EL MOTIVO POR EL QUE MEL GIBSON RECHAZO SER JAMES BOND.

 EL MOTIVO POR EL QUE MEL GIBSON RECHAZO SER JAMES BOND.

A punto de cumplir 70 años, Mel Gibson sigue siendo una figura incómoda y fascinante del cine contemporáneo. Actor de presencia magnética y director de pulsiones épicas, su carrera ha transitado entre el éxito arrollador, la controversia y una ambición creativa difícil de domesticar. Mientras prepara La Resurrección de Cristo, un proyecto monumental concebido en dos partes y previsto para 2027, Gibson vuelve a situarse en el centro del debate cinematográfico. Esta vez lo hará sin Jim Caviezel, cuya edad hace inviable repetir el milagro físico de La Pasión de Cristo más de dos décadas después.

Antes de convertirse en cineasta de grandes gestas morales y violentas, Gibson fue el rostro que encarnó el desierto, el caos y la furia de Mad Max, el filme con el que George Miller cambió su destino para siempre. A partir de ahí, el actor australiano construyó una filmografía sorprendentemente diversa, moviéndose con naturalidad entre el drama histórico (Gallipoli), el cine político (El año que vivimos peligrosamente) o la aventura clásica (Motín a bordo). Y cuando parecía asentado, los años 80 lo transformaron en icono popular gracias a Arma letal, una saga que lo convirtió en estrella mundial sin borrar del todo su inquietud artística.

En ese ascenso imparable hubo decisiones clave que marcaron lo que Gibson no quiso ser. A principios de los 80, con apenas 26 años, recibió una llamada tentadora: Albert R. Broccoli lo quería como James Bond. Roger Moore estaba agotando sus últimos cartuchos y el relevo parecía natural. Sin embargo, Gibson dijo no. Temía quedar atrapado bajo el peso del personaje, recordando el largo encasillamiento de Sean Connery. No sería la única vez que Bond rondara su carrera: también fue considerado para Alta tensión y más tarde para GoldenEye, pero nunca llegó a enfundarse el esmoquin.

Ni su estatura ni su acento ayudaban demasiado, aunque el precedente de George Lazenby demostraba que ser australiano no era un obstáculo definitivo. Aun así, Gibson siempre pareció más interesado en forjar su propio camino que en habitar mitologías ajenas. De hecho, cuando volvió a rozar el universo Bond, estaba entregado en cuerpo y alma a Braveheart, la película con la que conquistó cinco Oscar y se consagró como director.

Paradójicamente, su mayor arrepentimiento profesional no tiene que ver con 007, sino con haber rechazado Gladiator. Se sintió demasiado mayor para el papel que acabaría definiendo la carrera de Russell Crowe. Una decisión más en la trayectoria de un cineasta que siempre ha preferido equivocarse siguiendo su instinto antes que acomodarse en la elección segura.

A los 70, Mel Gibson sigue siendo eso: un creador feroz, imprevisible y profundamente cinematográfico.



Comentarios

  1. Hablando de encasillamientos, el siempre estará encasillado como Martin Riggs.

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