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YA HAY FECHA DEL INICIO DEL RODAJE DE LA NUEVA PELICULA DE WOODY ALLEN EN MADRID.
Madrid vuelve a colocarse en el punto de mira de Woody Allen, un cineasta que ha hecho del diálogo entre ciudad y relato una de sus señas más reconocibles. Esta vez, el director neoyorquino prepara el que será su proyecto número 51, una comedia contemporánea que, de momento, responde al título provisional de Wasp 2026, aunque con una condición ya fijada desde el origen: el nombre definitivo deberá contener “Madrid”.
El rodaje, según ha trascendido desde la Consejería de Cultura de la Comunidad de Madrid, arrancará el 5 de octubre de 2026 y se desarrollará íntegramente en la región. No es un detalle menor. La implicación institucional —que incluye también al Ayuntamiento de Madrid— responde a una estrategia clara: convertir la película en un escaparate internacional capaz de reforzar la imagen de la capital como destino cultural y turístico.
El acuerdo, que contempla una inversión de 1,5 millones de euros, se inscribe en esa tradición contemporánea en la que el cine funciona como catalizador de viajes, una herramienta de seducción que transforma calles y monumentos en escenarios deseables. Desde Film Madrid Region se subraya precisamente ese objetivo: generar un flujo de visitantes atraídos por las localizaciones que aparezcan en pantalla, pero también consolidar una idea más intangible, la de Madrid como lugar aspiracional, como escenario de historias.
Sin embargo, el camino hasta este anuncio no ha sido lineal. Durante meses, el proyecto parecía diluirse entre rumores contradictorios y silencios incómodos. Medios como Artículo 14 llegaron a señalar la ausencia total de movimientos por parte del equipo del director: ni visitas de localización, ni contactos con la productora española Wanda Visión, ni señales visibles de que el rodaje fuera inminente. Incluso desde World of Reel se apuntaba a declaraciones del propio Allen en las que negaba tener un nuevo proyecto en marcha.
Esa incertidumbre, casi acorde al tono errático de algunos de sus últimos años, contrasta ahora con la firmeza del calendario anunciado. Como si la película hubiera pasado de ser una posibilidad difusa a convertirse, de pronto, en una certeza institucional.
En realidad, la elección de Madrid encaja con una lógica bien conocida dentro de su filmografía. Allen lleva décadas construyendo retratos sentimentales de ciudades que funcionan como protagonistas silenciosas de sus historias. Lo hizo en Midnight in Paris, donde la capital francesa se convertía en un espacio de nostalgia y fantasía; en Vicky Cristina Barcelona, donde la ciudad mediterránea respiraba deseo y contradicción; o en Rifkin's Festival, que miraba a San Sebastián con una mezcla de ironía y melancolía.
Madrid, en ese sentido, no será solo un decorado, sino una extensión del tono, del ritmo y de las obsesiones del cineasta. Queda por ver qué versión de la ciudad emergerá de su mirada: si una urbe luminosa y romántica o un espacio más introspectivo, atravesado por las neurosis habituales de su universo creativo.
Por ahora, lo único claro es que el proyecto, tras meses de dudas, vuelve a existir con fecha, lugar y propósito. Y que, una vez más, el cine de Woody Allen se dispone a convertir una ciudad real en territorio de ficción, en ese punto intermedio donde el turismo, la identidad y el relato se confunden.
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Bueno, vale mas tarde que nunca, ahora con el otoño y el fresquito, lejos de la calor que empezara a hacer en breve.
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