EL CINE DE LOS AÑOS 30. ASESINATO (1930)

 EL CINE DE LOS AÑOS 30.


ASESINATO (1930)

REPARTO: HERBERT MARSHALL, NORA BARING, PHYLLIS KONSTAM, EDWARD CHAPMAN, MILES MANDER, ESME PERCY, DONALD CALTHROP

DIRECTOR: ALFRED HITCHCOCK 

MÚSICA: JOHN REYNDERS 

PRODUCTORA: BRITISH INTERNATIONAL PICTURES 

DURACIÓN: 102 min.

PAÍS: REINO UNIDO

En Asesinato (Murder!), Alfred Hitchcock todavía no es el maestro absoluto del suspense que el imaginario popular consagraría años después, pero ya se intuye, como un temblor bajo la superficie, la precisión casi quirúrgica de su mirada. La película se despliega como un experimento narrativo que oscila entre el teatro filmado y el lenguaje cinematográfico en plena mutación, y en esa tensión encuentra una identidad fascinante.

La historia arranca con un crimen aparentemente resuelto: una actriz es hallada muerta y todas las pruebas apuntan a una compañera de reparto. Sin embargo, lo que podría haberse limitado a un relato judicial convencional se transforma en algo más inquietante cuando un miembro del jurado comienza a dudar de la evidencia. A partir de ahí, Hitchcock articula un juego de percepciones, donde la verdad se revela esquiva y la certeza se desmorona con cada nueva mirada.

Uno de los aspectos más llamativos de Asesinato es su relación con el sonido, todavía incipiente en el cine de la época. Lejos de usarlo como mero acompañamiento, Hitchcock lo convierte en un recurso dramático. El célebre monólogo interior del protagonista, superpuesto a la imagen mientras se afeita frente al espejo, no solo es un alarde técnico para su tiempo, sino también una ventana a la subjetividad, un recurso que anticipa obsesiones futuras del director: la culpa, la duda, la identidad fragmentada.

La puesta en escena, heredera en parte del teatro, se siente por momentos rígida, pero Hitchcock logra romper esa rigidez con movimientos de cámara inesperados y encuadres que sugieren más de lo que muestran. Las miradas, los silencios, los espacios cerrados… todo contribuye a una atmósfera enrarecida donde el espectador se convierte en cómplice involuntario de la investigación.

Narrativamente, la película no siempre mantiene un ritmo uniforme. Existen pasajes que hoy pueden parecer dilatados, incluso reiterativos, pero también es cierto que en esa cadencia irregular se percibe el pulso de un cineasta en plena búsqueda, probando límites, tanteando formas. Y cuando acierta —que ocurre más de lo que podría esperarse en una obra tan temprana—, lo hace con una lucidez sorprendente.

Más allá de su valor histórico, Asesinato sigue siendo una experiencia sugerente. No es una obra redonda ni pretende serlo, pero en sus grietas se filtra el germen de un estilo que cambiaría el cine para siempre. Verla hoy es asistir al nacimiento de una forma de entender el suspense, todavía en construcción, pero ya profundamente magnética.


Comentarios

  1. No es una obra redonda de Hitchcock, se ha quedado antigua, pero es una propuesta muy interesante por ver el proceso de formación de Alfred Hitchcock. Por cierto tiene cameo, como no podía ser de otra forma.

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