ALEX BRENDEMUHL, MIREIA ORIOL Y ARIADNA GIL PROTAGONIZAN LA OPERA PRIMA DEL DIRECTOR VELASCO BROCA.

ALEX BRENDEMUHL, MIREIA ORIOL Y ARIADNA GIL PROTAGONIZAN LA OPERA PRIMA DEL DIRECTOR VELASCO BROCA.

A veces basta un detalle mínimo —un estribillo, apenas unos segundos de música— para sostener una vida entera. Y cuando ese fragmento desaparece, no solo se pierde una canción: se abre un vacío. Desde esa grieta, tan pequeña como inquietante, nace El futuro testamento, el nuevo largometraje de Velasco Broca, cuyo rodaje arrancó el pasado 21 de mayo en Madrid.

Lejos de plantearse como una simple rareza argumental, la desaparición de ese estribillo funciona como detonante de un viaje que no entiende de límites físicos ni temporales. Su protagonista, Joan Baptista Ulled —un cantautor anclado en los ecos de los años 80— recibe una invitación en forma de postal que lo empuja hacia un castillo fuera de toda lógica. Allí le espera Propatus, una figura que parece surgir de otro siglo: nigromante, alquimista y pieza de un engranaje mucho mayor, vinculado a fuerzas que operan desde las sombras.

Pero la película no se detiene en esa premisa casi lúdica. Lo que comienza como una búsqueda personal pronto se desborda hacia un itinerario imprevisible: de la España de la Transición a una Italia atravesada por corrientes esotéricas, y de ahí a un Marte colonial que parece salido de un sueño febril. En ese tránsito, Ulled no solo trata de recuperar una melodía perdida, sino de sostener su propia identidad frente a una realidad que se reconfigura constantemente.

Velasco Broca, que llevaba más de dos décadas desarrollando un universo propio dentro del fantástico español, da aquí el salto al largometraje con una propuesta que abraza la mezcla sin complejos. Fantasía, ciencia ficción artesanal, humor negro, melodrama y ocultismo conviven en una obra que no busca encajar, sino expandirse. En el centro de todo late una pregunta íntima y perturbadora: qué permanece de nosotros cuando la memoria se fragmenta, cuando la voz desaparece o cuando el cuerpo deja de ser un ancla fiable.

El propio director ha señalado que el origen del proyecto reside precisamente en esa ausencia. Un estribillo, por insignificante que parezca, puede condensar una época, un amor o una forma de ser recordado. Desde ahí, lo fantástico deja de ser un ornamento para convertirse en herramienta emocional, en un lenguaje capaz de acceder a zonas donde el realismo no alcanza.

Esa intención se traslada también a lo visual. El futuro testamento apuesta por el rodaje en 35mm, por la textura analógica y los efectos físicos, construyendo un universo tangible, casi táctil. La iconografía combina lo gótico con lo retrofuturista, dando forma a un mundo que se siente al mismo tiempo cercano y extraño, como si perteneciera a un recuerdo que nunca fue del todo real.

El proyecto, además, nace con una clara vocación internacional. La producción reúne compañías de España, Estonia e Italia, y articula su identidad tanto en lo industrial como en lo creativo. No es solo una película que viaja entre espacios y tiempos: también lo hace entre sensibilidades cinematográficas, buscando su lugar en el circuito de festivales de cine de autor y fantástico.

Con Àlex Brendemühl, Mireia Oriol y Ariadna Gil al frente del reparto, y un equipo técnico que apuesta por lo artesanal en todas sus capas —desde el diseño de producción hasta los efectos—, la película se perfila como una de las propuestas más singulares del cine español reciente.

Quizá porque, en el fondo, todo parte de una intuición sencilla: que hay cosas que, cuando desaparecen, no deberían poder recuperarse. Y sin embargo, alguien decide intentarlo. Aunque para ello tenga que atravesar el tiempo, la memoria… o algo mucho más oscuro.



Comentarios

  1. Podríamos decir que Velasco Broca ha reunido para su opera prima lo que podríamos decir por estos lares un reparto de campanillas.

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