WARNER BROS PIERDE 2.800 MILLONES DE DOLARES TRAS SU FUSION CON PARAMOUNT.
La gran sacudida empresarial de Hollywood ya está dejando heridas visibles en las cuentas de Warner Bros. Discovery.
El conglomerado audiovisual cerró su primer trimestre fiscal con unas pérdidas cercanas a los 2.900 millones de dólares, una cifra gigantesca marcada por los costes derivados de su compleja venta a Paramount y por el fallido pulso corporativo que durante meses mantuvo con Netflix.
La operación, valorada en 111.000 millones de dólares y aprobada por los accionistas de WBD a finales de abril, supone uno de los mayores movimientos empresariales recientes dentro de la industria del entretenimiento. Pero el precio de esa transformación empieza a notarse. Según los resultados financieros publicados por la compañía, cerca de 1.300 millones de dólares corresponden a costes de reestructuración y amortizaciones vinculados directamente a la futura integración con Paramount.
A eso se suma otro golpe todavía más llamativo: una penalización de 2.800 millones derivada de la ruptura de las negociaciones con Netflix, que durante meses intentó hacerse con el control del gigante mediático antes de retirarse de la puja en febrero. Aunque fue Paramount quien asumió inicialmente el pago de esa compensación, la deuda permanece reflejada provisionalmente en las cuentas de Warner Bros. Discovery hasta que la adquisición quede completamente cerrada.
El impacto financiero ha sido demoledor. Las pérdidas trimestricas multiplican casi por siete las registradas durante el mismo periodo del año anterior, aunque la compañía consiguió mantener relativamente estables sus ingresos, situados alrededor de los 8.900 millones de dólares. La televisión tradicional sigue siendo el principal sostén económico del grupo gracias a cadenas como CNN o Discovery Channel, que generaron más de 4.300 millones de dólares y crecieron un 8 % respecto al ejercicio anterior.
El área cinematográfica también experimentó una subida notable, con un incremento del 35 % en la facturación de sus estudios, mientras que las plataformas de streaming —entre ellas Max— aumentaron sus ingresos un 9 %, confirmando que el negocio digital sigue siendo una pieza estratégica dentro de la nueva arquitectura empresarial que se está construyendo.
Mientras tanto, Paramount insiste en transmitir tranquilidad a los mercados. La compañía aseguró esta semana que la integración avanza “a gran velocidad” y mantiene la previsión de cerrar definitivamente la compra durante el tercer trimestre del año, siempre pendiente de la aprobación de los organismos reguladores. No será un camino sencillo. Miles de profesionales y creadores de Hollywood han mostrado públicamente su rechazo a la operación, temiendo una concentración excesiva de poder y nuevas oleadas de recortes en la industria.
La propia Paramount llega además reforzada tras su fusión con Skydance Media en 2025 y bajo la dirección de David Ellison. En su último trimestre fiscal, la compañía registró beneficios de 168 millones de dólares y confirmó sus previsiones de alcanzar unos ingresos anuales de 30.000 millones.
En el fondo, esta operación simboliza algo más profundo que un simple intercambio corporativo. Hollywood atraviesa una era de reconfiguración acelerada donde las viejas estructuras mediáticas intentan sobrevivir a la guerra del streaming, la fragmentación de las audiencias y el enorme coste de competir en un mercado dominado por gigantes tecnológicos. Y en esa batalla, incluso los imperios más legendarios empiezan a mostrar grietas.

Pues mal empieza la fusión.
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