20 ANIVERSARIO DE "EL LABERINTO DEL FAUNO", LA SEGUNDA PEOR EXPERIENCIA DE GUILLERMO DEL TORO.

 20 ANIVERSARIO DE "EL LABERINTO DEL FAUNO", LA SEGUNDA PEOR EXPERIENCIA DE GUILLERMO DEL TORO.

Dos décadas después de su irrupción, El laberinto del fauno no ha perdido ni un ápice de su hechizo. Su regreso a Cannes, con una restauración en 4K que resalta aún más su riqueza visual, no es solo un gesto de celebración, sino también una confirmación: algunas películas no envejecen, se sedimentan en la memoria colectiva. Y cuando vuelven, lo hacen con más peso, con más verdad.

En su día, la obra de Guillermo del Toro se abrió paso en el festival entre la fascinación y el asombro, hasta alcanzar una de esas ovaciones que se convierten en leyenda. Veintidós minutos de aplausos que, lejos de ser un simple dato, describen un momento suspendido en el tiempo, una comunión entre creador y público difícil de repetir. Hoy, esa misma película regresa no como promesa, sino como certeza.

Lo paradójico es que su gestación estuvo marcada por la resistencia. Del Toro ha recordado estos días un proceso plagado de obstáculos, desde la dificultad para encontrar financiación hasta un rodaje donde cada jornada parecía desafiar al proyecto. Nada en El laberinto del fauno fue sencillo, y sin embargo, esa tensión terminó filtrándose en la propia película, en su atmósfera opresiva, en su forma de entrelazar la fantasía con la brutalidad de la Guerra Civil española.

El resultado fue un fenómeno que trascendió fronteras. Con un presupuesto contenido, la película encontró una respuesta internacional rotunda y se consolidó como uno de los títulos clave del cine fantástico del siglo XXI. Su paso por los premios de la Academia, donde obtuvo tres estatuillas, terminó de certificar lo que ya era evidente: Del Toro había creado algo singular, un relato donde lo monstruoso y lo humano se reflejan mutuamente.

Parte de esa fuerza reside en su reparto. La mirada de Ivana Baquero, convertida en una Ofelia que parece caminar entre dos mundos, sigue siendo el corazón de la historia. A su alrededor, intérpretes como Maribel Verdú, Ariadna Gil o Eduard Fernández aportan una gravedad terrenal que equilibra la dimensión fantástica, mientras Doug Jones da vida a criaturas que ya forman parte del imaginario del cine moderno.

En este retorno a la Croisette, el propio Del Toro ha vuelto a mostrarse cercano, casi sorprendido ante el afecto que sigue despertando su obra. Ha evocado aquel estreno como un instante irreal, acompañado entonces por Alfonso Cuarón, quien le animó a aceptar el reconocimiento que le envolvía. Una imagen que resume bien la dimensión emocional de aquel momento: un cineasta abrumado ante el eco de su propio trabajo.

Pero más allá de la celebración, sus palabras han adquirido un tono reflexivo, incluso combativo. En un presente marcado por tensiones y conflictos, el director reivindica el valor del arte como acto de resistencia, como espacio donde aún es posible elegir entre la esperanza y el miedo. Y en esa idea, inevitablemente, resuena la propia Ofelia: una niña que, frente a la oscuridad, decide creer.

Quizá por eso El laberinto del fauno sigue encontrando nuevas lecturas con el paso del tiempo. Porque no es solo una fábula ambientada en un contexto histórico, sino un relato sobre la desobediencia, la imaginación y la capacidad de sostener la luz incluso en los momentos más sombríos. Cannes la recibe de nuevo como lo que es: no un recuerdo, sino una presencia viva dentro de la historia del cine.



Comentarios

  1. Una de las joyitas de Guillermo del Toro, una especie de fabula del pasado que refleja el presente.

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