EL OJO CRITICO.
LAS DAMAS PRIMERO (2026)
REPARTO: SACHA BARON COHEN, ROSAMUND PIKE, CHARLES DANCE, EMILY MORTIMER, RICHARD E. GRANT, FIONA SHAW, TOM DAVIS, WERUCHE OPIA, KATHRYN HUNTER, MAJA SIMONSEN, MICHAEL SHELDON, MARY ROSCOE
DIRECTORA: THEA SHARROCK
MÚSICA: ATLI ORVARSSON
PRODUCTORA: FOUR BY TWO FILMS
DURACIÓN: 90 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
En Las damas primero, Rosamund Pike vuelve a ese territorio que domina con una precisión casi quirúrgica: el de los personajes que sonríen mientras calculan, que seducen mientras destruyen, que convierten cada conversación en una jugada estratégica. Pero esta vez no se limita a repetir fórmulas conocidas; la película la empuja a un terreno más lúdico, más abiertamente irónico, donde el poder no solo se ejerce, también se exhibe.La historia gira en torno a un grupo de mujeres que han aprendido a navegar —y a manipular— estructuras tradicionalmente dominadas por hombres. No desde la confrontación frontal, sino desde una inteligencia más sutil, casi invisible, que convierte cada gesto en una forma de control. El guion juega con esa idea sin caer en el discurso evidente: aquí nadie da lecciones, pero todo está impregnado de una mirada afilada sobre las dinámicas de poder contemporáneas.
Pike se mueve en ese espacio con una naturalidad inquietante. Su personaje, elegante hasta en la crueldad, parece siempre un paso por delante del resto, como si entendiera las reglas del juego antes incluso de que alguien las formule. Lo fascinante es que nunca se convierte en una figura completamente inaccesible; hay momentos, breves pero decisivos, donde asoma una vulnerabilidad que no redime, pero sí complejiza. Esa tensión entre control y fragilidad es lo que sostiene gran parte del magnetismo de la película.
La dirección apuesta por un tono que oscila entre el thriller sofisticado y la comedia negra. No es una mezcla fácil, pero aquí funciona gracias a un ritmo que evita la complacencia. Cuando parece que la trama va a resolverse de forma previsible, introduce un giro, una traición o una revelación que reconfigura las relaciones entre los personajes. No todos esos giros tienen el mismo peso, pero en conjunto construyen una sensación constante de inestabilidad, como si el suelo bajo los pies nunca terminara de asentarse.
Visualmente, la película abraza una estética pulida, casi fría, donde cada espacio parece diseñado para reflejar el estatus y las intenciones de quienes lo habitan. Oficinas impecables, interiores minimalistas, cenas donde cada mirada pesa más que las palabras. Todo contribuye a crear una atmósfera donde la belleza no es decorativa, sino una herramienta más de poder.
Sin embargo, lo más interesante de Las damas primero no está en su superficie elegante, sino en la forma en que juega con las expectativas. El título sugiere una reivindicación directa, pero la película opta por algo más incómodo: mostrar que el acceso al poder no garantiza su transformación. Las protagonistas no son heroínas en sentido clásico; son estrategas, supervivientes, a veces incluso depredadoras.
El resultado es una obra que entretiene y, al mismo tiempo, deja un regusto amargo. Porque bajo su humor afilado y sus diálogos brillantes, late una pregunta difícil de esquivar: cuando cambian las reglas del juego, ¿cambia realmente el juego… o solo quienes lo dominan?
En esa ambigüedad, incómoda y estimulante, es donde la película encuentra su verdadera fuerza.


El film toca un tema ya visto en el cine el del cambio de roles entre hombres y mujeres, todo tratado con mas bien poca gracia y al final va a desembocar en los clichés de la comedia romántica aunque no abiertamente, siendo lo mejor las interpretaciones de Rosamund Pike y sobretodo Fiona Shaw.
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