FALLECE LA ACTRIZ FRANCESA THERESE LIOTARD A LOS 80 AÑOS.
Nacimiento: 6 de mayo de 1946, Lille, Francia.
Fallecimiento: 23 de mayo de 2026, a los 80 años.
La causa de la muerte fue una larga enfermedad, según informaron medios franceses y su agencia artística.
La actriz francesa Thérèse Liotard perteneció a esa generación de intérpretes cuya presencia acabó convirtiéndose en parte del paisaje emocional del cine francés de los años setenta, ochenta y noventa. Nunca fue una estrella mediática en el sentido convencional, pero sí una figura enormemente reconocible para varias generaciones de espectadores europeos. Su rostro transmitía una mezcla singular de sensibilidad, melancolía y firmeza, cualidades que la llevaron a convertirse en una secundaria de lujo dentro del cine de autor francés y de determinadas producciones populares que marcaron época.
Nació en Lille y, antes de dedicarse plenamente a la interpretación, estudió literatura y pasó por el Conservatorio de Burdeos. Sus primeros pasos profesionales estuvieron ligados a la televisión pública francesa, donde trabajó como speakerine de la ORTF a comienzos de los años setenta. Aquella experiencia frente a las cámaras le abrió las puertas de una industria audiovisual que estaba viviendo una profunda transformación artística y cultural tras el impacto de la Nouvelle Vague.
Durante esa década empezó a aparecer en numerosas series y películas, construyendo una carrera sólida basada en la constancia y en la capacidad para moverse entre registros muy distintos. Trabajó para cineastas tan relevantes como Agnès Varda, Bertrand Tavernier, Costa-Gavras, Claude Sautet, Patrice Leconte, Luigi Comencini o Yves Robert.
Uno de los títulos fundamentales de su carrera fue L'une chante, l'autre pas, la célebre película feminista de Agnès Varda, donde interpretó a Suzanne. El filme, hoy considerado una de las obras esenciales del cine francés de los setenta, permitió que Liotard mostrara una sensibilidad interpretativa muy ligada al naturalismo emocional que caracterizaba a buena parte del cine europeo de aquella época.
A principios de los ochenta participó en La Mort en direct, dirigida por Bertrand Tavernier, una inquietante reflexión sobre la televisión y el voyeurismo mediático en la que compartió reparto con Romy Schneider y Harvey Keitel. Curiosamente, parte de su diálogo en inglés fue doblado por Julie Christie en la versión internacional.
El gran público francés la recuerda especialmente por su participación en Viens chez moi, j'habite chez une copine, popular comedia dirigida por Patrice Leconte y protagonizada por Michel Blanc, Bernard Giraudeau y Gérard Lanvin. Allí interpretó a Françoise, uno de esos personajes aparentemente discretos que terminan aportando humanidad y equilibrio dentro del caos cómico que dominaba la película. Con el paso del tiempo, aquel papel quedó asociado a una de las grandes comedias francesas de comienzos de los ochenta.
En televisión también dejó una huella importante. Los espectadores británicos la identificaron especialmente por su papel recurrente como Danielle Aubry en la serie Bergerac, una producción policiaca muy popular en Reino Unido durante los años ochenta y principios de los noventa. Su presencia en la serie contribuyó a darle una proyección internacional poco habitual para muchas actrices francesas de reparto de aquella generación.
Otro momento esencial de su trayectoria llegó con las adaptaciones cinematográficas de las novelas autobiográficas de Marcel Pagnol: La Gloire de mon père y Le Château de ma mère, ambas dirigidas por Yves Robert. Liotard interpretó a la tía Rose, un personaje entrañable que encajaba perfectamente con su estilo interpretativo, siempre contenido y profundamente humano. Gracias a estos trabajos obtuvo una nominación al César como mejor actriz secundaria, consolidando definitivamente su prestigio dentro de la industria francesa.
A lo largo de su carrera trabajó también junto a nombres como Isabelle Huppert, Fabrice Luchini, Pierre Richard, Clotilde Courau o Romane Bohringer. Su filmografía terminó reuniendo cerca de cuarenta producciones entre cine y televisión, aunque la cifra real resulta mayor si se incluyen sus múltiples apariciones teatrales y televisivas.
Más allá de la pantalla, Liotard desarrolló una importante labor pedagógica. En sus últimos años se alejó progresivamente de los focos para dedicarse a la enseñanza teatral, primero en París y posteriormente en Sens, en la región de Borgoña. También realizaba lecturas públicas y actividades culturales relacionadas con la interpretación. En varias entrevistas explicó que nunca consideró la actuación como una profesión de la que uno pudiera retirarse realmente, sino como un oficio ligado a la transmisión y a la experiencia compartida.
En 2018 recibió el premio “Reconnaissance des cinéphiles” otorgado por la asociación Souvenance de Cinéphiles, un reconocimiento honorífico a toda su carrera. Fue un homenaje especialmente simbólico para una actriz que, pese a no haber ocupado constantemente las portadas, sí logró algo mucho más difícil: permanecer en la memoria afectiva del público cinéfilo francés durante más de medio siglo.
La muerte de Thérèse Liotard provocó numerosas reacciones en Francia, especialmente entre periodistas cinematográficos, actores y espectadores que crecieron viendo su trabajo en televisión y cine. Su desaparición supone también el adiós a una generación de intérpretes que hicieron del secundario un arte silencioso, lleno de verdad y de matices, lejos de la grandilocuencia pero profundamente esencial para entender el cine francés de las últimas décadas.





No la he visto en ninguna pelicula. D.E.P. 🙏🙏🙏
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