CINCUENTA AÑOS DE TODOS LOS HOMBRES DEL PRESIDENTE, EL THRILLER QUE CAMBIÓ EL CINE Y EL PERIODISMO
Hay películas que envejecen como documentos de una época y otras que, con el paso del tiempo, se convierten en referentes absolutos de un género. Todos los hombres del presidente pertenece a esta segunda categoría. Medio siglo después de su estreno, la obra dirigida por Alan J. Pakula continúa siendo considerada una de las cumbres del cine político y una de las representaciones más influyentes del periodismo de investigación que ha dado Hollywood.
Su historia parte de un hecho que cambió la política estadounidense para siempre. En junio de 1972, un grupo de hombres fue detenido tras irrumpir en la sede del Comité Nacional Demócrata, situada en el complejo Watergate de Washington. Lo que en un principio parecía un simple robo terminó revelándose como una extensa trama de espionaje político y maniobras de encubrimiento que acabaría provocando la dimisión del presidente Richard Nixon, un acontecimiento sin precedentes en la historia de Estados Unidos.
La película adapta el libro escrito por los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, quienes siguieron el caso desde las páginas de The Washington Post. Su investigación, basada en meses de entrevistas, comprobaciones y análisis de documentos, fue desmontando poco a poco una red de corrupción que alcanzaba las más altas esferas del poder.
Lo más sorprendente de la cinta es que consigue mantener una tensión constante sin recurrir a los ingredientes habituales del cine de suspense. No hay persecuciones espectaculares ni grandes explosiones. El interés nace del trabajo cotidiano de los reporteros: llamadas telefónicas interminables, visitas a fuentes que dudan antes de hablar, horas revisando archivos y reuniones en una bulliciosa redacción. Pakula convirtió la búsqueda de la verdad en el auténtico motor dramático de la película y demostró que el rigor periodístico podía resultar tan apasionante como cualquier thriller de espionaje.
El proyecto nunca habría llegado a la gran pantalla de la misma forma sin la implicación de Robert Redford. Fascinado por el trabajo de Woodward y Bernstein, el actor adquirió los derechos de su libro antes incluso de que este fuera publicado. Su intención era preservar la fidelidad de los hechos y evitar que la historia acabara transformada en un espectáculo alejado de la realidad. Más tarde asumiría además el papel de Bob Woodward, mientras que Dustin Hoffman encarnaría a Carl Bernstein, formando una de las parejas interpretativas más recordadas del cine de los años setenta.
La obsesión por el realismo marcó toda la producción. Como The Washington Post no autorizó el rodaje en sus instalaciones para no alterar la actividad del periódico, el equipo recreó íntegramente la redacción dentro de los estudios de Warner Bros. La reconstrucción fue extraordinariamente precisa: desde la disposición de los escritorios hasta los archivadores, las máquinas de escribir o el tono exacto de las paredes, todo fue reproducido tras un minucioso trabajo de documentación.
Redford y Hoffman también se prepararon con un nivel de detalle poco habitual. Ambos convivieron durante semanas con los auténticos periodistas para observar su manera de investigar, hablar con las fuentes, tomar apuntes y desenvolverse en la redacción. El propósito era que el público olvidara que estaba viendo a dos de las mayores estrellas de Hollywood y creyera estar acompañando a dos reporteros inmersos en una investigación real.
La película contribuyó además a convertir en leyenda a uno de los personajes más misteriosos del caso Watergate: "Garganta Profunda", el informador que mantenía encuentros clandestinos con Woodward en un aparcamiento subterráneo y que proporcionó pistas decisivas para avanzar en la investigación. Su identidad permaneció oculta durante casi tres décadas, hasta que en 2005 Mark Felt, quien había sido subdirector del FBI, reveló públicamente que él era el hombre que había permanecido durante tantos años en el anonimato.
Cinco décadas después de su estreno, Todos los hombres del presidente sigue siendo mucho más que una reconstrucción histórica. Es un homenaje al periodismo entendido como servicio público, una lección sobre la importancia de contrastar la información y una demostración de que la perseverancia y la búsqueda de la verdad pueden convertirse en el mejor argumento para una gran película.

Muy buena pelicula, donde los dos protagonistas hacen que vivas la historia del Watergate, una investigación periodística que obligo a dimitir al presidente Richard Nixon. Que lastima que hoy día, alguno no siga el ejemplo.
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