FALLECE LA DIRECTORA DE CINE ESPAÑOLA JOSEFINA MOLINA A LOS 89 AÑOS.

 FALLECE LA DIRECTORA DE CINE ESPAÑOLA JOSEFINA MOLINA A LOS 89 AÑOS.

Josefina Molina (14 de noviembre de 1936 – 30 de mayo de 2026)

Causa de la muerte: hasta el momento de hacerse pública la noticia de su fallecimiento, no se habían difundido oficialmente las causas de su muerte.

La historia del cine español no puede entenderse sin la figura de Josefina Molina. Directora, guionista, realizadora de televisión, novelista y una de las voces más influyentes de la cultura española contemporánea, su trayectoria estuvo marcada por una constante lucha contra las barreras de género en una industria que durante décadas fue territorio casi exclusivo de hombres. Su obra, profundamente comprometida con la representación femenina y con la búsqueda de nuevas formas narrativas, la convirtió en una pionera cuya influencia se extiende mucho más allá de las películas y series que dirigió.

Nacida en Córdoba en 1936, en los primeros meses de la Guerra Civil española, creció en el seno de una familia acomodada que le permitió acceder a una formación poco habitual para muchas mujeres de su generación. Desde muy joven desarrolló una intensa pasión por la literatura, el teatro y el cine. Una experiencia decisiva fue el descubrimiento de El río, de Jean Renoir, cuando apenas era una adolescente. Aquella película despertó en ella una vocación que terminaría definiendo toda su vida.


Antes de dedicarse profesionalmente al cine estudió Ciencias Políticas y participó activamente en iniciativas culturales en su ciudad natal. En 1962 fundó el grupo Teatro de Ensayo Medea, una experiencia que le permitió explorar la dirección escénica y desarrollar una sensibilidad artística que posteriormente trasladaría al lenguaje audiovisual.

Su entrada en el mundo del cine supuso un auténtico desafío a las normas de la época. En 1969 se convirtió en la primera mujer que obtuvo el título de dirección en la Escuela Oficial de Cine, una institución donde la presencia femenina era prácticamente testimonial. Aquella conquista tuvo un enorme valor simbólico en una España todavía marcada por profundas desigualdades sociales y culturales.

Los primeros años de su carrera estuvieron estrechamente vinculados a Televisión Española. Allí dirigió numerosos espacios dramáticos y adaptaciones literarias dentro de programas como Estudio 1, Hora once o Teatro de siempre. Su trabajo llamó rápidamente la atención por la seriedad de sus planteamientos y por una puesta en escena elegante que demostraba una extraordinaria capacidad para trasladar textos complejos a la pantalla.

Entre aquellas primeras realizaciones destacó especialmente su adaptación de La metamorfosis, de Franz Kafka, un proyecto que muchos consideraban imposible para la televisión de la época. Lejos de asumirlo como un encargo menor, Molina lo convirtió en una demostración de talento que contribuyó a consolidar su prestigio profesional.

Su salto al largometraje llegó con Vera, un cuento cruel (1973), una obra que ya dejaba entrever algunas de las preocupaciones que acompañarían toda su filmografía. Sin embargo, sería durante las décadas siguientes cuando desarrollaría los trabajos que la convertirían en una referencia imprescindible del cine español.


Uno de los títulos fundamentales de su carrera fue Función de noche (1981), una película inclasificable y adelantada a su tiempo que mezclaba documental, ficción, confesión íntima y reflexión sobre las relaciones sentimentales. La obra, protagonizada por Lola Herrera y Daniel Dicenta, abordaba cuestiones relacionadas con el matrimonio, la identidad femenina y las heridas emocionales con una honestidad poco frecuente en el cine español de aquellos años. Con el paso del tiempo, la película se transformó en una de las obras más estudiadas y admiradas de la cinematografía nacional.

Su prestigio continuó creciendo gracias a producciones televisivas de enorme relevancia cultural. Entre ellas sobresale Teresa de Jesús (1984), protagonizada por Concha Velasco. La serie fue un éxito extraordinario y todavía hoy es considerada una de las mejores producciones realizadas por Televisión Española. Molina logró construir un retrato complejo y profundamente humano de Santa Teresa, alejándose de las visiones convencionales para explorar a una mujer adelantada a su tiempo.

A finales de los años ochenta dirigió Esquilache (1989), adaptación inspirada en la obra teatral de Antonio Buero Vallejo. La película, protagonizada por Fernando Fernán Gómez, Adolfo Marsillach y Concha Velasco, se convirtió en uno de los proyectos más ambiciosos de su carrera y obtuvo importantes reconocimientos. La cineasta utilizó el contexto histórico del siglo XVIII para reflexionar sobre el poder, la libertad y las tensiones sociales, temas que siempre despertaron su interés.

Posteriormente llegarían títulos como Lo más natural (1990), con Charo López y Miguel Bosé, y La Lola se va a los puertos (1993), protagonizada por Rocío Jurado. Aunque estas películas tuvieron una recepción desigual, confirmaron la voluntad de Molina de explorar distintos registros narrativos y personajes femeninos alejados de los estereotipos tradicionales.

Paralelamente desarrolló una importante carrera literaria. Publicó novelas como Cuestión de azar, En el umbral de la hoguera y Los papeles de Bécquer, demostrando que su necesidad de contar historias trascendía cualquier formato artístico.

Pero si existe un aspecto inseparable de su legado es su compromiso con la igualdad de las mujeres dentro del ámbito audiovisual. A lo largo de toda su carrera denunció las dificultades que encontraban las creadoras para acceder a puestos de responsabilidad y defendió la necesidad de construir una mirada femenina dentro del cine español. Su pensamiento quedó reflejado en numerosos artículos, conferencias y ensayos dedicados a analizar la representación de las mujeres en la pantalla.

Ese compromiso culminó en 2006 con la creación de la Asociación de Mujeres Cineastas y de Medios Audiovisuales (CIMA), una organización que impulsó junto a otras profesionales del sector para reivindicar una industria más igualitaria. Molina fue nombrada presidenta de honor y se convirtió en una referencia moral para varias generaciones de cineastas.

Los reconocimientos llegaron de forma constante durante las últimas décadas de su vida. Recibió la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, el Premio Nacional de Cinematografía, diversos homenajes institucionales y el Goya de Honor, concedido en reconocimiento a una trayectoria excepcional. También fue nombrada Hija Predilecta de Andalucía, distinción que reflejaba el orgullo de su tierra por una creadora que nunca olvidó sus raíces cordobesas.

Más allá de los premios, su verdadera importancia reside en haber abierto caminos. Cuando comenzó su carrera apenas existían mujeres detrás de las cámaras en España. Décadas después, muchas directoras reconocían abiertamente que su ejemplo había sido fundamental para imaginar un futuro posible dentro de la profesión.

Josefina Molina falleció en Madrid el 30 de mayo de 2026 a los 89 años. Con su desaparición se marchó una de las grandes arquitectas del cine español moderno, una autora que convirtió cada proyecto en una reivindicación de la libertad creativa y de la presencia de las mujeres en la cultura. Su obra permanece como testimonio de una época, pero también como una invitación permanente a mirar el mundo desde perspectivas más amplias, más valientes y más humanas.




Comentarios

Publicar un comentario