JAMES ORTIZ, EL ACTOR QUE SE ESCONDE DETRAS DEL ALIENIGENA ROCKY EN "PROYECTO SALVACION", PODRÁ OPTAR AL OSCAR COMO MEJOR ACTOR DE REPARTO.
JAMES ORTIZ, EL ACTOR QUE SE ESCONDE DETRAS DEL ALIENIGENA ROCKY EN "PROYECTO SALVACION", PODRÁ OPTAR AL OSCAR COMO MEJOR ACTOR DE REPARTO.
Hay personajes que irrumpen en el cine y, además de conquistar al público, obligan a replantear las reglas del juego. Rocky, la criatura de Proyecto Salvación, parece destinado a provocar exactamente eso. No solo porque se perfila como uno de los grandes hallazgos de la película, sino porque su posible recorrido en la temporada de premios ha abierto un debate fascinante: ¿dónde empieza y dónde termina una interpretación?
En el centro de la discusión está James Ortiz, artista escénico y titiritero cuya labor da vida a Rocky en una zona difícil de etiquetar. No es simplemente una voz, como ocurre en la animación tradicional. Tampoco encaja del todo en la lógica de la captura de movimiento popularizada por figuras como Andy Serkis. Aquí hay manipulación física, presencia en escena, construcción corporal y una interacción viva con Ryan Gosling que convierte al personaje en algo más que una criatura diseñada: lo convierte en un compañero de escena.
Y ahí nace la incomodidad.
Porque las categorías de premios fueron pensadas para otras certezas. Actor o actriz. Principal o reparto. Presencia humana visible. Pero Rocky parece habitar un territorio intermedio, casi una fisura dentro de ese sistema. Que Academy of Motion Picture Arts and Sciences y el SAG-AFTRA consideren elegible a Ortiz, mientras los Golden Globe Awards lo excluyen, dice mucho sobre lo poco resuelto que está el asunto.
En realidad, el caso reabre una vieja conversación que Hollywood ha ido posponiendo durante décadas. Ya ocurrió cuando Gollum obligó a preguntarse si la interpretación de Serkis debía medirse con las mismas herramientas que una actuación convencional. Antes, de otro modo, lo habían planteado innovaciones reconocidas por aquel desaparecido Special Achievement Award, cuando la Academia aún admitía que había logros imposibles de contener en categorías rígidas.
Quizá por eso Rocky resulta tan sugerente: no es solo un personaje memorable, es un problema conceptual.
Porque su construcción mezcla artes que tradicionalmente han vivido separadas. Hay algo del teatro de marionetas, algo de performance, algo de creación tecnológica. Y todo ello desemboca en una presencia emocional que el espectador percibe como actuación, aunque no responda al molde habitual. Rocky no “parece” interpretar: interpreta.
Tal vez la pregunta no sea si James Ortiz merece competir como actor de reparto, sino si los premios están preparados para reconocer cómo ha cambiado la idea misma de actuar.
Y quizá ese sea el verdadero interés de este debate. No decidir si una criatura alienígena puede aspirar a un Oscar, sino asumir que el cine lleva tiempo mutando más deprisa que sus instituciones. A veces las anomalías no llegan para romper las reglas. Llegan para revelar que las reglas se habían quedado viejas. Rocky, con sus múltiples manos invisibles y su alma improbable, parece una de esas anomalías. Y tal vez por eso importa tanto.

Me parece que esto se esta yendo de madre.😡
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