película posee una honestidad tan evidente en su propósito de divertir que gran parte de esas limitaciones quedan relegadas a un segundo plano. Lo que sigue funcionando es la alegría contagiosa que desprende cada escena.
Más que una simple comedia, Camino de Singapur representa el nacimiento de una de las asociaciones más exitosas del Hollywood clásico. Es cine concebido para hacer sonreír, para ofrecer una escapatoria ligera y para recordar que el humor más eficaz suele surgir de la amistad entre personajes que no pueden evitar meterse en problemas.
Al finalizar, uno entiende perfectamente por qué el público quedó cautivado por aquella combinación de aventura, música y comedia. Bob Hope y Bing Crosby no solo protagonizan la película: la convierten en una fiesta permanente. Y aunque hayan pasado más de ocho décadas desde su estreno, todavía resulta fácil dejarse arrastrar por su encanto despreocupado y su irresistible sentido de la diversión.


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