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VILLANOS DE CINE.
GLENN STRANGE
Glenn Strange (16 de agosto de 1899 – 20 de septiembre de 1973)
Dentro de la enorme historia del cine clásico norteamericano existen intérpretes cuya fama no siempre estuvo ligada al protagonismo, sino a la fuerza de una presencia imposible de olvidar. Glenn Strange pertenece precisamente a esa categoría. Su rostro —o, en ocasiones, la ausencia de él bajo capas de maquillaje— quedó grabado en la memoria colectiva gracias al western televisivo y al universo de los monstruos clásicos de Universal. Pocos actores lograron moverse con tanta naturalidad entre el polvo de las llanuras y la oscuridad gótica de los laboratorios cinematográficos.
George Glenn Strange nació el 16 de agosto de 1899 en Weed, territorio de Nuevo México, en una época en la que el Oeste todavía conservaba parte de su espíritu fronterizo. Procedía de una familia vinculada a la vida rural y creció entre ranchos, caballos y largas jornadas de trabajo físico. Aquella formación marcaría toda su imagen posterior. Alto, robusto y de facciones duras, parecía haber nacido para encarnar pistoleros, sheriffs o forajidos. Además, desde muy joven desarrolló interés por la música country y cowboy, aprendiendo a tocar instrumentos de oído y participando en bailes locales siendo apenas un adolescente.
Antes de llegar a Hollywood trabajó como ranchero y participó en rodeos, experiencias que le otorgaron una autenticidad muy valorada en el cine del Oeste. A finales de los años veinte empezó a actuar en radio junto al grupo musical Arizona Wranglers, y fue precisamente esa aventura artística la que acabó llevándolo a California en busca de oportunidades. Sus primeros pasos en el cine llegaron a comienzos de los años treinta, en plena expansión del western de serie B, un terreno donde Strange acabaría convirtiéndose en uno de los rostros más reconocibles.
Durante décadas apareció en centenares de películas, muchas veces sin figurar entre los protagonistas principales, pero aportando siempre una poderosa presencia física. Su imponente altura —más de metro noventa— y su habilidad real con caballos y diligencias lo hicieron especialmente útil para producciones de acción y westerns rápidos de estudio. Participó en una cantidad enorme de películas protagonizadas por figuras del género y terminó convirtiéndose en uno de esos secundarios imprescindibles que daban credibilidad al paisaje del Oeste clásico.
Sin embargo, el destino cinematográfico de Glenn Strange cambió para siempre gracias al horror. En los años cuarenta, Universal Pictures seguía explotando el éxito de sus monstruos clásicos iniciados por Boris Karloff, Bela Lugosi y Lon Chaney Jr.. El legendario maquillador Jack Pierce vio en el rostro anguloso y gigantesco de Strange el candidato ideal para continuar la estirpe del monstruo de Frankenstein. Así llegó a interpretar a la criatura en House of Frankenstein, House of Dracula y especialmente en Abbott and Costello Meet Frankenstein, considerada una de las grandes joyas del horror clásico con elementos de comedia.
Aunque Karloff sigue siendo la encarnación más icónica del monstruo, muchos aficionados al cine fantástico consideran que Glenn Strange fue el heredero más sólido del personaje gracias a su físico intimidante y a la manera en que transformó a la criatura en una presencia casi sobrenatural. Décadas después, numerosos productos comerciales, máscaras y juguetes inspirados en Frankenstein utilizarían en realidad el aspecto de Strange y no el de Karloff, algo que demuestra hasta qué punto su imagen quedó asociada al monstruo en la cultura popular.
Pero el gran público televisivo terminaría recordándolo sobre todo por otro personaje completamente distinto. En 1961 comenzó a interpretar a Sam Noonan, el camarero del Long Branch Saloon en la mítica serie Gunsmoke. Durante más de una década se convirtió en uno de los rostros familiares del western televisivo americano, apareciendo en más de doscientos episodios junto a James Arness. Su personaje transmitía cercanía, calma y una humanidad muy alejada del monstruo silencioso que había interpretado años antes.
Fuera de las cámaras, Strange también mantuvo una fuerte conexión con la música country y con la cultura cowboy tradicional. Era apreciado dentro de la industria por su profesionalidad y por una personalidad tranquila y afable que contrastaba con muchos de los personajes amenazantes que interpretaba en pantalla.
En 1972 le diagnosticaron cáncer de pulmón, aunque continuó trabajando mientras su salud se lo permitió. Falleció el 20 de septiembre de 1973 en Los Ángeles, a los 74 años. Su muerte puso fin a una carrera gigantesca que abarcó más de cuatro décadas y cientos de producciones entre cine y televisión. Fue enterrado en el Forest Lawn Memorial Park de Hollywood Hills.
La historia de Glenn Strange posee algo profundamente representativo del Hollywood clásico: un actor que rara vez ocupó el centro absoluto del cartel, pero cuya silueta terminó siendo inseparable de dos géneros fundamentales del cine estadounidense. Fue cowboy auténtico, rostro habitual del western, secundario imprescindible y, al mismo tiempo, una de las encarnaciones definitivas del monstruo de Frankenstein. Una figura silenciosa, inmensa y extrañamente eterna.
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Ha pasado a la historia por ser uno de los sucesores de Boris Karloff en el papel de la criatura de Frankenstein. La carga de los indios sioux, Orgullo de comanche, La ruta de Denver, Llega un pistolero, El rock de la cárcel, El valle de la venganza, Los usurpadores, Fort Bravo, Hombres errantes, Simbad el marino, Mar de hierba, La reina de Montana y Mando siniestro son algunos de los titulos en los que intervino a lo largo de su carrera.
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