EL CINE DE LOS AÑOS 30. MARRUECOS (1930)

EL CINE DE LOS AÑOS 30.



MARRUECOS (1930)

REPARTO: GARY COOPER, MARLENE DIETRICH, ADOLPHE MENJOU, ULRICH HAUPT, FRANCIS McDONALD, JULIETTE COMPTON, EMILE CHAUTARD, EVE SOUTHERN

DIRECTOR: JOSEF VON STERNBERG 

MÚSICA: KARL HAJOS 

PRODUCTORA: PARAMOUNT PICTURES 

DURACIÓN: 92 min.

PAÍS: ESTADOS UNIDOS

En Morocco, estrenada en España como Marruecos, el amor no aparece como refugio, sino como una condena hermosa y abrasadora. Josef von Sternberg convierte el melodrama romántico en una experiencia casi hipnótica, suspendida entre el humo de los cabarets, el polvo del desierto y la melancolía de unos personajes que parecen saber, desde el primer instante, que la felicidad apenas será un espejismo.

La película posee una sensualidad extraña para su época, una electricidad emocional que sigue resultando moderna. Desde la primera aparición de Marlene Dietrich, envuelta en sombras y misterio, el filme adquiere una atmósfera irreal, como si todo estuviese ocurriendo dentro de un sueño febril. Sternberg no la filma simplemente como a una actriz; la transforma en un mito cinematográfico. Cada gesto, cada mirada ladeada, cada pausa mientras sostiene un cigarrillo parece diseñada para quedar suspendida en la memoria del espectador.

Y entonces aparece Gary Cooper. Su presencia funciona como el reverso perfecto de Dietrich: seco, aparentemente despreocupado, con esa mezcla de vulnerabilidad y dureza que pocos actores han sabido transmitir con tanta naturalidad. Entre ambos surge una química silenciosa, basada más en lo que callan que en lo que dicen. Sternberg entiende que el deseo rara vez necesita explicarse, y por eso deja que las miradas hablen durante largos segundos donde el tiempo parece detenerse.

Visualmente, Marruecos es deslumbrante. Las luces recortan rostros entre cortinas de humo, los interiores parecen laberintos emocionales y el desierto adquiere una dimensión casi simbólica, como si representara el vacío hacia el que inevitablemente avanzan los personajes. El director compone cada plano con una precisión obsesiva, pero nunca se siente frío o calculado; al contrario, todo vibra con una intensidad profundamente emocional.

La célebre escena del esmoquin sigue conservando una fuerza extraordinaria. Dietrich cantando vestida con ropa masculina y besando a una mujer no aparece como simple provocación, sino como una declaración de libertad imposible de encerrar dentro de las normas morales del Hollywood posterior. Incluso hoy desprende una audacia fascinante.

Más allá de su historia romántica, la película habla sobre personas incapaces de pertenecer a ningún lugar. Todos los personajes parecen arrastrar una tristeza íntima, una sensación constante de estar huyendo de algo. Quizá por eso el final resulta tan poderoso: no busca la lógica ni el realismo, sino la emoción pura. Sternberg sacrifica cualquier explicación racional en favor de una imagen que permanece grabada mucho después de terminar la película.

Vista hoy, Marruecos sigue pareciendo adelantada a su tiempo. No solo por su erotismo o por su sofisticación visual, sino porque entiende el amor como una fuerza contradictoria, irracional y devastadora. Pocas películas de los primeros años del sonoro poseen una atmósfera tan envolvente ni una capacidad tan grande para convertir el deseo en pura materia cinematográfica.


Comentarios

  1. La pelicula ha envejecido, pero conserva ese espíritu romántico que Sternberg le dio al film. Gary Cooper luce carisma y la Dietrich hace gala de su ambigüedad sexual con un beso que en su día seguro que causaría escandalo.

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