EL BABY BOOM DOMINA LA TAQUILLA DE ESTE FIN DE SEMANA.
Hay ocasiones en las que Hollywood cree tener identificados los grandes fenómenos del año y, de repente, una producción aparentemente menor aparece para poner patas arriba todas las previsiones. Eso es exactamente lo que está ocurriendo este verano con dos títulos que, partiendo de presupuestos relativamente modestos, se han convertido en los protagonistas absolutos de la taquilla norteamericana.
Por un lado está Backrooms, la apuesta de A24 basada en el universo viral surgido de Internet y alimentado durante años por vídeos, teorías y comunidades digitales. Lo que comenzó como un fenómeno de nicho ha terminado convirtiéndose en una auténtica mina de oro para el estudio. En apenas un fin de semana, la película ha superado los 80 millones de dólares en los cines estadounidenses, una cifra extraordinaria para una producción cuyo coste apenas alcanzó los diez millones.
El resultado es tan contundente que el largometraje ya ocupa un lugar privilegiado dentro de la historia reciente de A24. De hecho, todo apunta a que en cuestión de días podría convertirse en la película más taquillera jamás distribuida por la compañía, superando registros que hasta hace poco parecían inalcanzables para una productora asociada principalmente al cine independiente y de autor.
Pero si el éxito de Backrooms resulta llamativo, el comportamiento comercial de Obsession está desafiando directamente las normas habituales del mercado. Lo normal es que una película experimente descensos progresivos tras su estreno. Sin embargo, este thriller ha hecho exactamente lo contrario. Su recaudación no solo no ha caído, sino que ha crecido fin de semana tras fin de semana.
Tras beneficiarse inicialmente del impulso del Memorial Day, muchos analistas pensaban que el fenómeno comenzaría a enfriarse. No ocurrió así. Incluso enfrentándose a una competencia más fuerte, la producción continuó aumentando sus ingresos. Un comportamiento extremadamente raro en la industria actual y que ha terminado por convertirla en uno de los mayores éxitos sorpresa del año.
Los números hablan por sí solos. En poco más de dos semanas ya había sobrepasado los cien millones de dólares en Estados Unidos, a los que se sumaban más de cuarenta millones procedentes del mercado internacional. Un rendimiento espectacular para una película cuyo presupuesto ronda los quince millones.
La repercusión ha sido tan grande que incluso ha obligado a replantear estrategias de distribución fuera de Norteamérica. En mercados como el español, donde inicialmente estaba prevista una llegada más temprana a las salas, los planes cambiaron sobre la marcha ante la inesperada dimensión que estaba adquiriendo el fenómeno.
Mientras tanto, no todas las producciones han tenido la misma fortuna. Focus Features también estrenó recientemente Tiempo de victoria, una ambiciosa propuesta cuyo recorrido comercial está siendo mucho más discreto. Aunque sus cifras iniciales no pueden calificarse de desastre, el elevado coste de producción dificulta enormemente que pueda competir en rentabilidad con los dos fenómenos del momento.
Algo parecido ocurre con Black Bear Pictures, que después de varios resultados decepcionantes necesitaba urgentemente una alegría. Esa pequeña victoria podría haber llegado con Un talento único, una producción que, sin aspirar a romper récords, parece estar encontrando a su público y ofreciendo un rendimiento mucho más alentador que los proyectos anteriores del estudio.
Lo más interesante de todo es que estos éxitos vuelven a demostrar una tendencia cada vez más evidente en el cine contemporáneo: las ideas nacidas en Internet, especialmente aquellas vinculadas al terror y a las nuevas formas de narrativa digital, están dejando de ser una curiosidad para convertirse en una fuerza comercial de primer nivel. Lo que hace unos años parecía material exclusivo para foros, vídeos virales o canales de YouTube es ahora capaz de competir de tú a tú con producciones mucho más costosas.
Y si algo ha quedado claro durante las últimas semanas es que el público sigue dispuesto a dejarse sorprender. A veces, los mayores fenómenos no llegan desde las franquicias multimillonarias, sino desde rincones inesperados de la cultura popular digital.



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