EL CINE DE LOS AÑOS 70.
LA INDECENTE MARY Y LARRY EL LOCO (1974)
REPARTO: PETER FONDA, SUSAN GEORGE, ADAM ROARKE, KENNETH TOBEY, LYNN BORDEN, EUGENE DANIELS, JANEAR HINES, RODDY McDOWALL, ELIZABETH JAMES, ADRIANNE HERMAN, T. J. CASTRONOVA
DIRECTOR: JOHN HOUGH
MÚSICA: JIMMIE HASKELL
PRODUCTORA: 20TH CENTURY FOX
DURACIÓN: 92 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Antes de que la carretera se convirtiera en un territorio domesticado por fórmulas repetidas, La indecente Mary y Larry el loco irrumpía como un estallido de gasolina y rebeldía. Dirigida por John Hough, la película se mueve con una energía desbordante que no busca justificar a sus personajes, sino simplemente acompañarlos en su huida hacia ninguna parte.Desde el primer momento, el relato deja claro que aquí no hay héroes al uso. Peter Fonda encarna a Larry, un tipo impulsivo, obsesionado con la velocidad y con una idea de libertad que roza lo suicida. Su mirada, siempre al frente, parece incapaz de contemplar las consecuencias de sus actos. A su lado, Susan George da vida a Mary, un torbellino imprevisible que no se limita a acompañar la huida, sino que la alimenta con una mezcla de deseo, desafío y pura anarquía emocional.
La película arranca con un atraco que funciona casi como excusa narrativa. Lo importante no es el golpe en sí, sino lo que viene después: una persecución constante, una fuga que convierte la carretera en un espacio de tensión permanente. No hay descanso, no hay refugio. Cada curva, cada recta, cada cruce se convierte en una posibilidad de choque, en una amenaza latente que nunca desaparece.
Lo que distingue a La indecente Mary y Larry el loco de otros títulos similares es su negativa a romantizar del todo a sus protagonistas. No son rebeldes con causa, ni iconos de una contracultura idealizada. Son, más bien, figuras desbordadas por sus propios impulsos, incapaces de detenerse. La química entre Fonda y George es eléctrica, pero también incómoda, como si en cualquier momento esa atracción pudiera volverse destructiva.
Las secuencias de persecución, rodadas con una fisicidad palpable, transmiten una sensación de peligro real que hoy resulta casi insólita. No hay red digital que amortigüe el impacto: los coches rugen, derrapan, se acercan peligrosamente al desastre. La cámara se pega al asfalto, capturando la velocidad como una experiencia casi táctil.
Sin embargo, bajo esa superficie de adrenalina, late una corriente más oscura. La huida constante se convierte en una forma de vacío, en un intento desesperado de escapar no solo de la ley, sino de uno mismo. La carretera deja de ser un símbolo de libertad para transformarse en un callejón sin salida que se alarga indefinidamente.
El desenlace, abrupto y sin concesiones, rompe cualquier ilusión de romanticismo tardío. No hay redención, no hay aprendizaje, solo la consecuencia inevitable de una carrera sostenida demasiado tiempo. Y en ese golpe final, seco como un frenazo imposible, la película revela su verdadera naturaleza: la de un viaje que nunca tuvo destino, solo velocidad.
Vista hoy, La indecente Mary y Larry el loco conserva una fuerza primitiva difícil de replicar. No busca gustar, ni moralizar, ni ofrecer respuestas. Se limita a avanzar, implacable, como sus protagonistas, dejando tras de sí un rastro de ruido, humo y una incómoda sensación de vértigo.


Una muy buena o pelicula de acción tematica persecuciones que al mismo tiempo resulta divertida y narrada con un ritmo trepidante. Lo mejor Susan George como la indecente Mary, lo peor Peter Fonda, que no le llega ni a la suela de los zapatos a su padre, el gran Henry.
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