¿POR QUÉ "CIUDADANO KANE" ES LA MEJOR PELICULA DE LA HISTORIA DEL CINE.

 ¿POR QUÉ "CIUDADANO KANE" ES LA MEJOR PELICULA DE LA HISTORIA DEL CINE?.

Se la discute, se la cuestiona, incluso se la aparta con cierta condescendencia, como si su prestigio fuera una herencia incómoda. Pero cada vez que uno regresa a Ciudadano Kane, lo que encuentra no es un monumento polvoriento, sino una obra viva, inquieta, que sigue interrogando al espectador con la misma fuerza que el primer día.

Cuando Orson Welles llegó a Hollywood, no lo hizo como un aspirante más, sino como una anomalía. Tenía apenas 25 años, pero arrastraba ya la leyenda de quien había revolucionado el teatro neoyorquino y había sembrado el pánico en la radio con La guerra de los mundos. La RKO Pictures, en un gesto que hoy parece casi imposible, le concedió algo cercano a la libertad absoluta: control creativo, montaje final y un presupuesto generoso para dar forma a una idea que no se parecía a nada.

De aquel impulso nació un guion escrito junto a Herman J. Mankiewicz, inspirado libremente en la figura del magnate William Randolph Hearst. Pero lo verdaderamente revolucionario no era el referente, sino la forma de contarlo: una estructura fragmentada, llena de voces contradictorias, donde la vida de Charles Foster Kane se reconstruye como un rompecabezas imposible de completar.

Ese relato, en apariencia biográfico, se despliega en múltiples capas. En la superficie, el ascenso y caída de un titán de los medios; más abajo, la lenta deformación moral de alguien que acaba devorado por su propio poder. Y en el fondo, un territorio mucho más oscuro y universal: el de la identidad quebrada, la memoria inasible y el vacío que deja una vida mal entendida.

Porque Kane no es solo un hombre, es una idea: la del idealismo corrompido. Aquel joven que quiso cambiar el mundo termina replicando exactamente aquello que detestaba. La verdad, en su historia, nunca aparece completa; siempre es parcial, siempre depende de quién la cuenta. Y en ese juego de perspectivas, la película sugiere algo incómodo: que conocer del todo a alguien es, sencillamente, imposible.

El eco de “Rosebud” atraviesa la narración como una herida abierta, símbolo de una infancia arrebatada, de una inocencia que no se puede recuperar. A su alrededor, todo son intentos fallidos de llenar el vacío: objetos acumulados, relaciones compradas, afectos deformados. Kane lo posee todo, excepto aquello que realmente importa.

Visualmente, la película sigue siendo un laboratorio. La fotografía de Gregg Toland, con sus profundidades de campo imposibles y su uso expresivo de la luz, no solo acompaña la historia: la define. Cada encuadre parece pensado para encerrar a los personajes en su propia jaula. Xanadú no es un hogar, es un mausoleo; los espejos multiplican una identidad fragmentada; los espacios, enormes y vacíos, reflejan una soledad imposible de ocultar.

El tiempo, sin embargo, no fue amable en su estreno. El público le dio la espalda y su impacto tardó años en asentarse. No fue hasta finales de los cincuenta cuando comenzó a reconocerse como lo que era: una obra adelantada a su tiempo.

Hoy, lejos de rankings o consensos críticos, lo que permanece es su capacidad para seguir desafiando. No se trata de imponerla como la mejor, sino de entender por qué sigue siendo imprescindible. Porque pocas películas han explorado con tanta lucidez la relación entre poder, identidad y soledad.

Y quizá por eso, cada vez que alguien intenta reducirla a un clásico intocable o a una reliquia sobrevalorada, Ciudadano Kane responde de la única manera que sabe: obligándonos a mirarla de nuevo… y a descubrir que todavía no la hemos terminado de comprender.



Comentarios

  1. Es una grandiosa pelicula, pero tampoco creo que sea la mejor de la historia.

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