EL OJO CRITICO. MIKE Y NICK Y NICK Y ALICE (2026)

 EL OJO CRITICO.



MIKE Y NICK Y NICK Y ALICE (2026)

REPARTO: VINCE VAUGHN, JAMES MARSDEN, EIZA GONZALEZ, KEITH DAVID, JIMMY TATRO, STEPHEN ROOT, LEWIS TAN, BEN SCHWARTZ, EMILY HAMPSHIRE, ARTURO CASTRO, DYLAN PLAYFAIR, DAVID TOMLINSON, PAUL CHENG

DIRECTOR: BENDAVID GRABINSKI MÚSICA: JOSEPH TRAPANESE PRODUCTORA: 20TH CENTURY STUDIOS DURACIÓN: 107 min.

En Mike y Nick y Nick y Alice, el cineasta BenDavid Grabinski plantea una premisa que, sobre el papel, resulta irresistible: dos gánsteres, una mujer en el centro del conflicto y una máquina del tiempo que desordena la lógica del relato. Sin embargo, lo que podría haber sido una comedia criminal con nervio y personalidad acaba derivando en un artefacto irregular, atrapado entre la ambición y la inercia del cine de consumo rápido.

La película se construye a partir de una estructura caótica donde el tiempo —ese elemento llamado a ser motor narrativo— se convierte más en un recurso caprichoso que en una verdadera herramienta dramática. El juego de duplicidades, con Vince Vaughn enfrentado a sí mismo en dos versiones de un mismo personaje, genera momentos puntuales de ingenio, pero nunca termina de sostener una progresión coherente. La historia avanza a trompicones, más pendiente de acumular giros que de darles sentido.

Hay, eso sí, una energía constante. Grabinski apuesta por un ritmo acelerado, diálogos afilados y una puesta en escena que intenta emular cierto desenfado tarantiniano, aunque sin alcanzar ni su precisión ni su ironía. La sensación es la de un cine que quiere parecer más brillante de lo que realmente es, apoyándose en referencias y guiños que no siempre encuentran su lugar.

El reparto hace lo que puede dentro de ese engranaje. James Marsden aporta una ligereza eficaz, mientras que Eiza González funciona como eje emocional, aunque el guion no le concede el espacio necesario para desarrollar plenamente su personaje. Vaughn, por su parte, juega con su propia imagen, pero su doble presencia termina siendo más un truco que una exploración real del personaje.

Donde la película sí acierta es en su tono despreocupado. Hay una voluntad clara de entretener, de no tomarse demasiado en serio, y en ciertos momentos lo consigue. Pero esa ligereza también se vuelve en su contra: la falta de riesgo emocional hace que todo resulte intercambiable, como si la película se disolviera en el mismo instante en que termina.

En última instancia, Mike y Nick y Nick y Alice es un ejemplo de ese cine contemporáneo diseñado para el consumo inmediato. Divertida a ratos, pero difícil de recordar. Un juego de espejos que, pese a sus posibilidades, nunca llega a reflejar nada verdaderamente nuevo.




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