EL CINE DE LOS AÑOS 70.
SSSSSSS. SILBIDO DE MUERTE (1973)
REPARTO: STROTHER MARTIN, DIRK BENEDICT, HEATHER MENZIES, RICHARD B. SULL, TIM O’CONNOR, REB BROWN, JACK GING, KATHLEEN KING, JIM BRUM, ED McCREADY, FRANK KOWALSKI, RALPH MONTGOMERY, MICHAEL MASTERS
DIRECTOR: BERNARD L. KOWALSKI
MÚSICA: PATRICK WILLIAMS
PRODUCTORA: UNIVERSAL PICTURES
DURACIÓN: 99 min.
PAÍS: ESTADOS UNIDOS
Hay películas que no se olvidan por lo que cuentan, sino por cómo se atreven a mostrarlo. Sssssss pertenece a esa categoría extraña y casi peligrosa: la de las obras que, con recursos limitados, deciden lanzarse al vacío y confiar en el impacto directo de la imagen. Y vaya si lo consigue.
Antes incluso de entrar en su propuesta narrativa, lo que sacude es la sensación de realidad. Saber que esas serpientes están ahí, que no hay trampa evidente, transforma cada escena en una experiencia incómoda y fascinante a partes iguales. No hay red de seguridad, y eso se percibe en cada plano. Lo que podría haber sido un artificio más del terror de la época se convierte, en cambio, en un ejercicio de riesgo casi temerario que deja una huella visual difícil de borrar.
Curiosamente, la historia en sí parte de un terreno conocido: el científico que decide cruzar límites éticos en nombre del conocimiento. Pero la película no se recrea en grandes giros ni en una acumulación de subtramas. Aquí todo orbita alrededor de una única idea, llevada hasta sus últimas consecuencias: la transformación. Una metamorfosis progresiva, incómoda, por momentos angustiosa, que se convierte en el verdadero motor del relato. Lo demás —incluida esa trama romántica algo desubicada— queda relegado a un segundo plano, casi como un peaje genérico que la película acepta sin demasiado interés.
Y es precisamente en esa insistencia donde encuentra su personalidad. No hay voluntad de disfrazar las limitaciones con trucos visuales ni de esconder las costuras. Al contrario: la puesta en escena se muestra directa, sin complejos, confiando en que la fuerza de lo que sucede frente a la cámara sea suficiente. Y lo es. Las imágenes, por su crudeza y por su honestidad, terminan imponiéndose.
Quizá no sea una obra redonda ni una pieza mayor dentro del género, pero hay algo en ella que trasciende sus propias limitaciones. Una energía primitiva, casi visceral, que conecta con el espectador desde lo físico más que desde lo narrativo. Y eso, en el fondo, es mucho más raro de lo que parece.
Puede que para muchos no pase de ser una curiosidad de otra época. Pero cuando una película logra incomodar, fascinar y quedarse adherida en la memoria con tan pocos medios, quizá haya que concederle algo más que el beneficio de la duda: hay algo genuino latiendo bajo su piel.


Una de las escasas peliculas que protagonizo Dirk Benedict para el cine y el único papel protagonista de Strother Martin, en un papel que retoma los Mad Doctor's de los años 30 y 40. La pelicula esta entretenida y las escenas con la serpiente cobra es impactante, aún hoy en día, puede que sea por el repelús que provocan estos bichos.
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