EL PORQUE NO QUERÍA HARRISON FORD A SEAN CONNERY EN "INDIANA JONES Y LA ULTIMA CRUZADA".
Aunque con el paso del tiempo En busca del arca perdida siga ostentando para muchos el trono indiscutible de la saga, Indiana Jones y la última cruzada se ha ganado un lugar privilegiado en la memoria colectiva. No tanto por superar a su antecesora, sino por haber encontrado un equilibrio casi perfecto entre aventura, humor y complicidad actoral. En el centro de ese logro está la relación entre Indiana Jones y su padre, una dinámica que trascendió la pantalla gracias al encuentro entre Harrison Ford y Sean Connery.Paradójicamente, ese emparejamiento estuvo a punto de no existir. Ford veía con recelo que Connery interpretara a su padre: apenas doce años separaban a ambos actores, una diferencia que le parecía insuficiente para sostener la credibilidad del vínculo. Sin embargo, el cine lleva décadas jugando con ese tipo de licencias y La última cruzada no fue la excepción. La caracterización —la barba blanca de Connery, su presencia más pausada frente al ímpetu físico de Ford— ayudó a construir una distancia generacional que funcionó sin fricciones ante el espectador.
Lo que en la ficción se traducía en reproches, ironías y choques constantes, en el rodaje derivó en todo lo contrario. Ford y Connery conectaron desde el primer momento, compartiendo bromas, partidos de tenis y una camaradería que Steven Spielberg supo explotar con inteligencia. Esa química es, sin duda, uno de los grandes valores de la tercera entrega, concebida además como un regreso al espíritu más ligero y aventurero de En busca del arca perdida, tras el tono más sombrío de El templo maldito, una película que, pese a su éxito, dejó al director con sensaciones encontradas.
Connery fue desde el inicio la opción soñada por Spielberg para encarnar al padre de Indy. Si el escocés hubiera rechazado el papel, el cineasta barajaba nombres tan ilustres como Gregory Peck o Christopher Plummer. No era una elección casual: Spielberg llevaba años anhelando dirigir una película de James Bond y nunca lo consiguió. Pero, de algún modo, La última cruzada le permitió cumplir ese deseo a medias: no dirigió al espía, pero sí al hombre que lo convirtió en leyenda. Y el resultado, visto hoy, sigue siendo puro cine de aventuras en estado clásico.

Para mi la mejor entrega de la saga y en donde Sean Connery es el robaescenas oficial de la pelicula, a lo que Harrison Ford no puede hacer nada.
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